Lorena Vázquez, madre de Dante, un joven de 18 años con malformación craneofacial que cursa sexto año en la EPET N°3 de Oberá, denunció que su hijo fue blanco de pintadas violentas en los baños de la escuela. Los mensajes lo identificaban por su apellido, lo calificaban como «deforme» y anticipaban que sería «blanco de un tiroteo». La mujer confirmó en Radio UP que retiró a su hijo del establecimiento hasta que se garanticen su seguridad.
La familia realizó la denuncia policial y presentó una nota en la institución para que Dante continúe sus estudios de manera virtual, sin recibir faltas. Vázquez contó a este medio que se enteró de las amenazas por un mensaje de WhatsApp del preceptor, no por una comunicación formal de la escuela. «Imagínense el shock que me agarró cuando vi por WhatsApp y que la escuela no hizo nada», expresó la madre.
También contó que, actualmente, el director de la EPET N°3 se encuentra de licencia y recién este lunes lo a asignar como encargado suplente. «Nosotros noticias formales no tenemos nada, no sabemos nada, mi hijo está en mi casa, no va a la escuela», aseveró la madre.
Según su relato, la escuela tenía amenazas grupales, pero se detectaron dos pintadas en el baño de las chicas dirigidas específicamente contra su hijo. «La escuela no hizo nada. Me estaban diciendo ‘vamos a averiguar, son cosas de chicos'», denunció Vázquez. Ante esa respuesta, la familia decidió actuar por su cuenta y radicar la denuncia policial esa misma noche, por la cual se está realizando una investigación.
Actualmente no tienen indicios del responsable de las pintadas. La madre explicó que Dante cuenta con un grupo de estudio conformado desde el incio de la secundaria, y que, como la comunidad educativa no es muy grande, «la idea es ir atando cabos para llegar a la persona que pintó la pared»
Un historial de violencia que viene desde el nivel inicial
Vázquez contó que el historial de bullying y discriminación contra Dante comenzó desde que empezó a socializar, en el nivel inicial. El niño concurría con una traqueotomía y necesitaba cuidados especiales, incluso asistía con una enfermera. «Era un niño pequeño de dos años todavía usaba pañales . También la escuela nos aceptó», recordó la madre.
En esa época, un padre hizo un escándalo y dijo que Dante podía contagiar por las mucosidades que le salían por la cánula. La maestra respondió con altura, según relató Vázquez. «Si yo limpio los mocos a un nene en la nariz, a mí no me cambia limpiarle los mocos a él que le sale de la cánula», fue la respuesta de la docente.
Dante atravesó múltiples cirugías reconstructivas y, desde los tres años, recibe terapia multidisciplinaria y acompañamiento psicológico. «Él al tener muchas intervenciones involuntarias y mucho dolor, empezó a tener pánico de ir a los médicos, pánico de entrar al quirófano», explicó su madre. «Entendía perfectamente lo que era un prequirúrgico», agregó.
Inclusión escolar: una deuda pendiente
Consultada sobre los compromisos de escuelas inclusivas que atienden a todos los alumnos por igual, Vázquez fue contundente. «Creo que nos falta mucho, no hay interés, no hay interés social ni en la comunidad escolar tampoco, porque los casos son pocos». La madre señaló que falta involucrarse más y que hay que invertir en la parte humana, en los valores que uno le enseña a la familia.
Leé también: Por la denuncia, hay una investigación en curso, pero la familia aún aguarda respuestas concretas sobre las medidas que adoptará la institución.
«Hablar de las condiciones físicas, de la sexualidad, del racismo. Nos falta mucho para realmente vivir la inclusión escolar», sentenció. Vázquez también cuestionó la falta de reacción de otros padres. «Recibí muchos mensajes de gente que me decía ‘qué barbaridad, me solidarizo’, pero nada relevante, nadie, nada», lamentó.



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