El voluntariado deportivo que encabezan Eliseo Galeano y Valeria Eizmendi desarrolla actividades gratuitas de fútbol, acompañamiento y contención para niños, adolescentes y familias del barrio Santa Bárbara, con encuentros los jueves por la tarde y sábados por la mañana, utilizando el deporte como herramienta para detectar problemáticas, fortalecer vínculos y generar espacios de ayuda y prevención, en articulación con voluntarios y referentes del Ministerio de Restauración, porque buscan acercarse a los jóvenes y sus familias para brindarles contención emocional, acompañamiento y herramientas frente a situaciones de violencia, bullying, adicciones y otras dificultades.
La iniciativa surgió a partir de la experiencia de Eliseo Galeano, exjugador de fútbol y voluntario con más de 20 años de trabajo vinculado al deporte y al acompañamiento social.
“El deporte es una buena excusa para llegar a la juventud, a los adolescentes y poder llegar a las familias que están pasando por alguna situación”, explicó Galeano durante su visita a los estudios de Radio Up.
Según relató, el trabajo comenzó anteriormente en Garupá, junto al Ministerio de Restauración, donde desarrollaron actividades con chicos de distintos barrios de la zona.
Actualmente, el equipo concentra parte de sus esfuerzos en el barrio Santa Bárbara, donde trabaja junto al profesor Hugo Irala.
Los encuentros se realizan los jueves por la tarde y sábados por la mañana, con entrenamientos de fútbol y espacios posteriores de acompañamiento.
La propuesta alcanza aproximadamente a 40 chicos, quienes participan regularmente de las actividades.
Pero el objetivo, remarcan los voluntarios, excede ampliamente la práctica deportiva.
“El fútbol pasó a ser una excusa. No nos quedemos en el fútbol”, planteó Valeria Eizmendi, al explicar que la iniciativa busca transformar cada encuentro en una oportunidad para acercarse a los jóvenes y conocer sus realidades.
Contención emocional y acompañamiento
Para Eizmendi, una de las principales necesidades que encuentran en los barrios no siempre está relacionada con lo económico.
“Hay mucha necesidad económica, pero también necesidad emocional”, señaló, al destacar la importancia de que niños y adolescentes cuenten con adultos que puedan convertirse en referentes y espacios seguros de escucha.
La voluntaria explicó que el equipo trabaja también sobre gestión emocional, autoestima y autoconocimiento, con el propósito de que los jóvenes puedan reconocer lo que sienten y aprender a afrontar diferentes situaciones.
“Al fútbol no solamente queda un deporte de una hora y después vuelven a sus casas, sino el acompañamiento para que se pueda reforzar su autoestima y su autoconocimiento”, sostuvo Eizmendi.
El abordaje incluye además cuestiones vinculadas con los derechos de los niños y adolescentes, los límites y la prevención de situaciones de bullying.
El objetivo es que los chicos puedan identificar situaciones de riesgo y sepan que cuentan con personas a las cuales recurrir cuando atraviesan un problema.
La prevención como eje del trabajo
Durante la entrevista, Eizmendi mencionó algunas de las situaciones complejas que pueden aparecer en el trabajo territorial.
Entre ellas señaló casos relacionados con violencia, bullying, adicciones y problemáticas de salud mental, además de situaciones de abandono y dificultades dentro de los grupos familiares.
“La idea es poder prevenir. Siempre voy al prevenir, de estar un paso antes de que ocurra”, explicó.
En ese sentido, sostuvo que el acompañamiento busca generar herramientas antes de que los jóvenes queden expuestos a situaciones de mayor vulnerabilidad.
El trabajo también contempla espacios de primera escucha, en los que los adolescentes o integrantes de las familias puedan conversar de manera privada y sentirse cuidados.
“De pronto aparece esta figura del profe de fútbol, la chica que aparece dando una merienda o dando un consejo, y puedo encontrar ese apoyo que capaz en mi casa no lo tengo”, explicó Eizmendi.
La intención, aclaró, no es reemplazar el rol de los padres, sino generar puentes entre los jóvenes, las familias y otras personas capaces de brindar orientación.
