Luana Ramírez, rescatista independiente, advirtió que la colaboración de la comunidad cayó mientras los costos veterinarios se volvieron cada vez más difíciles de afrontar. Hoy sostiene a más de veinte animales y relata episodios de abandono que no dejan de repetirse. “Una consulta veterinaria ronda entre 20 y 25 mil pesos. Si el animal no tiene nada grave, cada asistencia cuesta entre 60 y 70 mil pesos”.
La joven de 24 contó que, lo que comenzó a los 13, casi como un acto instintivo de empatía, hoy se convirtió en una tarea constante que exige tiempo, dinero y una entrega emocional que pocas veces es visible. “No es que alguien te designa rescatista, es algo que sale de querer salvarle la vida a un animal”, explicó a Radio Up.
Actualmente, Luana tiene bajo su cuidado unos 13 gatos y 11 perros, una cifra que reconoce como un límite. “Llegué a tener 26 animales. Ese fue mi tope. Porque cuando son tantos, la calidad de vida baja para ellos y para una también”, cuenta. Alimentación, vacunas, tratamientos, traslados y controles diarios forman parte de una rutina que, lejos de aliviarse, se volvió más compleja en los últimos años.

Costos veterinarios en alza y colaboración que no llega
Según relató, la colaboración de la gente disminuyó notablemente. “Antes, si bien había muchos animales en la calle, las personas colaboraban más. Hoy juntar plata para atender un animal es muchísimo más difícil”, señaló. A eso se suma el aumento sostenido de los costos veterinarios, todos dentro del ámbito privado. “Una consulta ronda entre 20 y 25 mil pesos. Si el animal no tiene nada grave, igual se van entre 60 y 70 mil pesos. Y si está lastimado, podés llegar a necesitar 100 mil o 200 mil pesos”, detalló.
La situación se vuelve aún más crítica cuando las colectas no alcanzan. “A veces pasan dos semanas y no se logra juntar el dinero. Mientras tanto, el animal empeora y eso después implica gastar más”, explicó. Actualmente, Luana no tiene trabajo y depende del apoyo de su madre y de donaciones esporádicas: “Uno pone plata que no se devuelve. No ganás nada haciendo esto, más que ver al animal recuperarse”, describió.

Abandono animal
El abandono es otro de los problemas que más la atraviesan. “Veo demasiado abandono de animales que tenían hogar. Personas que se mudan y como no les aceptan mascotas, los dan en adopción o directamente los dejan”, lamentó. En algunos casos, la situación es todavía más cruda: “Nos dejaron animales atados al portón de casa. Vecinos que te dicen ‘no confío en nadie más, tomá, te los dejo’”.
Uno de los episodios más impactantes ocurrió recientemente, cuando su madre presenció cómo arrojaban una perrita desde un vehículo en plena Ruta 12. “La tiraron frente a ella. Obviamente la trajo a casa y ahora se está recuperando”, relató.

El desgaste es mucho, y la joven reconoció que en más de una oportunidad se replanteó junto a su familia cesar la actividad, pero Luana señala que es difícil correrse del rol. “Venimos diciendo que no vamos a agarrar más casos, pero cuando ves la situación, no podés mirar para otro lado”, contó.
En un contexto sin suficientes castraciones, sin entidades municipales que absorban la demanda y con cada vez menos ayuda, el rescate animal se sostiene, casi exclusivamente, a pulmón de quienes desean una vida mejor para los amigos de cuatro patas.
Ver esta publicación en Instagram



//



