La accesibilidad edilicia y urbana, el lenguaje utilizado para hablar sobre discapacidad y la necesidad de modificar las representaciones sociales fueron algunos de los principales ejes planteados por Lely Brito, licenciada en Comunicación Social, durante una entrevista en la columna semanal de los jueves sobre discapacidad en la FM 95.5 Radio Up. Desde su propia experiencia, sostuvo que una discapacidad no define a una persona y reclamó que las instituciones incorporen la accesibilidad como una condición indispensable para garantizar autonomía.
Brito, quien desarrolla su actividad profesional tanto en el ámbito público como privado, relató además diferentes momentos de su vida atravesados por una discapacidad motriz que comenzó a manifestarse durante su infancia. Su historia incluye una enfermedad que afectó su columna, múltiples intervenciones quirúrgicas, tratamientos oncológicos, el uso de silla de ruedas y bastones, su formación universitaria, su desarrollo profesional y la maternidad.
Su testimonio permitió abordar la discapacidad desde una perspectiva que pone el foco no solamente en las dificultades individuales, sino también en las barreras físicas, sociales y culturales que condicionan la participación plena.
Una discapacidad que comenzó durante la infancia
Brito contó que los primeros síntomas aparecieron cuando tenía 10 años, cuando comenzó a sufrir caídas frecuentes y a perder fuerza en las piernas. Durante aproximadamente un año fue sometida a distintos estudios sin que los médicos pudieran determinar inicialmente qué ocurría.
En aquel momento practicaba diferentes actividades deportivas, entre ellas taekwondo, patinaje sobre hielo y otras disciplinas. Por esa razón, inicialmente se consideró que podía estar sobreexigiendo su cuerpo.
Finalmente, los estudios permitieron detectar un tumor en la columna que estaba presionando la médula y provocaba la pérdida de fuerza. El tratamiento incluyó intervenciones quirúrgicas y quimioterapia en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.
El proceso significó un cambio radical en su vida. Pasó de desarrollar una intensa actividad deportiva a atravesar un período de recuperación que implicó, entre otras dificultades, utilizar silla de ruedas y adaptarse a nuevas condiciones físicas.
Sin embargo, Brito destacó que su familia y su entorno nunca la hicieron sentir que la discapacidad debía convertirse en una limitación para desarrollar su vida.
"Nunca dejé de hacer nada"
Uno de los conceptos centrales de su relato fue la decisión de continuar realizando actividades pese a las dificultades.
Durante su adolescencia siguió participando de actividades sociales y recreativas. Incluso recordó que concurría a bailar utilizando silla de ruedas, prótesis, corset y bastones.
También realizó viajes, participó de actividades deportivas y sostuvo una vida social activa.
"Yo hice una vida casi normal", explicó al describir aquella etapa, aunque aclaró que las principales dificultades no estuvieron necesariamente relacionadas con sus capacidades, sino con las barreras edilicias y la falta de accesibilidad.
Su llegada a la Universidad Nacional de Misiones también estuvo atravesada por esas dificultades. En ese momento, el ascensor de la institución no funcionaba, una situación que fue solucionada posteriormente.
Para Brito, la diferencia está en la manera de enfrentar los obstáculos. En lugar de interpretar una barrera como una imposibilidad definitiva, sostuvo que suele preguntarse qué alternativa puede implementarse para resolverla.
Su postura quedó sintetizada en una idea que atravesó toda la entrevista: la discapacidad no debería determinar de antemano qué puede o no puede hacer una persona.
El desafío de los medios: comunicar sin reducir a la persona a su discapacidad
Como licenciada en Comunicación Social, Brito también realizó una mirada crítica sobre la manera en que los medios abordan habitualmente las noticias vinculadas con discapacidad.
Consideró que el cambio de perspectiva no corresponde únicamente a periodistas y comunicadores, sino que involucra a toda la sociedad.
