En La Última Rosca de Radio Up, el analista internacional, Joaquín González, analizó cómo los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron un antes y un después en la seguridad internacional y cómo sus consecuencias siguen presentes hoy en la escalada de conflictos en Gaza y Oriente Medio.
González detalló cómo, mientras se firmaba una carta interamericana destinada a proteger los derechos humanos, los ataques alteraron por completo la agenda política global: “Irónicamente, en ese momento se buscaba un consenso por los derechos humanos y justo sucede el 11-S. Estados Unidos redirigió toda su política hacia Oriente Medio y la lucha contra el terrorismo, dejando en segundo plano los acuerdos multilaterales.”
El analista recordó también que los atentados no solo afectaron a las Torres Gemelas, sino al Pentágono y que un avión que iba dirigido a la Casa Blanca fue desviado por la valentía de los pasajeros.

Consecuencias estratégicas y militares de los ataques
González subrayó que el 11-S marcó el inicio de operaciones militares de gran escala: “Estados Unidos buscó venganza, pero no trajo paz a la región. La caída de Saddam Hussein y el derrocamiento de los talibanes demostraron cómo decisiones estratégicas pueden salir por la culata, generando conflictos prolongados que aún hoy afectan a millones de personas”.
Además, recordó que la crisis reactivó prácticas controvertidas como los centros de detención y, en algunos casos, tortura: “Guantánamo y otros centros, incluso en Europa, comenzaron a operar con una lógica similar: seguridad ante todo, sin medir el impacto sobre los derechos humanos”.

Oriente Medio hoy: Gaza, Israel y Qatar
El analista internacional vinculó los hechos históricos con la actualidad regional: “Israel actúa solo y se siente poderoso, lo que genera tensiones incluso entre sus aliados. La ofensiva sobre Gaza y Qatar demuestra que la intervención unilateral es una constante, sin importar si otros países intentan mediar”.
González enfatizó la dificultad de encontrar un equilibrio diplomático: “los países árabes moderados reciben poco apoyo para frenar la escalada. La población civil es la que más sufre, ya que no tiene dónde refugiarse y la infraestructura está colapsada”.
Respecto al rol de Argentina, comentó: “nuestro país acompaña simbólicamente a Estados Unidos, pero no tiene influencia decisiva en la región. La política internacional exige prudencia y realismo”.

Inteligencia artificial y seguridad: un riesgo global
En un giro hacia la tecnología, González abordó la designación de un sistema de inteligencia artificial como ministra de Seguridad en Albania: “es una experiencia experimental, pero podría ser peligrosa si la IA interpreta mal un posible ataque. La velocidad de sus decisiones no garantiza seguridad real, y puede generar conflictos innecesarios a nivel internacional.”
El analista advirtió que este tipo de innovaciones pueden alterar el equilibrio global: decisiones automatizadas sobre seguridad o armamento pueden tener consecuencias imprevisibles.

González concluyó su análisis destacando el efecto directo de estas decisiones en la vida de los ciudadanos: “los boicots y las sanciones sucesivas afectan no solo a los gobiernos, sino también a la población de a pie. La historia demuestra que la política internacional tiene repercusiones humanas inmediatas, y no siempre se habla de ello.”
El analista instó a reflexionar sobre la importancia de combinar inteligencia política, tecnología responsable y respeto a los derechos humanos para evitar que los conflictos se prolonguen y afecten a quienes menos culpa tienen.



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