Misiones logró un avance estratégico para una de sus cadenas productivas con mayor potencial exportador. La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación reconoció oficialmente la Indicación Geográfica (IG) “Té Argentino”, un sello que certifica origen y calidad del té producido en Misiones y el noreste de Corrientes, y que promete convertirse en un diferencial competitivo frente a los grandes mercados internacionales.
El reconocimiento quedó formalizado a fines de 2024 mediante la Resolución 126/2024 y fue el punto final de un proceso técnico de más de un año impulsado por el Ministerio del Agro y la Producción de Misiones, junto a la Asociación de Té, el INTA y el INTI, con el objetivo de definir un protocolo común de producción, trazabilidad y estándares.
La Indicación Geográfica no solo funciona como un “sello”, sino también como una herramienta legal: protege el nombre, defiende el origen y obliga a que la producción y elaboración se realicen dentro de la región delimitada. Para Misiones, donde el té es una economía regional que convive con otras actividades como yerba, forestación y tabaco, el reconocimiento aparece como una oportunidad concreta de vender con identidad y respaldo oficial, y no solo por volumen o precio.

Qué cambia con la Indicación Geográfica: del té “genérico” al té con origen certificado
En el mercado internacional, el té se vende por calidades, pero también por identidad de origen. En esa lógica, la IG actúa como una especie de “documento” que le pone nombre y zona a un producto.
La figura está regulada por la Ley 25.380 y funciona como un derecho de propiedad intelectual: no se trata de un invento comercial, sino del reconocimiento de cualidades preexistentes vinculadas a un territorio. Dicho de otra forma: la IG no dice que el té es bueno porque alguien lo promociona, sino porque sus características se sostienen en condiciones agroecológicas y prácticas productivas regionales.
Por eso el sello exige algo clave: para ser “Té Argentino” con IG, todas las etapas deben realizarse en la zona reconocida, desde la producción hasta la elaboración final.

El diferencial misionero: polifenoles, sabor más suave y brillo en infusión fría
El protocolo establece que el té producido en la región tiene atributos distintivos: alto contenido de polifenoles, asociado a capacidad antioxidante, un perfil menos astringente, con notas más suaves y dulces y brillo y traslucidez en infusión fría, un detalle apreciado por el mercado
Estos elementos no se explican solo por el manejo industrial, sino por el ambiente. Misiones, con su relieve ondulado y los suelos rojos, combina condiciones que hacen que su té sea reconocido como un producto particular.
Además hay un componente histórico que pesa: el cultivo comenzó en Argentina en 1923, lo que consolidó una tradición productiva que hoy busca convertirse también en una marca comercial respaldada por el Estado.
La apuesta oficial: más competitividad y protección del “valor origen”
Desde el Gobierno provincial remarcaron que la IG forma parte de una política para mejorar el posicionamiento del producto.
El ministro del Agro, Facundo López Sartori, afirmó que la Indicación Geográfica: “es una política que fortalece a los productores y elaboradores, mejora el desempeño del té argentino tanto en el mercado local como internacional y consolida el valor del origen como un diferencial competitivo”.
En tanto, la subsecretaria Luciana Imbrogno sostuvo que: “este reconocimiento posiciona al té argentino a nivel global, garantiza que el producto cumpla con estándares de calidad y de preservación ambiental, y protege su valor cultural y productivo como propiedad intelectual”.
Detrás de esa lectura institucional aparece un concepto que el sector viene reclamando hace años: no alcanza con producir, también hay que diferenciarse. Y en un mercado donde se compite contra países con escala enorme, el origen certificado puede ser la herramienta para disputar valor.

Quién controla el sello y qué empresas pueden usarlo
La IG tiene un esquema de administración y control que incluye auditorías y trazabilidad. La gestión está en manos de la Asociación Civil Consejo de la Indicación Geográfica Té Argentino, mientras que el cumplimiento del protocolo es supervisado por un Consejo Asesor con participación del Ministerio del Agro, INTA e INTI.
La directora general de Yerba Mate y Té, Tatiana Bida, explicó: “el Consejo Asesor coordinado por el Ministerio realiza las auditorías técnicas a las plantas elaboradoras para verificar que cumplen rigurosamente con todos los estándares de calidad, origen y trazabilidad establecidos en el pliego de condiciones de la IG, habilitándolas para utilizar el sello distintivo de ‘Té Argentino’. Para nosotros es clave el trabajo interinstitucional”.
El punto no es menor: el sello no se entrega automáticamente. Se habilita luego de verificar que la empresa cumple condiciones y puede sostener calidad y control de proceso.
Un incentivo directo: reintegro extra del 0,5% para exportar
Además del valor simbólico, la IG incluye un beneficio económico concreto. Según se informó, los productos con este sello pueden acceder a un reintegro adicional del 0,5% sobre el valor exportado, en base al Decreto 1341/16.
Ese incentivo, aunque parezca pequeño, se vuelve relevante en mercados internacionales donde márgenes y competencia se definen por centavos, logística y escala.

Las 15 empresas que ya integran la Indicación Geográfica “Té Argentino”
Actualmente ya forman parte del esquema certificado: Akasha Tea, Del Iguazú Infusiones, Hebras Misioneras, Té Kaeriyama, Doña Irma Té Artesanal, Infusiones Jesper, Cooperativa Agrícola Ltda. Ruiz de Montoya, Cooperativa Yerbatera Dos de Mayo Ltda., Don Basilio, Klimiuk Infusiones, Don Layo S.R.L., Valmitran, Fontana S.A., Martin Bauer Argentina y Las Treinta S.A.
En el fondo, la IG tiene un objetivo económico: que el té deje de ser visto como un commodity indistinto y pase a consolidar un perfil de origen con atributos verificables. Misiones produce, pero además quiere “marcar” su té.
Ese es el cambio de paradigma: vender lo mismo, pero con identidad. Y que esa identidad se traduzca en mejores condiciones comerciales para productores, cooperativas y elaboradores.



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