En ese sentido, destacó la importancia de utilizar correctamente el concepto "persona con discapacidad" y evitar que la discapacidad aparezca como la característica que define completamente a alguien.
Según explicó, una persona puede tener determinadas dificultades físicas, sensoriales, intelectuales o de otro tipo, pero eso no significa que esas características representen la totalidad de su identidad.
La comunicadora planteó además que los medios, por su capacidad de instalar discursos y representaciones sociales, tienen una responsabilidad particular.
El desafío, sostuvo, consiste en dejar de presentar a las personas con discapacidad como casos extraordinarios o como "bichos raros" y comenzar a incorporarlas a las narrativas cotidianas como parte de la diversidad social.
Una mirada que también alcanza a las instituciones
Durante la entrevista, Brito relató situaciones vividas en instituciones educativas y otros espacios públicos para mostrar que muchas veces la dificultad aparece cuando las organizaciones no contemplan desde el comienzo la diversidad de las personas.
Recordó, por ejemplo, una experiencia escolar en la que debía participar de una excursión. Cuando llegó el momento de subir al transporte, la organización no había previsto cómo podía hacerlo utilizando silla de ruedas.
Brito explicó que ella ya había practicado con sus compañeros la manera de realizarlo, pero la institución no había contemplado esa posibilidad.
Para la comunicadora, estas situaciones muestran que muchas veces es necesario modificar la mirada de las instituciones y comprender que no todas las personas tienen las mismas características físicas ni se movilizan de la misma manera.
"El otro también tiene que abrir su cabeza", sostuvo durante la entrevista, al remarcar que la inclusión requiere que los espacios sean pensados desde la diversidad.

Barreras laborales: cuando la inaccesibilidad impide trabajar
En materia laboral, Brito señaló que no atravesó situaciones frecuentes de discriminación directa por parte de otras personas. Sin embargo, sí encontró obstáculos relacionados con la infraestructura.
Uno de los principales problemas aparece cuando una actividad profesional requiere trasladarse a espacios que no cuentan con condiciones adecuadas de accesibilidad.
Para ella, esto demuestra que la discriminación no siempre aparece mediante una conducta explícita. También puede producirse cuando una persona queda excluida de una actividad porque el espacio donde debe desarrollarla no está preparado para recibirla.
Por eso consideró necesario avanzar hacia una inclusión laboral que no se limite a incorporar personas con discapacidad a un puesto, sino que garantice las condiciones materiales para que puedan desarrollar efectivamente sus tareas.
Accesibilidad: una condición para alcanzar autonomía
Brito ubicó a la accesibilidad edilicia y urbana entre las principales deudas pendientes de los distintos niveles del Estado.
La existencia de rampas, baños accesibles, espacios adecuados y transporte preparado para personas con movilidad reducida no debería ser considerada un elemento adicional, sino una condición básica para garantizar el derecho a circular y participar de manera autónoma.
En particular, destacó la importancia de que las rampas sean realmente utilizables y no simplemente construidas para cumplir formalmente con una exigencia.
Su planteo apunta a una cuestión concreta: una infraestructura accesible debe permitir que la persona pueda utilizarla sin depender de otra para desplazarse.
"Eso es lo que a mí me permite moverme sola", explicó al referirse a la importancia de la accesibilidad.
La autonomía aparece así como uno de los aspectos centrales de su concepción de inclusión.
Los medios y el desafío de modificar el lenguaje
Brito también relató una situación que experimentó en una oficina pública de la Ciudad de Buenos Aires, donde encontró un cartel que indicaba "Acá discapacitados".
El episodio le permitió cuestionar no solamente la elección de las palabras, sino también la mirada que puede transmitir una institución a través de su comunicación.
Para la entrevistada, el lenguaje no es una cuestión menor: contribuye a construir la manera en que la sociedad interpreta determinadas realidades.
Por eso insistió en que el concepto de persona con discapacidad permite poner en primer plano a la persona y no reducirla a una condición.
