El agro misionero vuelve a encender las alarmas por la cuestión de la compatibilidad. Desde el 1° de septiembre dejó de regir el decreto que permitía compatibilizar planes sociales con empleo formal, una medida que había sido celebrada por el sector agropecuario por facilitar la registración de los trabajadores temporarios sin que perdieran sus asignaciones.
El silencio oficial y la falta de respuestas del Gobierno nacional generaron desconcierto en las chacras de toda la provincia. Mientras tanto, los productores advierten un panorama sombrío para la próxima temporada de cosecha.
En entrevista con Radio Up, Hugo Sand, presidente de la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones (APAM), describió una situación crítica: “Es altamente preocupante las distintas acciones que hace Milei en contra de la producción misionera. En vez de avanzar, estamos retrocediendo todo lo que habíamos logrado.”
La medida que desalienta el trabajo formal
El sistema de compatibilidad permitía que los trabajadores rurales pudieran acceder a empleos temporarios en chacras y plantaciones sin perder el cobro de asignaciones familiares, tarjeta alimentaria o apoyo por embarazo. De ese modo, se incentivaba la registración formal en el agro y se garantizaba una mínima estabilidad para las familias rurales.
La eliminación de esa posibilidad, según Sand, es un error de graves consecuencias. “Volver atrás y destruir la compatibilidad entre planes y empleo formal va a provocar graves daños a los obreros rurales y también a los colonos. Si al trabajador lo inscriben, pierde la tarjeta alimentaria o la asignación familiar. Así nadie va a querer trabajar en blanco.”
En Misiones, donde las actividades agrícolas como la yerba mate, el té y los cítricos concentran su demanda laboral en pocos meses del año, esta medida rompe el equilibrio entre formalidad y subsistencia. “El agro tiene trabajo temporario: dos o tres meses de cosecha intensa y después muy poca actividad. Por eso el sistema anterior funcionaba”, explicó el dirigente.

Yerba mate y trabajo rural: sectores en riesgo
El impacto será desigual, pero la yerba mate aparece como el rubro más afectado, según advirtió el titular de APAM. “En el sector yerbatero hay más de 13.000 colonos y unos 15.000 obreros rurales. Sin compatibilidad, se va a complicar conseguir mano de obra. Van a volver los juicios laborales y el trabajo en negro”, sostuvo Sand.
El panorama también es complejo para los pequeños productores de té, donde la mecanización dejó poco margen para el empleo humano, y para el sector citrícola, que enfrenta una competencia creciente con otras provincias. “El té no vale nada, la yerba se paga a 90 o 120 días con cheques sin fondo. Así el colono no puede sostenerse, y el obrero termina yéndose a Brasil a buscar el pan”, advirtió Sand.
Mano de obra en fuga y desigualdad creciente
En las chacras del norte misionero ya se percibe la falta de trabajadores. Muchos prefieren cruzar la frontera hacia Brasil, donde los salarios son más altos y las condiciones más estables. Sin embargo, esa migración también tiene costos. “Ellos mismos dicen que tienen que parar dos ollas: una allá y otra acá. Tampoco les conviene. Es lamentable que un argentino tenga que ir a otro país para traer comida para sus hijos”, expresó el presidente de APAM.
Esta realidad refleja una profunda crisis del mercado laboral rural, donde el desincentivo a la formalidad se combina con la inflación, los bajos precios de los productos y el endeudamiento de los colonos. “El colono está quedando sin fondo para realizar los trabajos. Todo está mal. Faltan políticas agrarias que contengan. Todo está equivocado”, lamentó.
Un trasfondo político y estructural
Sand atribuyó las decisiones del Ejecutivo nacional a una estrategia de desmantelamiento del sistema agrario misionero. En su análisis, existe “una asociación ilícita entre el poder político y el poder económico” que busca concentrar la tierra y debilitar las instituciones del sector. “Quieren destruir el sistema agrario que tenemos en Misiones para quedarse con la tierra. No nombran un presidente en el INYM porque buscan desmantelar las instituciones que defendieron a los pequeños productores.”
El referente agrario también cuestionó la inacción de los representantes provinciales. “Nuestros diputados y senadores deberían estar golpeando puertas en Buenos Aires. Nos dejaron solos. Esa es su función, pero no lo hacen”, sentenció.

Fragmentación y falta de representación
Consultado sobre la posibilidad de que las organizaciones agrarias impulsen acciones conjuntas, Sand reconoció que la división política impide articular respuestas. “Las asociaciones estamos todas atravesadas por la política partidaria. Hay productores fanáticos de Milei que defienden el libre mercado aunque no cobren nada. Así es muy difícil unirse para defender el trabajo local.”
También criticó la falta de acompañamiento del Gobierno provincial: “No tenemos el respaldo fuerte que necesitamos. Ni los oficialistas ni los opositores defienden al productor. Todos están más preocupados por conservar un cargo que por resolver los problemas del campo.”
La crisis del agro misionero en números
La situación del agro en Misiones se agrava en un contexto nacional adverso. Con precios deprimidos y altos costos productivos, los pequeños productores enfrentan márgenes negativos y dificultades para acceder al crédito.
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El kilo de hoja verde de té se paga por debajo del valor de hace tres años.
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La yerba mate se comercializa con plazos de hasta 120 días.
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El pino —que demandó dos décadas de crecimiento— se paga apenas 15 pesos el kilo, insuficiente para cubrir los costos.
En paralelo, las importaciones de productos agrícolas y forestales erosionan el mercado local. “Entra cítrico de Entre Ríos, yerba de otras provincias, té extranjero y maderas de Paraguay. Mientras tanto, lo nuestro se queda sin valor”, denunció Sand.
Una herida social que vuelve a abrirse
El fin de la compatibilidad entre planes y empleo formal no solo golpea a la economía agraria, sino que también abre una grieta social en el interior misionero. Las familias rurales quedan atrapadas entre la necesidad de trabajar y el temor a perder los beneficios sociales que garantizan su subsistencia.
Esta medida, en lugar de fomentar el empleo, castiga al que quiere trabajar. Los productores anticipan un aumento de la informalidad, conflictos laborales y mayor pobreza en las zonas rurales. “Esto genera sufrimiento, estrés y descontento. Empuja a la gente a la marginalidad o a emigrar. Es una política que desmotiva al trabajador rural”, resumió Sand.

Un país que desconoce su propio interior
La incompatibilidad entre planes y empleo formal evidencia una desconexión profunda entre las políticas nacionales y la realidad del interior productivo. En Misiones, donde la tierra y el trabajo son temporarios y frágiles, estas medidas representan un golpe a la dignidad y a la esperanza de miles de familias.
La falta de respuestas, tanto del Gobierno nacional como del provincial, deja al descubierto un abandono estructural. En los yerbales, en los secaderos y en los montes, el reclamo es el mismo: ser escuchados. “Esto destruye lo que habíamos logrado. El trabajador rural no puede elegir entre comer o tener trabajo. Necesitamos políticas que entiendan la realidad del campo misionero”, concluyó Hugo Sand.
Caída de la compatibilidad entre planes sociales y empleo rural en Misiones: alarma en UATRE https://t.co/q6Mg08IztE pic.twitter.com/IRht0ZqYPS
— Radio Up 95.5 (@radioup955) October 17, 2025



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