El consumo de carne de pollo ronda los 49 kilos por habitante y podría superar los 50 kilos durante 2026. Con un mercado interno que ofrece cada vez menos margen para crecer, la industria avícola apuesta a las exportaciones, la reapertura de China y el regreso al mercado europeo.
El pollo ya desplazó a la carne vacuna como la proteína más consumida por los argentinos y la tendencia podría profundizarse durante 2026. La industria avícola proyecta que el consumo superará los 50 kilos por habitante al año, luego de cerrar 2025 en torno a los 49 kilos, mientras que la carne vacuna se ubica actualmente cerca de los 47 kilos por habitante.
La estimación sectorial se encuentra incluso por encima de las últimas mediciones oficiales. La Secretaría de Agricultura ubicó recientemente el consumo de carne aviar cerca de los 48 kilos por habitante al año, en el marco de una expansión sostenida que comenzó a acelerarse durante las décadas de 1990 y 2000.
El cambio en los hábitos de consumo resulta significativo si se observa la evolución de las últimas décadas. En el año 2000, los argentinos consumían apenas 22 o 23 kilos de pollo por habitante al año. Desde entonces, el consumo se incrementó de manera sostenida hasta alcanzar los niveles actuales.
Durante los últimos seis o siete años, el consumo se mantuvo alrededor de los 48 y 49 kilos por habitante, pero las proyecciones para este año anticipan un nuevo incremento.
Precio, variedad y cambios en los hogares impulsan el consumo de pollo
El precio fue uno de los factores que favoreció el avance del pollo frente a otras carnes, aunque el fenómeno responde también a cambios más profundos en los hábitos de consumo.
La oferta disponible se amplió considerablemente. El pollo entero dejó de ser prácticamente la única presentación y actualmente los consumidores pueden adquirir de manera individual pechuga, milanesa, pata muslo, ala y otros cortes.
Esta diversificación permitió adaptar el producto a las necesidades de cada hogar y redujo la necesidad de comprar un pollo entero para luego trozarlo.
También cambió la composición de los hogares argentinos. El aumento de las familias más pequeñas y de las personas que viven solas favoreció la compra de porciones y cortes específicos, de acuerdo con el análisis sectorial.
A esto se suma una mayor asociación del pollo con una alimentación saludable, especialmente por su aporte de proteínas y su presencia creciente en dietas vinculadas al deporte y al fitness.

Una producción de 2,5 millones de toneladas y poco margen para crecer en el mercado interno
El crecimiento del consumo doméstico comienza, sin embargo, a encontrar un límite. Con los argentinos consumiendo cerca de 50 kilos de pollo por habitante, las posibilidades de seguir aumentando significativamente la demanda interna son cada vez menores.
La producción argentina se mantiene alrededor de las 2,5 millones de toneladas anuales, un volumen que permanece prácticamente estable desde hace aproximadamente siete años.
Por ese motivo, el próximo salto de la industria depende fundamentalmente de su capacidad para aumentar las exportaciones.
El mercado interno ya absorbe una proporción elevada de la producción y el crecimiento futuro requiere encontrar nuevos destinos internacionales capaces de incorporar mayores volúmenes.
Costos crecientes y presión sobre las empresas avícolas
El escenario presenta además dificultades vinculadas con los costos de producción. Energía, salarios e insumos registraron incrementos durante los últimos meses, mientras que las empresas encuentran dificultades para trasladar completamente esas subas a los precios finales.
La situación obliga a las compañías a buscar mayores niveles de eficiencia productiva como mecanismo para contener costos y sostener la competitividad.
En paralelo, el sector reclama mejores condiciones de financiamiento para modernizar las instalaciones de crianza.
Uno de los principales objetivos es acceder a líneas de crédito destinadas a la construcción y actualización de galpones, una inversión considerada necesaria para mejorar la eficiencia de las granjas y ampliar la capacidad productiva.
Granja Tres Arroyos y una crisis empresarial particular
El escenario general de la industria convive con situaciones empresariales complejas. Entre ellas se encuentra Granja Tres Arroyos, que atraviesa una profunda crisis financiera y operativa.
Desde el sector avícola consideran que la situación de la compañía responde a factores particulares y no necesariamente refleja el funcionamiento general de toda la actividad.
La empresa tiene una fuerte exposición al comercio exterior y resultó especialmente afectada por la caída de exportaciones registrada a partir de 2023, luego de la aparición de restricciones sanitarias vinculadas con la influenza aviar.
La dependencia de los mercados externos expuso así a las empresas exportadoras a un escenario de mayor vulnerabilidad frente a cierres de mercados y cambios sanitarios.
