El avance de la tecnología, el individualismo y los cambios en las formas de relacionarse fueron algunos de los ejes de un profundo intercambio de religion entre el padre Alberto Barros, vicepresidente de Cáritas Posadas, y Bruno Bladilo, miembro de la comunidad judía, durante una entrevista en piso en el programa La Última Rosca.
La conversación puso sobre la mesa una pregunta central: ¿qué lugar ocupan hoy las comunidades religiosas en una sociedad donde cada vez más personas buscan respuestas de manera individual?
Desde la comunidad judía, Bladilo explicó que la Kehilá continúa funcionando como un espacio de apoyo, contención y encuentro, donde conviven actividades religiosas, culturales y sociales: “Desde la comunidad nosotros tenemos un lugar de apoyo, de contención, que es la Kegila, que es donde funcionan todas nuestras actividades, tanto culturales, religiosas y también del Sedacá, que es ayudar al otro”, señaló.
En ese sentido, remarcó que la comunidad judía tampoco permanece ajena a las dificultades económicas y sociales que atraviesa el país: “La comunidad judía, hoy en día, no estamos exentos de la crisis social y económica que vivimos en el país”, sostuvo.
Para Bladilo, la duda también puede formar parte de la búsqueda espiritual: “La duda no está mal vista, sino uno tiene que seguir a Dios, pero también se puede permitir dudar e ir a preguntar y descubrir en dónde se encuentra”, explicó.

El desafío de recuperar el encuentro personal
Uno de los puntos de coincidencia entre ambos fue el impacto de la tecnología sobre los vínculos y las comunidades, Barros planteó que la sociedad atraviesa una etapa de fuerte individualismo que termina debilitando los espacios colectivos: “Hoy vivimos una época espantosamente individualista”, afirmó, y consideró que esto entra en tensión con una característica esencial del ser humano: su necesidad de sociabilidad y encuentro.
En el caso de la Iglesia Católica, explicó que la pandemia también produjo modificaciones en la participación presencial. Si bien las herramientas digitales permitieron mantener el contacto, advirtió que no pueden reemplazar completamente el vínculo cara a cara: “La tecnología no suplanta el encuentro personal”, sostuvo el sacerdote.
Para Barros, la fe cristiana no puede quedar reducida a un espacio de refugio individual: “La fe cristiana implica necesariamente un compromiso en la lucha por un mundo mejor”, expresó.
En esa línea, recuperó el concepto de sinodalidad, promovido especialmente durante el pontificado de Francisco, como una forma de entender la vida comunitaria: “Caminar juntos, pensar juntos, discutir juntos y luchar juntos”.

Jóvenes, pertenencia y nuevas comunidades
El debate también se trasladó a los jóvenes y a las nuevas formas de pertenencia. La pregunta fue si las instituciones religiosas lograron adaptarse a los cambios culturales y a las nuevas maneras de vincularse.
Barros sostuvo que las formas de encuentro pueden cambiar, pero que la necesidad de encontrarse con otros permanece: “El corazón humano necesita del escucha, del diálogo, del compartir con el otro y del tener caminos comunes”, afirmó.
Bladilo, por su parte, señaló que las redes sociales y los contenidos digitales modificaron profundamente los modos de construir identidad y pertenencia. Sin embargo, consideró que tanto las comunidades judías como las cristianas continúan generando actividades para acercar a los jóvenes.
En ese punto, destacó un principio que, según explicó, comparten las distintas tradiciones religiosas: la dignidad humana: “La dignidad es lo más importante, no importa si sos pobre o qué profesión o estatus social estés”, expresó.
También remarcó que el judaísmo no comprende únicamente una dimensión religiosa, sino que incluye tradiciones, costumbres y una identidad comunitaria.

Fe individual y regreso a las comunidades
Otro de los momentos centrales de la entrevista fue el análisis sobre aquellas personas que se alejan de las instituciones religiosas, pero mantienen una búsqueda espiritual.
Barros diferenció entre la participación institucional y otras formas de vivir la fe. Mencionó el denominado “catolicismo popular latinoamericano”, donde existen personas que mantienen una fuerte identificación religiosa aunque no concurran regularmente a un templo: “Hay mucha gente que se siente con fuerte sentido de pertenencia a la Iglesia pero por ahí no va al templo habitualmente”, explicó.
Según el sacerdote, también existe una búsqueda religiosa que vuelve a aparecer entre algunos jóvenes frente a una sociedad atravesada por el individualismo, el materialismo y la presión por alcanzar determinados modelos de éxito: “Cuando se exacerba tanto una cosa como el individualismo, el materialismo, todo pasa por la eficacia, el dinero, la apariencia, llega un momento que hay cierto hartazgo y también hay un regreso a lo importante”, sostuvo.
Bladilo coincidió en que las crisis pueden generar nuevas preguntas y acercamientos a las comunidades. En particular, señaló que dentro del judaísmo observa un crecimiento de sectores más tradicionalistas, donde algunas personas buscan recuperar prácticas comunitarias y familiares.

