Los resultados de las pruebas PISA volvieron a poner en debate la situación de los aprendizajes y las dificultades que atraviesa el sistema educativo. Para Irene Kit, especialista en evaluación educativa y evaluadora de PISA, el análisis no debería concentrarse en buscar culpables, sino en identificar qué se puede modificar desde ahora.
“El lamento ya me fatiga”, sostuvo Kit al analizar las reacciones que suelen generar los malos resultados. En ese sentido, remarcó que, aunque cuestiones como la pobreza tienen una incidencia evidente en las oportunidades educativas, la escuela no puede esperar a que se resuelvan los problemas sociales para actuar.
La especialista explicó que PISA no evalúa simplemente los contenidos que un estudiante debería conocer a los 15 años, sino las capacidades que logró consolidar a lo largo de sus años de escolaridad obligatoria, especialmente en lengua, matemática y ciencias.
“No es que está midiendo el contenido curricular de ese año escolar, sino cómo, a lo largo de por lo menos 10 años de educación obligatoria, qué capacidades lograron consolidar en lengua, en matemática y en ciencias”, explicó.
Kit también puso los resultados argentinos dentro de un escenario internacional. Según señaló, la caída del rendimiento no es un fenómeno exclusivo de Argentina, sino que alcanzó a numerosos países que participaron de la evaluación.
“Estamos en un contexto global de caída”, planteó, y vinculó parte de esa situación con los cambios producidos por la expansión del mundo digital y el uso cotidiano de las pantallas.
El impacto de las pantallas en los aprendizajes
Uno de los principales ejes planteados por Kit fue la incidencia que tiene el entorno digital sobre los hábitos mentales de los estudiantes. La especialista sintetizó el problema en tres características: la búsqueda de recompensa inmediata, la pasividad y la atención dispersa.
“Esas tres cuestiones, recompensa inmediata, pasividad y dispersión, van justo en contra de lo que se necesita para desarrollar cualquier aprendizaje significativo”, afirmó.
Según explicó, aprender requiere justamente lo contrario: postergar la recompensa, sostener el esfuerzo y mantener una atención enfocada. Y esas capacidades resultan fundamentales tanto para comprender un texto como para resolver un problema matemático o adquirir conocimientos en cualquier disciplina.
“La primera vez que hacemos un plato de comida nuevo probablemente no nos salga bien, la primera vez que estudiamos una materia de periodismo no nos saldrá bien y la primera vez que escribimos o trabajamos matemáticas no nos va a salir bien”, ejemplificó para remarcar que el aprendizaje necesita tiempo, práctica y perseverancia.
En ese marco, Kit advirtió que la escuela todavía no terminó de definir cómo relacionarse con el mundo digital: si debe adaptarse completamente a esas nuevas formas de consumo o si debe funcionar también como un espacio donde los estudiantes desarrollen capacidades que difícilmente puedan adquirir a través de las pantallas.
“Saber leer” no alcanza
La especialista puso especial énfasis en las dificultades vinculadas con la comprensión lectora. Explicó que un estudiante puede saber leer en el sentido básico de decodificar un texto, pero eso no significa necesariamente que pueda comprenderlo, interpretarlo y utilizar la información para elaborar conclusiones.
“Una cosa es leer un texto recreativo, otra cosa es leer un texto para aprender y para sacar una conclusión, son distintas lecturas”, explicó.
Kit vinculó esta dificultad con una tendencia que también se observa fuera de las aulas: la necesidad de obtener información rápidamente y evitar textos que demanden un esfuerzo sostenido.
“Te mandan un PDF de dos páginas y ¿qué dice arriba? No sé”, ironizó al describir un entorno en el que incluso textos relativamente breves pueden percibirse como demasiado extensos.
Para la especialista, la comprensión lectora debe ser trabajada en todas las materias y no solamente en Lengua. Lo mismo, sostuvo, debería ocurrir con determinadas habilidades matemáticas.
Una escuela con nuevas prioridades
Frente a este escenario, Kit propuso que el sistema educativo defina con mayor claridad cuáles deben ser sus prioridades. Entre ellas mencionó el desarrollo de capacidades de pensamiento complejo, la convivencia y la posibilidad de expresar la propia interioridad a través del arte y el deporte.
La especialista consideró que esto permitiría reorganizar el trabajo de los docentes sin necesariamente modificar por completo la estructura escolar.
También planteó la necesidad de recuperar las denominadas “producciones auténticas”: trabajos realizados por los propios estudiantes a partir de sus intereses y con el aporte de diferentes disciplinas.
“Hay que reconquistar ese orgullo de ‘lo hice yo’”, afirmó Kit, quien cuestionó la creciente utilización automática de herramientas de inteligencia artificial para producir trabajos escolares.
En esa línea, señaló: “Estoy harta de los flyers producidos por IA, son todos iguales”.
Recuperar a quienes llegan con dificultades
Otro de los puntos abordados durante la entrevista fue qué ocurre con los estudiantes que llegan a la secundaria arrastrando problemas de lectura, escritura o matemática.
Kit consideró que el sistema necesita fundamentalmente tiempo y recursos didácticos para poder acompañar esos procesos.
En matemática, explicó que muchas dificultades que aparecen en la secundaria tienen su origen en aprendizajes que no fueron consolidados durante la primaria. Por eso, planteó que debería existir tiempo específico para reforzar contenidos y acompañar a los estudiantes que quedaron rezagados.
También sostuvo que los docentes necesitan más herramientas para enseñar y que el trabajo con matemática y lengua no puede quedar exclusivamente en manos de los profesores de esas asignaturas.
“El dominio de la palabra escrita transcurre en todas las asignaturas”, remarcó.
¿Se pueden revertir los resultados en tres años?
Consultada sobre la posibilidad de mejorar los resultados educativos en un período de tres años, Kit fue contundente: “Yo creo que sí”.
Para conseguirlo, planteó la necesidad de alinear tres factores: una decisión política clara, un compromiso técnico de los especialistas y una movilización social.
La decisión política debería establecer metas concretas y garantizar financiamiento. Desde el ámbito académico, reclamó propuestas didácticas que sean válidas, pertinentes y aplicables a las condiciones reales de las aulas.
Y finalmente llamó a involucrar a la sociedad, los medios y las redes sociales en una recuperación de la confianza en las capacidades humanas.
“En este mundo de la inteligencia artificial hay que hacer como un llamado a despertar nuestra inteligencia humana”, sostuvo.
Kit cerró la entrevista con una propuesta dirigida especialmente a los adultos: preguntarles a los jóvenes qué aprendieron realmente en la escuela.
“Entrevisten a algunos jóvenes que les cuenten qué hicieron en la escuela, cómo transcurrió el tiempo, porque si no somos todos los canosos hablando de lo que les pasa a los chicos y no está nada bien tampoco”, planteó.
Y, en tono de cierre, volvió sobre uno de los protagonistas de la conversación: “De paso les sacamos el celular de la mano que los tiene tan a mal traer”.



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