La discusión, sin embargo, no debería quedar limitada a los medios de comunicación. También alcanza a las instituciones públicas, empresas, escuelas y a la sociedad en general.
Inclusión laboral: "Si no me inhabilita, debería estar en el mismo nivel"
Uno de los planteos más contundentes de Brito estuvo relacionado con el acceso al empleo.
Desde su experiencia, consideró que una persona con discapacidad debe ser evaluada en función de sus capacidades para desarrollar determinada tarea y no quedar automáticamente descartada por su condición.
Contó que durante su trayectoria profesional no incorporó su discapacidad motriz en sus currículums porque consideraba que no constituía una limitación para las funciones que pretendía desempeñar.
Su recorrido laboral incluye tareas vinculadas con la planificación, coordinación de equipos, comunicación y producción audiovisual, actividades que puede realizar sin que su movilidad represente una imposibilidad.
Al mismo tiempo, reconoció la necesidad de conocer los propios límites y diferenciar aquellas tareas que puede realizar de aquellas que requieren determinadas condiciones físicas.
La inclusión laboral, desde su perspectiva, implica entender que tener una discapacidad puede impedir determinadas actividades, pero no invalida a la persona para desarrollar miles de otras.
El derecho a formar una pareja y ser madre
Otro de los aspectos abordados durante la entrevista fue la vida afectiva y familiar de las personas con discapacidad, un ámbito que, según Brito, suele quedar fuera de las conversaciones sociales.
La comunicadora cuestionó que muchas veces se asocie la discapacidad exclusivamente con la dependencia y se deje de lado la posibilidad de construir relaciones amorosas, desarrollar una vida sexual, formar una familia y ejercer la maternidad.
A los 34 años decidió ser madre y previamente realizó una consulta médica para conocer si su condición física le permitía atravesar un embarazo.
La respuesta fue positiva y posteriormente nació Genaro, quien actualmente tiene 12 años.
Brito contó que su hijo creció naturalizando su discapacidad. Desde pequeño aprendió a relacionarse con la silla de ruedas y la incorporó como parte de su vida cotidiana.
Incluso recordó que, cuando era pequeño, se sujetaba de la silla para desplazarse y la utilizaba prácticamente como un andador.
Para ella, esa experiencia demuestra cómo la convivencia cotidiana puede modificar la percepción sobre la discapacidad desde edades tempranas

Cuando la falta de accesibilidad también afecta a los hijos
La relación con su hijo también le permitió observar cómo las barreras de accesibilidad pueden generar angustia en quienes acompañan a las personas con discapacidad.
Brito recordó una situación ocurrida durante un acto escolar en el que se solicitó al público que se pusiera de pie.
Su hijo, que se encontraba en otro sector del lugar, interpretó que su madre podía sentirse mal porque no podía ponerse de pie como el resto.
La situación generó posteriormente una conversación entre ambos para explicarle que existen actividades que ella no puede realizar de la misma manera que otras personas, pero que eso no necesariamente significa que esté sufriendo por ello.
Para Brito, estos aprendizajes forman parte de la vida cotidiana y también de la necesidad de que las nuevas generaciones comprendan la diversidad corporal.
Un segundo cáncer y otra experiencia de supervivencia
La entrevista también abordó otro episodio significativo de su historia personal: el cáncer de mama.
Brito relató que durante la pandemia comenzó a tratarse por un bulto en el pecho. Aunque inicialmente la situación parecía estar controlada, una segunda consulta médica derivó en la indicación de realizar una operación y posteriormente una biopsia.
El estudio confirmó el diagnóstico de cáncer de mama.
A pesar del tratamiento, sostuvo que continuó trabajando porque mantener sus actividades le permitía evitar concentrarse exclusivamente en la enfermedad.
Posteriormente atravesó una mastectomía y una reconstrucción mamaria, ambas realizadas en Misiones, y actualmente continúa con controles médicos periódicos.
