“No me gusta dar consejos, me gusta contar y que cada uno encuentre su camino”. Con esa definición, Juana “Tany” Espíndola respondió una de las preguntas más difíciles de la entrevista que brindó a Arriba la radio, por Radio Up: ¿qué puede decirles a los padres que perdieron un hijo y buscan una manera de canalizar ese dolor?
Su respuesta estuvo lejos de presentar fórmulas o establecer tiempos. Partió de su propia experiencia después de la muerte de su hija Marina Muntaner, quien falleció de cáncer en septiembre de 2011, a los 34 años.
Quince años después, Tany habló sobre el recorrido que realizó desde aquel momento y explicó por qué encontró en las acciones hacia otras personas una manera de darle un sentido diferente a su propio dolor. “Perder un hijo es lo peor que te puede pasar en la vida. Es el dolor más grande, no se lo deseo a nadie”, expresó.

Tany Espíndola: “Cada uno tiene que encontrar su camino”
La periodista Evelyn Jiménez le propuso durante la entrevista hablar directamente a aquellos padres que atraviesan una situación semejante. Espíndola puso inmediatamente un límite: no pretendía aconsejar. “No me gusta dar consejos, me gusta contar, ¿no es cierto? Y que cada uno encuentre su camino, porque de eso se trata”, sostuvo.
La diferencia resulta central en su reflexión. No existe, desde su experiencia, una única manera de atravesar una pérdida semejante ni una respuesta que pueda trasladarse automáticamente de una familia a otra. “Cómo vos encarás eso es algo absolutamente personal”, remarcó.
En su caso, reconoció que después de la muerte de Marina atravesó un período de desorientación. “Estaba desorientada, no sabía qué hacer con ese dolor y sentía que tenía que hacer algo”, recordó. Fue entonces cuando comenzó a involucrarse en distintas actividades solidarias, buscando un lugar donde depositar parte de esa energía.

De la pérdida de Marina a la solidaridad
El camino no fue inmediato ni lineal. Tany contó que realizó diferentes actividades hasta encontrar aquellas en las que finalmente pudo concentrar sus esfuerzos. Entre ellas apareció el vínculo con la Fundación Virginia Fideli Vida Felices, creada en Rosario por una madre que también había perdido a su hija.
Marina había fallecido en septiembre de 2011. Virginia —Jenny— había muerto en junio de ese mismo año.
El encuentro de esas dos historias derivó posteriormente en una tarea solidaria que Tany sostiene desde hace más de una década en Posadas, con la recolección de libros para pintar y lápices de colores destinados a los chicos que atraviesan tratamientos en Oncología Pediátrica del Hospital Barreyro. Pero, detrás de la campaña, existe una reflexión más profunda sobre el duelo y sobre qué hacer con un dolor que no desaparece simplemente por el transcurso del tiempo.
Viktor Frankl y una idea que le permitió encontrar una respuesta
En ese proceso, Espíndola encontró una referencia que considera determinante en El hombre en busca de sentido, la reconocida obra del psiquiatra Viktor Frankl.
Tany explicó que la lectura le permitió encontrar una idea que se transformó en motor de sus acciones posteriores. Según sintetizó durante la entrevista, comprendió que el dolor por sí mismo no adquiere necesariamente un valor por el solo hecho de sufrirlo, sino que puede encontrar otro significado cuando se lo convierte en una acción positiva dirigida hacia otras personas.
“Mi dolor va a adquirir valor cuando yo lo transforme en una actitud positiva hacia los demás”, expresó al explicar el concepto que tomó de aquella lectura. Y agregó: “Eso creo que es lo que he tratado de hacer”.

No hay tiempos establecidos para atravesar el duelo
Uno de los puntos más significativos de su testimonio estuvo relacionado con los tiempos. Espíndola rechazó la posibilidad de fijar plazos para atravesar una pérdida de semejante magnitud.
Cada padre, sostuvo, puede encontrar una respuesta diferente y hacerlo en momentos también distintos. “Otros tendrán otro camino, otros todavía lo van a buscar durante años”, señaló. La misma lógica, afirmó, se aplica al duelo. “No hay una fecha tope, no hay un límite”, sostuvo.
Incluso planteó que una persona puede continuar atravesando etapas del proceso sin identificar con claridad en qué momento se encuentra. “Vos ni siquiera sabés que lo estás pasando y a lo mejor todavía estás en esa etapa”, reflexionó.
Su mensaje, por lo tanto, no apunta a exigir que alguien transforme rápidamente el sufrimiento ni a presentar la solidaridad como una obligación después de una pérdida. Es, simplemente, el camino que ella encontró.
“Yo sentí la necesidad de hacer algo en nombre de Marina”
La acción solidaria apareció para Tany como una manera de mantener presente a su hija desde otro lugar. “Yo sentí la necesidad de hacer algo en nombre de Marina”, explicó. Esa búsqueda terminó materializándose en iniciativas que tienen como destinatarios a otros chicos y a otras familias que atraviesan internaciones y tratamientos complejos.
Una de ellas es la campaña anual para abastecer el bibliomóvil del sector de Oncología Pediátrica del Hospital Pediátrico de Posadas. Allí, libros para pintar y lápices de colores llegan hasta niños internados, pacientes ambulatorios y chicos que esperan ser atendidos. Y es precisamente en esos momentos donde Tany asegura encontrar una respuesta a la pregunta de si vale la pena continuar.
“A pesar de estar acostados en la cama, toman un lapicito de color y colorean, y realmente vos los ves felices con ese librito que se les entrega”, relató. También observa lo que ocurre con sus padres. “Ver a los papás también con una sonrisa al ver a sus hijos entretenidos es realmente... uno ahí se da cuenta de que vale la pena”, sostuvo.
Del dolor individual hacia una acción por los demás
El testimonio de Espíndola no intenta presentar una respuesta universal frente a la muerte de un hijo. Por el contrario, insiste en reconocer que se trata de un proceso estrictamente personal. Su experiencia fue encontrar una acción concreta que pudiera hacer en nombre de Marina.
Otros padres, reconoció, encontrarán caminos diferentes. Algunos podrán hacerlo antes y otros necesitarán años.
Pero hay una idea que Tany decidió compartir con quienes hoy atraviesan una pérdida semejante: la posibilidad de buscar, cuando cada persona pueda hacerlo, una manera de proyectar ese dolor hacia una acción que tenga un efecto positivo en alguien más. “Transformar ese dolor en algo positivo hacia los demás creo que es un gran homenaje hacia el hijo o la hija que perdiste”, resumió.
Quince años después de la muerte de Marina, aquella frase explica buena parte del camino recorrido por Tany Espíndola: no eliminar el dolor, ni establecer cuánto debe durar, sino encontrar una manera personal de convertirlo en una acción capaz de llegar a otros.



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