La pobreza infantil no se limita a la falta de ingresos, así lo explicó Ianina Tuñón, investigadora del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), al analizar los resultados de un estudio que combinó datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC y de la Encuesta de la Deuda Social Argentina.
Según explicó, uno de los principales datos relevados es que uno de cada diez niños se encuentra actualmente en situación de indigencia. Sin embargo, el escenario sería aún más crítico sin las políticas de transferencia de ingresos implementadas por el Estado: “De no existir las transferencias de ingresos como la Asignación Universal por Hijo, la Tarjeta Alimentar, estaríamos en torno a un 17% de chicos indigentes”, advirtió Tuñón.

La investigadora remarcó que estas políticas se transformaron con el paso de los años en herramientas permanentes de contención para miles de familias, aunque consideró que representan apenas un piso mínimo frente a las necesidades de la infancia: “Es una transferencia que hace muchos años que está, que ya se ha convertido en una política de Estado, pero que claramente nos marca que es un piso, un piso mínimo de dignidad”, sostuvo.
La pobreza infantil también se refleja en la vida cotidiana
El relevamiento de la UCA también buscó identificar dimensiones de la pobreza que no quedan reflejadas cuando solamente se observa el nivel de ingresos de los hogares.
En ese sentido, Tuñón señaló que cuatro de cada diez chicos no cuentan con vestimenta o calzado adecuado, una situación que adquiere especial relevancia durante el invierno y en una etapa de crecimiento permanente.
La especialista explicó que la ropa y el calzado no representan únicamente una necesidad material, sino que también forman parte de la identidad y de la integración social de los niños: “La vestimenta tiene que ver con la identidad, con cómo el niño de alguna manera se identifica con sus pares, es un atributo de pertenencia”, explicó.
El estudio también contempla otras dimensiones vinculadas al bienestar infantil, entre ellas el malestar psicológico, las posibilidades de socialización y la capacidad de establecer vínculos con otros niños.
Para Tuñón, estos aspectos permiten comprender que la pobreza infantil es un fenómeno multidimensional, que no puede ser explicado únicamente a partir de cuánto dinero ingresa a un hogar: “Hay dimensiones o aspectos que muchas veces la pobreza monetaria, que es la única que se mide en el caso de la Argentina, no pueden ser visibilizadas, no pueden ser medibles”, señaló.

La escuela y las desigualdades que aparecen desde los primeros años
Durante la entrevista, también se analizó el papel de la escuela como espacio de contención frente a las dificultades económicas y sociales, Tuñón remarcó que una parte importante del desarrollo infantil ocurre antes del ingreso al sistema educativo y depende principalmente de las condiciones existentes dentro de cada hogar.
Una vez que los niños llegan a la escuela, además, lo hacen con desigualdades que ya se encuentran instaladas, la investigadora cuestionó que las políticas alimentarias implementadas en distintos ámbitos no siempre logren garantizar una alimentación adecuada y nutritiva: “Estas ingestas alimentarias no siempre son adecuadas, no son siempre las nutritivas y muchas veces son las únicas a las cuales se accede”, afirmó.
En ese contexto, consideró que las políticas de asistencia tienen un carácter complementario y que, en muchos casos, no alcanzan la escala necesaria para responder a las dimensiones del problema: “Más de la mitad de los chicos” vive en hogares con inestabilidad laboral
Otro de los factores centrales mencionados durante la entrevista fue la situación laboral de los adultos responsables de los hogares, Tuñón señaló que una parte importante de los niños vive en familias donde los adultos atraviesan situaciones de empleo inestable, informalidad o precariedad: “Más de la mitad de los chicos viven en hogares donde la situación de trabajo de los adultos es bastante inestable”, indicó.
Esta realidad permite comprender, según la especialista, por qué las políticas de transferencia de ingresos continúan siendo necesarias después de décadas.

La “infantilización de la pobreza”
Consultada sobre el concepto de infantilización de la pobreza, Tuñón explicó que se relaciona con la mayor concentración de niños en hogares atravesados por privaciones: “Donde hay niños hay mucha mayor probabilidad de que esto ocurra”, sostuvo.
La investigadora destacó que la presencia de niños incrementa la probabilidad de que un hogar se encuentre en contextos de mayores dificultades económicas y sociales, lo que convierte a la infancia en uno de los sectores más expuestos a la pobreza.
La urgencia está en los primeros años de vida
Finalmente, Tuñón puso el foco en la necesidad de intervenir de manera temprana, especialmente en materia alimentaria: “Los que tienen que ver con lo alimentario en los primeros años de vida son fundamentales porque son de carácter irreversible. Sobre todo en el primer año de vida”, remarcó.
Si bien reconoció que existen situaciones que pueden ser revertidas mediante políticas públicas, cuestionó la falta de continuidad y escala de algunas intervenciones.
En ese sentido, sostuvo que Argentina necesita políticas capaces de trascender las gestiones y sostenerse en el tiempo para abordar de manera integral las distintas dimensiones de la pobreza infantil.
La entrevista a Ianina Tuñón se realizó en comunicación con el programa La Última Rosca, emitido por Radio Up, donde analizó los principales resultados del relevamiento y puso en debate las condiciones de vida de niños y adolescentes en el país.



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