Al incremento en los costos veterinarios y la falta de ayuda, se suma otro factor que complejiza la tarea de las y los rescatistas: menos familias deciden adoptar animales rescatados de la calle. Así lo describió Luana Ramírez, una amante de los animales que trabaja de manera independiente en Garupá, quien aseguró que actualmente -a diferencia de años anteriores- resulta mucho más difícil conseguir familias dispuestas a adoptar: “Veo muchísimas menos adopciones que antes”, afirmó a Radio Up.
Según explicó, muchas personas buscan animales con fines específicos y no como un compromiso a largo plazo. “Quieren adoptar un perro para cuidar la casa o para un niño en particular. Y eso muchas veces termina en tenerlos atados o en condiciones que no son buenas”, señaló. Esa lógica, advirtió, choca de frente con la idea de adopción como responsabilidad permanente: “Adoptar un animal es para siempre”, remarcó.

La situación se agrava cuando los animales requieren cuidados especiales. “A la gente ya le cuesta adoptar un animal sano, imaginate lo que es darle lugar a uno enfermo o lastimado”, confió. Muchos de los perros y gatos rescatados necesitan tratamientos diarios, alimentación controlada o seguimiento veterinario, lo que reduce aún más las posibilidades de adopción.
Crece la compra de animales y advierten por el destrato: "Cuando crecen, no saben qué hacer y los regalan"
Ramírez también apuntó contra la compra de mascotas, una práctica que, según sostuvo, creció en los últimos años. “Hubo una época en la que se compraban mucho perros pitbull. Después, cuando crecían y dejaban de ser cachorros, no sabían qué hacer y los regalaban”, relató. En otros casos, esos animales son utilizados para criar y vender más cachorros, alimentando un círculo que termina en abandono.
“Es un ciclo de comprar animales sin conciencia, sin saber cómo abordarlos ni cómo cuidar su salud”, expresó. Además, advirtió que muchas razas arrastran problemas de salud que aparecen con el tiempo y que quienes compran no siempre están preparados para afrontar.

El panorama se vuelve aún más complejo con los abandonos urgentes. “Gente que se cambia de alquiler, se va de viaje o del país y necesita ubicar al perro en una semana. Si no, el animal queda en la calle”, explicó. A eso se suman escenas extremas: “He visto bebés recién nacidos tirados en cajas. Sacarlos de ahí es tremendo”.
Para Luana, el problema de fondo es la falta de conciencia social. “Las personas no dimensionan qué decisión están tomando cuando adoptan o compran un animal”, afirmó. Mientras tanto, la cantidad de perros y gatos que necesitan un hogar no deja de crecer, y las redes de rescatistas, cada vez más saturadas, intentan sostener una tarea que hoy la sienten desbordada.
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