La incorporación de insumos biológicos aparece como una de las alternativas para avanzar hacia sistemas productivos con una utilización más eficiente y, cuando resulte posible, menor dependencia de productos químicos. Misiones trabaja desde hace años en ese camino mediante investigaciones, ensayos, registros y producción desde Biofábrica.
Luciana Imbrogno, gerente general de Biofábrica y subsecretaria de Producción Vegetal del Ministerio del Agro de Misiones, explicó en el programa “Realidad Mixta”, por Radio Up, qué son estos productos, cuáles están disponibles actualmente y hasta dónde puede llegar su utilización. “Son insumos agropecuarios, pero que tienen un origen biológico, que tienen organismos vivos o que tienen un producto de un organismo vivo”, sintetizó.
La funcionaria remarcó que la incorporación de estas herramientas viene creciendo internacionalmente y mencionó particularmente la experiencia brasileña. “Hay países donde ya pisa muy fuerte la incorporación. Por ejemplo, Brasil lleva la punta de incorporación de estos insumos biológicos en el sector agropecuario”, señaló.
Sin embargo, Imbrogno planteó que la transición no debe ser entendida necesariamente como una sustitución inmediata y absoluta de todos los productos químicos. El camino, explicó, puede pasar por “hacer una integración gradual de los dos tipos de insumos, tanto el químico como el biológico, y reemplazar por lo menos en algún porcentaje cuando se pueda y cuando no comprometa el éxito del cultivo”.

Trichoderma: el hongo nativo que Biofábrica convirtió en bioinsumo
Uno de los principales desarrollos de Biofábrica es un producto basado en Trichoderma, un hongo presente naturalmente en los suelos de Misiones que puede cumplir una doble función: actuar como biofertilizante y, al mismo tiempo, como biofungicida.
Imbrogno explicó que el producto ya se encuentra registrado y puede ser utilizado por los productores. “Tenemos hace varios años ya registrado un biofertilizante que también tiene efecto biofungicida”, indicó.
El principio de funcionamiento está vinculado a la incorporación de una mayor concentración del microorganismo beneficioso al suelo. “Este hongo está en el suelo de Misiones, pero al incorporarlo está en mucha mayor cantidad, empieza a generar que los nutrientes se disponibilicen, que la planta los pueda tomar mucho mejor, que los pueda absorber”, explicó.
Ese proceso produce un efecto promotor del crecimiento. “Entonces, la planta crece más porque en el suelo tiene el Trichoderma”, resumió Imbrogno. Pero su potencial no termina allí.

Un doble efecto: promover el crecimiento y enfrentar hongos que enferman los cultivos
El mismo microorganismo posee características antagónicas frente a determinados hongos patógenos responsables de enfermedades. “El Trichoderma, este hongo, es antagónico, tiene efecto fungicida con hongos patógenos, con los hongos que nos traen enfermedades en los cultivos”, detalló.
De esta manera, el producto desarrollado por Biofábrica presenta dos funciones complementarias. “Si nosotros agregamos Trichoderma en el suelo, que es biofertilizante y biofungicida, promueve el crecimiento y encima nos protege de los hongos patógenos o enfermedades”, destacó.
Para Imbrogno, esa combinación explica la importancia de extender su utilización entre los productores. “Por eso es tan importante promover el uso de este bioinsumo, porque tiene efectos muy positivos”, sostuvo.
Yerba mate, invernaderos, frutilla, ananá y jengibre
La utilización del producto alcanza diferentes sistemas productivos. Puede incorporarse mediante fertirriego en invernaderos o aplicarse directamente en plantaciones. “Se puede aplicar hasta por fertirriego en los invernaderos, se puede aplicar en las plantaciones de yerba, planta por planta”, ejemplificó.
Existe, sin embargo, una condición fundamental: al tratarse de un organismo vivo beneficioso, el manejo posterior debe contemplar su supervivencia. “Lo que tenemos que lograr es que este Trichoderma quede incorporado en el suelo. Por supuesto, después no le podés tirar un fungicida arriba porque es como que lo matás; al hongo bueno lo terminás matando”, advirtió.
Biofábrica continúa además ampliando los ensayos sobre diferentes cultivos y enfermedades. “Estamos haciendo ensayos para control de fusariosis en ananá, para control de la fusariosis en jengibre, que son problemas críticos”, detalló Imbrogno.
También mencionó aplicaciones y experiencias en horticultura y frutilla, además de las actividades de difusión realizadas con productores.