Durante ese proceso también descubrió una dimensión de su propia historia que desconocía. Una amiga le hizo notar que el tumor que había sufrido durante su infancia también había sido un cáncer.
Brito explicó que, durante años, había identificado aquella experiencia simplemente como un "tumor", sin asociarla con un diagnóstico oncológico.
"No quiero ser una carga para el resto"
Al hablar de su experiencia con el cáncer, Brito puso el foco en el impacto que las enfermedades pueden generar en el entorno familiar.
Mencionó especialmente a sus padres, su hijo, su hermana y sus sobrinas, y señaló que una de sus principales preocupaciones fue el sufrimiento y el miedo que su situación podía provocar en las personas cercanas.
Por ese motivo, explicó que en muchas ocasiones prefiere realizar sola sus estudios médicos.
Detrás de esa decisión aparece una preocupación personal: evitar que los demás sufran o sientan que deben cargar con su situación.
Actualmente continúa con los controles correspondientes y señaló que, hasta el momento, los resultados son favorables.
La responsabilidad de educar sobre discapacidad
Brito planteó además una mirada particular sobre el vínculo entre las personas con discapacidad y el resto de la sociedad.
Consideró que las instituciones y la comunidad tienen la responsabilidad de generar condiciones inclusivas, pero también sostuvo que las propias personas con discapacidad pueden contribuir a educar a quienes las rodean.
Como ejemplo, explicó que si una persona ciega se incorpora a un equipo de trabajo, no debería recaer exclusivamente en los demás la obligación de aprender cómo vincularse con ella. También puede existir un proceso de aprendizaje compartido en el que la persona explique qué necesita y cómo puede desarrollar sus tareas.
La inclusión, desde esta perspectiva, no consiste únicamente en adaptar a la sociedad para recibir a las personas con discapacidad, sino también en generar vínculos basados en comunicación, confianza y conocimiento mutuo.
El deporte como parte de su historia
El movimiento y el deporte también ocuparon un lugar importante en la vida de Brito.
A lo largo de los años practicó distintas actividades, entre ellas básquet en silla de ruedas, folklore y baile.
Actualmente reconoce que su intensa actividad laboral le deja poco tiempo para retomar algunas de esas prácticas.
Contó que recientemente intentó comenzar nuevamente el gimnasio y que uno de sus objetivos es recuperar progresivamente la posibilidad de caminar con bastones, algo que pudo hacer durante gran parte de su vida hasta convertirse en madre.
Para Brito, el deporte y el baile representan mucho más que actividad física: son espacios vinculados con el disfrute, la expresión y una forma de mantener el movimiento como parte de su vida.
Una historia atravesada por la autonomía
El recorrido de Brito combina discapacidad motriz, formación universitaria, trabajo, maternidad, relaciones afectivas, deporte y dos experiencias vinculadas con el cáncer.
Su relato propone desplazar el centro de la conversación: la discapacidad existe, pero no necesariamente constituye el aspecto principal de la identidad de una persona.
Desde esa mirada, el desafío de la inclusión no consiste solamente en pedirle a las personas con discapacidad que se adapten a una sociedad construida sin contemplar la diversidad. También implica transformar los espacios, las instituciones, el lenguaje y las prácticas cotidianas para eliminar las barreras que todavía condicionan su participación.
La accesibilidad aparece, en ese sentido, como una herramienta concreta para garantizar autonomía, mientras que la comunicación puede contribuir a modificar representaciones y prejuicios.
Al finalizar la entrevista, Brito dejó una definición que resume buena parte de su perspectiva: la discapacidad supone determinadas dificultades, pero no debería convertirse en un límite para todo lo demás.
Su historia pone en evidencia que la inclusión no se construye únicamente desde las leyes o los discursos institucionales, sino también desde las condiciones concretas que permiten a una persona estudiar, trabajar, trasladarse, enamorarse, formar una familia, hacer deporte y participar plenamente de la sociedad.



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