En diálogo con Radio Up, el especialista, Dr. Daniel Hernández, vicerrector de investigación del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) trazó un panorama desolador respecto al ascenso social: “Estamos en una situación en donde no solo hay una crisis del mercado de trabajo, sino una crisis en cómo estamos generando seres humanos en Argentina”.
“Hay mucha gente que ya no cree que pueda ser alguien en este país”. Con esa frase cruda y directa, el Dr. Daniel Hernández, vicerrector de investigación del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), sintetizó el resultado de un estudio demoledor sobre las expectativas de jóvenes de barrios populares, recientemente publicado bajo el título La narrativa rota del ascenso social.
En este sentido, se refirió a un estudio, realizado junto con la organización Fundar, donde se relevó la situación en cuatro barrios populares de distintas regiones del país, con foco en los sectores más marginados. “Son lugares donde alguna vez nació también la esperanza de que los más postergados podían soñar un futuro para sí mismos y para sus hijos. Hoy lo que vimos es un panorama doloroso”, explicó Hernández.
Tres heridas abiertas: familia, escuela y barrio
Según el informe y el análisis del CIAS, la crisis que afecta a los jóvenes no es reciente, sino que se arrastra desde hace décadas: “Es un proceso de acumulación. Desde mediados de los 90 empieza a generarse esto, pero no lo notamos. Hoy los pibes te dicen: ‘esto no da más, no hay futuro para mí’”, indicó.
Para Hernández, el deterioro se concentra en tres ámbitos profundamente dañados:
- La crianza:
“Criar hoy a un pibe es una tarea casi imposible, y en los barrios populares es muy frustrante. El 80% de los jóvenes entrevistados dijeron: ‘yo no fui cuidado’. Estamos en una crisis de crianza”. - La escuela:
“Las escuelas están desbordadas. No pueden lidiar con estos pibes, y ellos no ven que la escuela les dé respuestas. No tenemos una escuela distinta, más potente, que les permita creer en el futuro”. - El barrio:
“En muchos casos el barrio está tomado por el narco, o por lo que los jóvenes llaman ‘las malas juntas’, el trance, el consumo, el robo. Si no creés en el futuro, te jugás la vida en cada momento para darle algún sentido. Además, no hay alternativas de socialización: faltan clubes, centros comunitarios, adultos presentes”.
Hernández fue categórico al describir la descomposición del entramado comunitario: “Tenemos una escuela estallada, un barrio tomado y familias desbordadas. Es muy difícil que de ahí surjan pibes que crean que hay una sociedad que los apoya”.

El vacío de sentido
“Cuando uno terminaba la secundaria o la universidad, lo hacía agradecido a su familia, sus profesores, sus amigos. Eso es sociedad. Estos pibes, cuando miran para atrás, no encuentran ni familia, ni escuela, ni vínculos. Justamente por eso no han llegado”, expresó con énfasis el vicerrector.
Esa pérdida de sentido colectivo se traduce también en las estadísticas: carreras que no abren por falta de inscriptos, tecnicaturas y profesorados vacíos, y una apatía creciente hacia la educación formal como vía de ascenso.
“La narrativa del ascenso social estaba basada en una cadena: familia, escuela, trabajo. Hoy esa narrativa está rota. Y la gente, sencillamente, ya no cree”, resumió.
El rol del Estado
Consultado sobre el papel del Estado ante esta crisis profunda, Hernández fue claro: “Uno de los procesos que ayudó a que todo esto se acumule fue la retirada del Estado, o una presencia que no resolvía problemas. Necesitamos sociedad, y para que haya sociedad tiene que haber Estado”.
Propuso, además, una política pública urgente: “Renovar la escuela tiene que ser un llamado urgente. No se puede vivir en una sociedad sin Estado, como no se puede vivir en una ciudad sin semáforos”.
Para revertir este panorama, sostuvo que se necesita más que inversión económica: hace falta reconstruir el tejido social desde sus bases. “Tenemos que generar oportunidades laborales, claro, pero también debemos fortalecer la familia, reinventar la escuela y recuperar el barrio. Porque si no hay vínculos, no hay futuro”.



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