Desde la siesta de Kiev, el periodista misionero Jorge Balanda, representante de la comunidad ucraniana en Argentina, contó en Arriba la Radio por Radio Up cómo es vivir bajo ataques continuos: el ingreso terrestre desde Polonia, los refugios subterráneos, la naturalización de las sirenas y la vida cotidiana en medio de la guerra en Ucrania.
El representante de la colectividad acompaña a la actual embajadora argentina en Ucrania, Elena Leticia Mikusinski, mientras que espera retornar a Misiones en los próximos días. «Es un viaje que necesitaba hacer», aseguró antes de relatar el dolor de la guerra.

Balanda explicó que llegar a ese país exige recorrer largas distancias por vía terrestre: “Hay que ingresar desde Polonia, Rumania o Moldavia. Yo hice Varsovia–Kiev, un viaje de 15 horas en tren. No hay posibilidad alguna de hacerlo vía aérea. Todo absolutamente todo es terrestre”.
A las medidas de control en las fronteras se suman estrictos protocolos de seguridad en estaciones de tren. La guerra interrumpió cualquier normalidad en los traslados.
La vida diaria con toque de queda
El periodista describió un contraste entre el día y la noche en Kiev: “A las 12 de la noche hay toque de queda, no se puede salir. Durante el día la actividad parece normal: los chicos van a la escuela, aunque en ciudades bajo fuego, como Járkov o Zaporiyia, las clases son online”.
Incluso con ese clima tenso, Balanda resaltó que la rutina se mantiene lo más posible: universidades en funcionamiento, comercios abiertos y tránsito cargado en la capital.

Sirenas y bombardeos constantes
Uno de los momentos más impactantes fue el bombardeo del domingo 28 de septiembre en Kiev: “Fue terrible. Bombardearon la ciudad entre las 2 y las 8 de la mañana con más de 500 drones. Destruyeron un barrio entero, cayó un dron sobre la embajada polaca y hubo muertos. Escuchamos el repiqueteo de las armas que tratan de derribar los drones”.
El relato refleja la crudeza cotidiana: “Hay chicos de tres años que en vez de canción de cuna saben lo que es una sirena. Escucharla significa salir corriendo con lo puesto hacia un sótano o refugio”.

Dormir en alerta en Ucrania
Las noches en Kiev son sinónimo de tensión: “Mucha gente duerme con lo puesto, lista para bajar a los sótanos. El temor es mayor en edificios altos, donde los daños son más graves. Hay una aplicación que te avisa si es dron o misil y la gente se prepara para refugiarse”.
La población, dijo, “se va acostumbrando a lo inaceptable”: tránsito intenso en la tarde y calles despobladas tras el toque de queda.
Los subterráneos construidos en época soviética son clave para sobrevivir: “El metro de Kiev es impresionante. Hay estaciones como Arsenal que están a más de 100 metros de profundidad. Allí abajo incluso se hacen festivales porque es un lugar seguro”.

Con generadores eléctricos en casi todos los edificios, la población de Ucrania enfrenta también los cortes de energía provocados por los ataques rusos.
Pese al dolor, Balanda subrayó la resiliencia ucraniana: “Es tremendo vivir entre sirenas y explosiones, pero al mismo tiempo admiro la postura de la gente. Los jóvenes estudian, las familias siguen adelante. Es un espíritu de resistencia admirable”.



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