Las exportaciones de pollo cayeron 21,7% durante 2026
Mientras el consumo interno se mantiene firme, el comercio exterior atravesó un período más complejo.
Según los datos oficiales acumulados hasta marzo, las exportaciones de productos avícolas comestibles cayeron 21,7% interanual en volumen, mientras que la producción registró una baja del 5,9%.
El consumo per cápita, en cambio, permaneció prácticamente estable respecto del año anterior.
La caída de las exportaciones estuvo vinculada, en parte, con el brote de influenza aviar registrado en febrero, que provocó la suspensión temporal de algunos destinos.
La recuperación del estatus sanitario fue, no obstante, más rápida que durante el episodio registrado en 2023. Los brotes de 2025 y 2026 pudieron resolverse en aproximadamente 60 días, permitiendo iniciar posteriormente el proceso de reapertura de los mercados.
Europa vuelve a recibir carne aviar argentina
Con la recuperación del estatus sanitario comenzaron a reabrirse diferentes destinos.
Chile y Perú volvieron a habilitar el ingreso de carne aviar argentina y, desde el 17 de agosto, la Unión Europea también permitió nuevamente el ingreso de productos frescos.
La reapertura europea representa una oportunidad importante para la industria argentina, especialmente porque coincide con la entrada en vigencia del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea.
El entendimiento contempla una cuota que irá aumentando progresivamente hasta alcanzar las 180.000 toneladas, divididas entre productos con y sin hueso.
La Argentina ya contaba con presencia en el mercado europeo antes de las restricciones sanitarias. Durante 2025, las exportaciones de carne aviar hacia la Unión Europea superaron los US$14 millones, un 32% más que el año anterior.
Entre los principales destinos se encontraron Países Bajos, España y Alemania.
La reapertura de estos mercados permite a la industria recuperar una vía de comercialización relevante y aprovechar las condiciones arancelarias contempladas en el acuerdo Mercosur-UE.

China, el mercado que puede cambiar las exportaciones
El principal objetivo pendiente para el sector es la reapertura del mercado chino.
Las cuestiones técnicas vinculadas con el SENASA ya fueron resueltas, pero los envíos todavía dependen de una decisión de las autoridades de China.
El mercado asiático resulta estratégico tanto por su volumen como por los productos que demanda. China tiene una fuerte participación en la compra de garras, patas y alas de pollo, cortes que permiten mejorar el aprovechamiento integral del animal y recuperar una mayor proporción de los costos de producción.
Mientras China permanece cerrada, Vietnam pasó a ocupar el primer lugar entre los compradores del pollo argentino, con una participación de entre el 20% y el 21% de las exportaciones.
También aparecen entre los principales destinos Sudáfrica, la Unión Europea, Chile, Perú y distintos mercados africanos.
Argentina busca aumentar las exportaciones de pollo
Durante 2025, Argentina exportó alrededor de 206.000 toneladas de productos avícolas.
Para 2026, el sector estima que el volumen podría ubicarse entre 170.000 y 180.000 toneladas si China continúa sin reabrir su mercado.
Una eventual habilitación durante los próximos meses permitiría incrementar considerablemente esa cifra y mejorar las perspectivas para el cierre del año.
La comparación con Brasil muestra, además, el margen de crecimiento que todavía existe para la Argentina. El país vecino exporta alrededor de 5,5 millones de toneladas, mientras que la industria argentina apunta inicialmente a recuperar niveles superiores a las 300.000 toneladas y, posteriormente, acercarse a las 350.000 toneladas.
El desafío de la industria avícola: producir más para vender afuera
La evolución del consumo interno modificó definitivamente el escenario de la industria avícola argentina. El pollo pasó de representar una alternativa frente a la carne vacuna a convertirse en la proteína animal más consumida del país.
Pero ese éxito también plantea un nuevo límite. Con un consumo interno cercano a los 50 kilos por habitante, el mercado doméstico tiene cada vez menos capacidad para absorber un crecimiento significativo de la producción.
Por eso, el futuro de la actividad estará determinado en buena medida por su capacidad para recuperar mercados internacionales, mejorar la competitividad, reducir costos y acceder a financiamiento para modernizar la infraestructura productiva.
Europa vuelve a ofrecer una oportunidad concreta, mientras que China aparece como el mercado capaz de generar el mayor impacto sobre los volúmenes exportados.
El próximo salto de la avicultura argentina, entonces, ya no parece estar en convencer a los argentinos de comer más pollo, sino en lograr que una mayor cantidad de pollo argentino llegue a las góndolas y mesas del mundo.
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