El deporte como herramienta de acercamiento
Galeano destacó que el fútbol permite detectar situaciones que muchas veces no aparecen en una conversación formal.
“El mismo deporte, en el mismo entrenamiento, va presentando situaciones. Lo que tiene el deporte es que te permite expresar lo que tenés adentro”, afirmó.
A partir de ese contacto cotidiano, los profesores y voluntarios pueden observar comportamientos y generar vínculos de confianza.
Galeano explicó que el equipo realiza capacitaciones y trabaja con los profesores para poder detectar señales y acercarse a los chicos con respeto e integridad.
La intención es construir un canal de ayuda que pueda alcanzar tanto a los jóvenes como a sus familias.
La familia, el principal foco
Uno de los aspectos centrales de la propuesta es el acompañamiento familiar.
Para los voluntarios, los niños y adolescentes pueden convertirse en un puente para llegar a sus padres y conocer qué ocurre dentro de cada hogar.
“El foco es la familia, que la familia pueda ser restaurada desde la base que son ellos”, afirmó Eizmendi.
En ese proceso, también aparecen necesidades concretas. La organización y sus colaboradores han realizado aportes con alimentos, colchones, frazadas, zapatillas y pelotas, entre otros elementos.
Los sábados, además del entrenamiento, la congregación vinculada al proyecto ofrece meriendas para los chicos.
La ayuda material funciona, en muchos casos, como una primera puerta de entrada para establecer un vínculo más profundo con las familias.
La propuesta busca que ese acompañamiento no quede limitado a una asistencia puntual, sino que permita conocer otras necesidades y evaluar cómo continuar acompañando a cada familia.
Un espacio gratuito y abierto a las familias
Los encuentros de fútbol son gratuitos y están abiertos a los niños y adolescentes que quieran participar.
Las madres y los padres también pueden acercarse para conversar con Eliseo Galeano, Hugo Irala y el equipo de voluntarios.
A partir de esos primeros contactos, se pueden coordinar otros espacios de conversación o visitas, siempre procurando preservar la privacidad de las personas.
La denominada primera escucha ocupa un lugar importante dentro de la propuesta.
Se trata de generar un ámbito donde cada persona pueda expresarse sin sentirse expuesta y pueda plantear situaciones que quizás no logra comunicar dentro de su entorno familiar.
Una jornada que busca recuperar la infancia
Entre las próximas actividades previstas se encuentra una nueva jornada de fútbol y merienda en el barrio Santa Bárbara, además de una campaña de recolección de juguetes.
La intención es que cada niño y joven pueda recibir un regalo y compartir un momento de encuentro.
Para los voluntarios, este tipo de jornadas también permite trabajar sobre valores como la amistad, el compañerismo, la solidaridad y el acompañamiento.
“Podemos ser compañeros, podemos ser amigos, ayudar al otro”, explicó Eizmendi al referirse al sentido de estas actividades.
La propuesta busca que los vínculos construidos alrededor de una pelota puedan extenderse más allá de la cancha.
Más que fútbol
El trabajo que llevan adelante Galeano, Eizmendi, Irala y el resto de los voluntarios parte de una premisa: el deporte puede ser una herramienta para transformar realidades cuando se combina con acompañamiento y escucha.
Los aproximadamente 40 chicos que participan de los entrenamientos encuentran allí un espacio de encuentro, pero también la posibilidad de construir vínculos con adultos que puedan orientarlos.
Galeano remarcó que la tarea se sostiene mediante el compromiso de las personas que colaboran y que no existe un pago por participar del voluntariado.
El desafío, de acuerdo con los referentes, consiste en sostener esos espacios y ampliar progresivamente el acompañamiento hacia las familias.
“Queremos poder hacer un canal de ayuda para ellos y para las familias”, resumió Galeano.
Así, el fútbol se convierte en el punto de partida de una tarea que apunta a fortalecer la autoestima, la prevención, la contención emocional y los vínculos familiares, con una mirada puesta especialmente en niños y adolescentes.
La invitación permanece abierta para quienes quieran acercarse, participar de las actividades o colaborar con la iniciativa.
En Santa Bárbara, una pelota puede ser mucho más que un elemento deportivo: puede convertirse en el primer paso para escuchar, acompañar y ayudar.
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