A más de un mes de la liberación del cepo cambiario, el mercado argentino se encuentra inmerso en un escenario inédito: baja volatilidad cambiaria, desaceleración inflacionaria y nuevas oportunidades de inversión en pesos. Contra todo pronóstico inicial, el dólar no se disparó, sino que se mantiene en niveles estables dentro de las bandas definidas por el Banco Central. Esta dinámica está cambiando el comportamiento de los inversores y la percepción sobre los riesgos del régimen económico actual.
Desde el 11 de abril, el tipo de cambio dejó de ser administrado y comenzó a flotar dentro de un esquema de bandas. El piso actual se sitúa en $990 y el techo en $1400. Mientras el dólar contado con liquidación (CCL) cayó de $1350 a $1150, el dólar oficial se mantiene cerca de $1150, sin que el Banco Central haya intervenido hasta el momento. Esta quietud cambiaria contrasta con los temores de un salto brusco devaluatorio que muchos anticipaban.
El régimen actual permite que el dólar se mueva libremente entre los extremos definidos por oferta y demanda. La intervención oficial solo se activará si el tipo de cambio toca alguno de los límites. Este diseño ha logrado reducir drásticamente la volatilidad: la media de cinco días del CCL cayó del 50% al 5%, y la del dólar oficial, del 100% al 15%.
Uno de los efectos inmediatos de esta estabilidad cambiaria es la desaceleración de la inflación. El IPC de abril se ubicó en 2,8%, por debajo del 3,7% de marzo y por debajo de lo que esperaba el mercado. La calma cambiaria evita el pass-through, es decir, el traslado a precios de los movimientos del tipo de cambio, y permite que los precios internos se estabilicen.
Las proyecciones privadas anticipan una inflación aún más baja para los próximos meses: 1,7% mensual entre mayo y agosto, bajando a 1,6% en adelante. Este proceso de desinflación fortalece el poder de compra en pesos y alienta a los inversores a buscar oportunidades en activos locales.

Inversores vuelven al peso: Lecaps y bonos CER
La baja volatilidad y el freno inflacionario reconfiguraron el mapa de inversiones. En este nuevo entorno, instrumentos como las Lecaps —letras del Tesoro en pesos a tasa fija— y los bonos ajustados por CER (inflación) ganan protagonismo.
Las Lecaps ofrecen tasas del 30% anual, y algunos vencimientos, como el de agosto (S29G5), permiten cubrirse incluso ante un tipo de cambio de hasta $1243, generando margen ante eventuales subas del dólar. La curva de tasas está invertida: los rendimientos en el corto plazo (2,5%) superan a los de plazos más largos (2,3%), lo que refleja una expectativa de menor inflación futura.
Por otro lado, los bonos CER captan el interés de quienes buscan cobertura ante eventuales shocks inflacionarios. Hoy la curva CER opera con tasas reales cercanas al 10%, lo que ofrece rendimientos positivos incluso si la inflación se mantiene baja. En un escenario adverso, este tipo de instrumentos tienden a sobreperformar al resto de los activos en pesos.
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¿Vuelve el carry trade?
La combinación de tipo de cambio estable, baja inflación y tasas nominales atractivas está reactivando una estrategia clásica: el carry trade, que consiste en endeudarse en dólares para invertir en pesos.
Con un dólar financiero en la parte baja de la banda ($1150, frente a un centro estimado en $1200), los analistas consideran que aún hay margen para ganar diferencial de tasas sin un riesgo elevado de devaluación. Sin embargo, advierten que esta estrategia requiere un monitoreo constante ante posibles cambios en el flujo de dólares, sobre todo en el segundo semestre.
El programa económico prevé un incremento de las liquidaciones del agro y nuevos desembolsos del FMI, lo que reforzaría la estabilidad cambiaria y permitiría mantener el atractivo de los instrumentos en pesos durante los próximos meses.
En este nuevo contexto, los portafolios más conservadores privilegian una asignación del 70% en instrumentos en pesos —principalmente Lecaps y CER— y un 30% en activos dolarizados, como bonos soberanos en moneda dura o CEDEARs de empresas extranjeras. La idea es equilibrar rendimiento y cobertura, apostando a un escenario base de estabilidad sin resignar protección ante eventuales shocks.
El escenario actual ofrece una ventana de oportunidad para los inversores locales: tasas reales positivas, menor inflación y un dólar que, por ahora, dejó de ser una amenaza latente. Sin embargo, la sostenibilidad de este equilibrio dependerá de factores clave como la continuidad del anclaje fiscal, la entrada de divisas, y la ausencia de eventos disruptivos que puedan romper la calma.

¿El dólar flota? y... ¿Quién lo controla? esto es... ¿Demasiado perfecto para ser cierto?
El Gobierno logró lo impensado: liberar el cepo sin un estallido inflacionario ni una corrida cambiaria. Pero no es magia. Es una combinación quirúrgica entre bandas de flotación cambiaria, política monetaria ultra contractiva y una confianza prestada por el FMI. El tipo de cambio quedó flotando entre $990 y $1.400, pero no se mueve de los $1.150. ¿Demasiado perfecto para ser cierto? El mercado se calmó, sí. Pero la calma también puede ser anestesia.
La inflación de abril fue 2,8% y la expectativa para mayo ronda el 1,7%. Nadie lo creía posible en enero, pero ahora todos compran bonos en pesos como si el ajuste hubiera sido una vacuna y no una cirugía sin anestesia. Las Lecaps, los Boncer y hasta la tasa fija vuelven a seducir, con la idea de que el dólar ya no es el termómetro del miedo. La Argentina pasó de ser un horno a una sala de espera, y muchos inversores creen que es el momento de apostar, aunque sea por unos meses.
Pero la pregunta que sobrevuela es la siguiente: ¿Quién está comprando tiempo? Porque la flotación es real, pero también lo es el riesgo de volver a caer si se rompe el equilibrio entre oferta y demanda de dólares. Las tasas altas son un ancla, sí, pero también una promesa con vencimiento. ¿Qué pasa cuando termine la tregua del campo, o cuando el FMI diga basta? La baja de la volatilidad no es el final de la película. Es el intermedio.



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