El rol social de las iglesias y las comunidades
Más allá de la cuestión espiritual, el debate puso especial énfasis en el rol social que actualmente cumplen las comunidades religiosas.
Bladilo destacó el trabajo de asistencia y acompañamiento que realizan distintas instituciones y sostuvo que, frente a determinadas necesidades sociales, las organizaciones religiosas terminan convirtiéndose en actores relevantes: “El individuo es el que está puesto como centro también de las religiones nuestras”, afirmó y agregó: “La ayuda social yo creo que es muy importante. Lo que hace la Iglesia es un actor social muy importante en la sociedad”.
Barros, en tanto, sostuvo que el compromiso con quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad forma parte de la propia experiencia de fe: “El ser humano, sea quien sea, tiene una dignidad inviolable, cualquiera sea su situación de vida”, expresó.
Para el sacerdote, esa mirada obliga a priorizar a quienes más sufren y trabajar para garantizar condiciones básicas de vida, como el acceso al alimento, la vivienda, la salud y la educación: “No hay fe católica, no hay fe incluso judía, si no hay un compromiso con el otro, con el sufriente”, afirmó.
Una experiencia de trabajo conjunto entre comunidades
Durante la entrevista, Barros también recordó experiencias de colaboración entre la Iglesia Católica y la comunidad judía en Posadas.
Contó que, cuando era párroco de la Catedral, hace alrededor de 15 años, fue invitado en distintas oportunidades a la sinagoga ubicada sobre calle San Martín. Allí conoció parte de las actividades culturales y educativas de la comunidad.
Entre los recuerdos, destacó especialmente una ocasión en la que un grupo de chicos de la comunidad judía llegó con alimentos para Cáritas: “Me pareció un gesto hermoso”, recordó Barros, quien consideró que este tipo de experiencias deberían profundizarse.
“En la Argentina tenemos que trabajarlo más como iglesias, sin prejuicios”, sostuvo.
Apuestas, adicciones y el desafío de la prevención
Hacia el final de la entrevista apareció otra de las problemáticas que atraviesan especialmente a los jóvenes: las apuestas online y las adicciones.
Barros explicó que desde la Iglesia existen programas de prevención y espacios de acompañamiento para personas y familias que atraviesan situaciones vinculadas con las adicciones: “El primer tema es la prevención”, remarcó, y planteó la necesidad de trabajar en proyectos de vida que permitan ofrecer a los jóvenes alternativas frente a las adicciones.
También mencionó el trabajo conjunto con otras organizaciones y con organismos estatales, al considerar que se trata de una problemática que requiere una respuesta colectiva.
Bladilo explicó que desde la comunidad judía también se desarrollan acciones de prevención y acompañamiento, particularmente a través de espacios educativos y comunitarios: “Nosotros como comunidades de credo, también como comunidades culturales, no estamos exentos”, señaló.
En ese sentido, ambos coincidieron en que las comunidades no deberían pretender reemplazar al Estado, pero sí pueden colaborar en la prevención, el acompañamiento y la contención.
“Nadie se salva solo”
El cierre del debate dejó una reflexión compartida sobre la necesidad de volver a mirar al otro y recuperar la solidaridad como valor social.
Bladilo invitó a prestar atención a las personas que forman parte del entorno cotidiano y a no permanecer indiferentes frente a quienes atraviesan dificultades: “Lo importante es que, como decíamos, sin el otro, más allá de la creencia de Dios, vos lo construís con un otro”, expresó.
Su mensaje final estuvo atravesado por una idea que sintetizó como la necesidad de “reparar el mundo”, comenzando por las pequeñas acciones que cada persona puede realizar en su propio entorno.
Barros cerró con una reflexión sobre el contexto argentino y cuestionó las lógicas que promueven el individualismo, la violencia y la confrontación: “Desde la Iglesia queremos volver a repetir lo que decía Francisco: nadie se salva solo, todos nos salvamos en comunidad”, afirmó, y dejó una última idea: “No dejemos que nos roben la esperanza”.
Para el sacerdote, mantener esa esperanza no significa esperar pasivamente, sino asumir un compromiso concreto con la construcción de una sociedad más justa, fraterna e inclusiva.
El intercambio entre ambos referentes dejó así un punto de encuentro más allá de las diferencias religiosas: la necesidad de recuperar los vínculos, fortalecer las comunidades y volver a poner en el centro la dignidad del otro.



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