Con el objetivo de contener la inflación y calmar los precios en góndola de cara al calendario electoral, el Gobierno nacional intensificó su monitoreo de precios y convocó a una nueva mesa de negociación con los principales actores del comercio minorista y mayorista. El foco central de la reunión fue el precio del aceite, uno de los productos con mayor presión alcista en los últimos meses.
El encuentro fue encabezado por el secretario de Coordinación de Producción, Pablo Lavigne, y el subsecretario de Defensa del Consumidor y Lealtad Comercial, Fernando Blanco Muiño. Asistieron representantes de supermercados nucleados en la Cámara Argentina de Supermercados (CAS) y la Federación Argentina de Supermercados y Autoservicios (FASA); almaceneros de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires (FABA); y mayoristas representados por la Cámara de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas (Cadam).

Desde el Gobierno agradecieron a los comercios por no convalidar aumentos desmedidos y resaltaron la estabilidad del tipo de cambio como un respaldo al rumbo económico actual, que —según afirmaron— no contempla controles directos de precios.
En la reunión, se destacó que varias empresas aceiteras moderaron sus pedidos de aumento: pasaron del 12% inicialmente solicitado al 5%. Sin embargo, una de las marcas líderes del mercado insiste en aplicar subas a través de los mayoristas, argumentando el impacto del aumento internacional del girasol.
En paralelo, comerciantes y distribuidores señalaron que no validarán aumentos salariales que pongan en riesgo la estabilidad comercial, sobre todo en un contexto donde la inflación comienza a desacelerarse.
En algunos puntos del país se detectaron retoques en los precios de góndola, aunque también se multiplicaron las promociones. Entre ellas, el “Black Week Mayorista”, que ofrece descuentos de hasta el 40% y busca reactivar la demanda en un contexto de consumo ajustado.
A pesar del freno general al consumo, el sector muestra leves signos de recuperación: en abril, el consumo masivo creció un 0,1% interanual según Scentia, y las ventas a precios constantes subieron 1,5% en febrero, de acuerdo con los últimos datos del Indec. En esta reactivación, los mayoristas y almacenes lideran la competencia por captar al consumidor que compra solo lo indispensable.
Leé más: El intercambio comercial aumentó 17,8% en abril
Mayoristas y la formación de precios en mercados oligopólicos
En economía, un mercado oligopólico es aquel donde un número reducido de empresas concentra una gran parte de la oferta de un determinado bien o servicio. Esto les otorga poder de mercado, es decir, la capacidad de influir en el precio sin perder automáticamente una proporción significativa de sus clientes.
A diferencia de un mercado de competencia perfecta, donde muchas empresas compiten bajando precios, en un oligopolio las decisiones de precios no se toman de manera aislada, sino considerando las posibles reacciones de los competidores. Por eso, es habitual observar comportamientos como precios similares entre marcas líderes, subas coordinadas o resistencia común a bajar precios aun en contextos de baja demanda.

En el caso del aceite, el Gobierno identificó que una de las marcas líderes solicitó un aumento del 12%, que luego moderó al 5%. Esta conducta es consistente con lo esperado en un mercado oligopólico, donde una empresa con fuerte participación puede marcar la pauta del precio, y las demás tienden a alinearse para evitar pérdida de rentabilidad.
Este tipo de comportamiento tiene implicancias directas en la política de precios del Estado. En contextos donde se intenta controlar la inflación sin aplicar controles directos, como ocurre actualmente, la formación de precios en mercados oligopólicos se convierte en una variable crítica, ya que el poder de las empresas líderes puede dificultar la desaceleración inflacionaria, incluso cuando otros indicadores —como el tipo de cambio o los salarios— se mantienen estables.
Por este motivo, las negociaciones entre el Gobierno, supermercados y mayoristas buscan contener posibles aumentos desde la fuente, antes de que se consoliden en la cadena de distribución. El desafío estructural es que, en un mercado con pocos oferentes y alta concentración, el precio final depende tanto de los costos como de las decisiones estratégicas de esas pocas empresas dominantes.



//