Bioinsecticidas: una alternativa frente a productos químicos más tóxicos
Otra línea de trabajo está concentrada en los bioinsecticidas, destinados al control de insectos que pueden perjudicar los cultivos y reducir la cosecha.
En este campo, Imbrogno consideró especialmente relevante avanzar en alternativas biológicas debido a las características de algunos insecticidas convencionales. “Acá es más importante el reemplazo del químico por el bioinsumo, porque los insecticidas químicos suelen ser más tóxicos, suelen ser más potentes o más peligrosos si se usan mal o más peligrosos en la manipulación”, afirmó.
Biofábrica trabaja con hongos capaces de actuar sobre los insectos perjudiciales. “Cuando el hongo cae sobre el insecto que nos está atacando el cultivo, el hongo como que lo parasita y lo mata”, explicó.
Se trata, señaló, de “una manera muy amigable con el ambiente de controlar los insectos que nos están perjudicando el cultivo”.
El objetivo productivo continúa siendo determinante: evitar pérdidas que comprometan la rentabilidad del productor. “Si uno hace toda una inversión y tiene todo un cultivo y antes de cosechar se le enferma, se le infecta y no puede cosechar nada, es un problema”, planteó.
Biofábrica busca registrar nuevos bioinsecticidas
Entre los microorganismos estudiados para este tipo de control, Imbrogno mencionó a Beauveria y Metarhizium. Biofábrica se encuentra avanzando en los procedimientos necesarios para lograr los registros correspondientes ante el Senasa y así extender su utilización. “Estamos ya en proceso de registro en el Senasa también para poder masificar la distribución y la entrega como lo hicimos con el otro producto que ya registramos”, anticipó.
La funcionaria aclaró que los bioinsumos no constituyen una solución universal para cualquier plaga o cultivo. “No siempre va a controlar todos los insectos de todos los cultivos, pero son alternativas locales, de producción local, adaptadas al clima nuestro”, puntualizó.
Precisamente, la adaptación a las condiciones ambientales de Misiones representa uno de los componentes relevantes de las investigaciones que desarrolla la institución.
Bioherbicidas: el desafío que todavía no tiene una solución registrada en Argentina
El tercer gran grupo mencionado durante la entrevista fue el de los bioherbicidas, aunque en este caso el escenario es diferente. “Eso es mucho más complejo, porque ahí serían organismos o productos de organismos que maten a la maleza o que controlen la maleza”, explicó Imbrogno.
Y marcó una diferencia central respecto de los biofertilizantes, biofungicidas y bioinsecticidas: actualmente no existe en la Argentina un producto biológico registrado que pueda comprarse para reemplazar a un herbicida convencional. “Hoy en Argentina no hay registrado ningún bioherbicida”, afirmó.
La búsqueda, no obstante, tiene escala internacional. “Sabemos que las grandes corporaciones lo están buscando todo el tiempo porque es algo muy deseado también. En vez de estar aplicando herbicidas químicos al suelo, aplicar un bioherbicida es algo sumamente deseado y buscado”, señaló.
Por eso, remarcó que hoy “uno no podría ir y comprar un bioherbicida”, mientras que sí existen productos registrados y disponibles en otras categorías. “Sí puede comprar biofungicidas, biofertilizantes y bioinsecticidas. Ya están disponibles”, diferenció.

Cómo controlar malezas sin herbicidas químicos
La inexistencia de un bioherbicida comercial no significa, aclaró Imbrogno, que todos los sistemas productivos necesariamente deban recurrir a herbicidas químicos. Existen estrategias agronómicas capaces de reducir o incluso evitar su utilización. “Hay productores que sí logran controlar malezas sin aplicar herbicidas, eso es posible, eso se puede hacer”, sostuvo.
Mencionó experiencias de productores orgánicos y agroecológicos, pero también establecimientos que, sin pertenecer necesariamente a esas categorías, implementan sistemas diferentes de manejo.
Entre las posibilidades enumeró cubiertas verdes, control mecánico y rotaciones. “No significa que hagan reemplazo biológico de insumo. Lo podés reemplazar con otros manejos agronómicos del cultivo”, aclaró.
En una plantación de yerba mate, por ejemplo, es posible incorporar cubiertas verdes o manejar la vegetación natural existente entre las plantas y complementarla con control mecánico. “Vas controlando la maleza y no aplicás herbicida”, ejemplificó.
Los productos que Biofábrica tiene registrados y los que están en trámite
Consultada específicamente sobre el estado de los desarrollos realizados en Misiones, Imbrogno explicó que Biofábrica cuenta con un producto registrado como biofertilizante y biofungicida basado en Trichoderma. “Nosotros tenemos registrado como biofertilizante y biofungicida un producto, que es el Trichoderma que les comentaba recién”, precisó.
Paralelamente, se encuentra en trámite el registro de un bioinsecticida basado en Beauveria.
La institución también trabaja sobre cambios en las formulaciones para facilitar la utilización por parte de los productores. “Estamos haciendo una formulación del biofungicida que es más amigable también para el productor”, explicó. El objetivo es resolver cuestiones prácticas vinculadas, entre otros aspectos, con el filtrado y la aplicación. “Queremos que sea más cómodo para que el productor lo use”, señaló.
Senasa exige demostrar el comportamiento en los diferentes cultivos
El proceso para poner estos productos a disposición de los productores requiere diferentes instancias regulatorias y ensayos que acrediten su funcionamiento. “El Senasa lo que nos pide —a todo el mundo le pide esto— es que uno vaya demostrando en todos los cultivos cuál es el efecto de estos insumos”, explicó Imbrogno.
A esos procedimientos se agregan autorizaciones vinculadas con el origen de los microorganismos utilizados.
La funcionaria remarcó que los hongos presentes naturalmente en los suelos forman parte de la biodiversidad provincial. “Estos hongos de suelo es como que son un patrimonio biológico de la provincia. El dueño de lo que está en el suelo, de la biodiversidad, es la provincia”, explicó.
Por ese motivo, además de las gestiones nacionales ante el Senasa, existen permisos provinciales que deben cumplimentarse.
Una tecnología local para las condiciones productivas de Misiones
Biofábrica mantiene un equipo específico dedicado a investigación y desarrollo de insumos biológicos, mientras continúan los ensayos y procedimientos regulatorios. “A medida que vayamos teniendo los registros, se van a enterar porque ya los vamos a ir socializando estos insumos”, anticipó Imbrogno.
El avance de los bioinsumos abre así una línea tecnológica de creciente importancia para la producción misionera. No se trata, según explicó la especialista, de plantear una sustitución automática de todos los productos químicos, sino de sumar herramientas que permitan reducirlos cuando las condiciones agronómicas lo permitan sin comprometer el resultado productivo.
En ese escenario, Misiones ya cuenta con desarrollos basados en microorganismos propios de sus suelos, avanza en nuevos bioinsecticidas y mantiene como uno de los grandes desafíos futuros aquello que todavía no está disponible en el mercado argentino: un bioherbicida registrado y con eficacia demostrada.



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