Con la Plaza de San Pedro colmada de fieles, autoridades y representantes de más de 150 países, León XIV inició oficialmente su ministerio petrino con una misa marcada por la emoción, la humildad y un mensaje claro: es tiempo de amor, unidad y servicio.
“¡Esta es la hora del amor!”, proclamó el nuevo Pontífice, en el cierre de una homilía que conmovió a los presentes. León XIV expresó su deseo de una Iglesia que no se encierre en sí misma, sino que abrace al mundo con ternura y caridad.
La ceremonia comenzó con una oración ante la tumba del Apóstol Pedro, acompañado por Patriarcas de las Iglesias Orientales. Luego, se realizó la tradicional entrega de las insignias del ministerio papal: el Palio, impuesto por el cardenal Mario Zenari, y el Anillo del Pescador, entregado por el cardenal Luis Antonio Tagle.
El rito de obediencia al nuevo Papa fue realizado por doce representantes del Pueblo de Dios, en un gesto de profunda comunión eclesial. Entre ellos, estuvo presente el prepósito general de la Compañía de Jesús, padre Arturo Sosa.
Un pastor sin pretensiones
“Fui elegido sin ningún mérito y, con temor y temblor, vengo a ustedes como un hermano que desea hacerse siervo de la fe y de la alegría”, aseguró León XIV, en un discurso atravesado por la sencillez y la esperanza. Citando a San Agustín, recordó que el corazón humano solo encuentra descanso en Dios, e invitó a mirar a Cristo como luz y consuelo.
También hizo referencia a la muerte del Papa Francisco, a quien reconoció como una guía espiritual que marcó profundamente a la Iglesia: “Nos dejó como ovejas sin pastor”, dijo, para luego añadir que el cónclave se reunió buscando responder a los desafíos actuales sin perder la esencia del Evangelio.
Una Iglesia que preside en la caridad
En su mensaje, León XIV destacó que el ministerio de Pedro no se basa en poder ni imposición, sino en el amor oblativo, el mismo que vivió Jesús. "La Iglesia de Roma preside en la caridad", afirmó, y advirtió contra la tentación de ejercer el liderazgo desde la superioridad o la distancia.
“El verdadero poder en la Iglesia es la caridad. No se trata de propaganda ni de dominación, sino de amar como Cristo amó”, subrayó.
El nuevo Papa convocó a una Iglesia “unida, signo de comunión, fermento para un mundo reconciliado”. Frente a un contexto global marcado por la discordia, la violencia, el odio y la exclusión, instó a que los cristianos sean agentes de paz y fraternidad.
Una llamada misionera al mundo
La homilía concluyó con una invitación misionera: “¡Miren a Cristo! ¡Escuchen su Palabra! ¡Acójanlo y háganse parte de su única familia!”. En un tono firme pero esperanzador, León XIV alentó a salir al encuentro de los demás, sin encerrarse ni juzgar, sino con alegría y humildad.
“Juntos, como un solo pueblo, todos hermanos, caminemos al encuentro de Dios y amémonos los unos a los otros”, concluyó el Pontífice, en lo que ya muchos califican como el comienzo de un nuevo capítulo en la historia de la Iglesia.



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