La crisis de Granja Tres Arroyos generó un fuerte impacto social y económico en Capitán Sarmiento, una localidad bonaerense de unos 15.000 habitantes donde la planta avícola empleaba a más de 1.000 personas.
Durante la última semana, más de 700 trabajadores recibieron telegramas de despido, entre ellos 554 empleados de Capitán Sarmiento y otros trabajadores de localidades cercanas. Muchos llevaban más de dos décadas en la empresa y, además, arrastraban una situación de incertidumbre por la falta de pago de salarios, aguinaldo y vacaciones.
El cierre de la planta representa un golpe directo para una comunidad cuya economía depende en buena medida de la actividad de Granja Tres Arroyos. Uno de cada diez empleos de la ciudad estaba vinculado a la empresa, según el relevamiento difundido.

Ollas populares y solidaridad en Capitán Sarmiento tras el cierre de Granja Tres Arroyos
Ante la situación, vecinos, clubes, gremios y organizaciones comenzaron a organizar ollas populares, colectas de alimentos y asistencia para las familias afectadas.
Desde el Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación (STIA) ya se entregaba mercadería a empleados que no cobraban sus salarios y ahora se sumaron nuevas jornadas solidarias. También clubes y espacios privados de la ciudad comenzaron a reunir alimentos y brindar comida.

La crisis también impacta en la vida cotidiana de las familias. Algunos trabajadores evalúan abandonar Capitán Sarmiento en busca de nuevas oportunidades laborales, mientras crece la preocupación por el pago de alquileres, servicios, medicamentos y otros gastos básicos.
En paralelo, unas 300 personas que aún permanecen vinculadas a la empresa viven con incertidumbre sobre la continuidad de sus puestos.
La Municipalidad también reforzó la asistencia con alimentos, servicios, medicamentos y gestiones vinculadas a las obras sociales.
Mientras tanto, la planta retomó parcialmente la producción con un grupo electrógeno, en medio de una deuda millonaria y negociaciones por el suministro eléctrico. También trascendió que la empresa analiza presentarse en concurso de acreedores, aunque por ahora persisten las dudas sobre el futuro de la planta y de cientos de trabajadores.
Para Capitán Sarmiento, el temor va más allá de los despidos: la pérdida de cientos de salarios amenaza con profundizar el impacto en comercios y servicios de toda la ciudad.



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