El mercado del juguete atraviesa un proceso de reconfiguración que se refleja en el cierre de locales físicos y en un giro sostenido hacia la venta online. En el último año, 300 jugueterías bajaron sus persianas, en un contexto de consumo retraído y cambios en los hábitos de compra.
Desde la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, Julián Benítez explicó que “de unas 3500 jugueterías, vimos que cerraron 300 la atención al público en el último año”. Según precisó, muchas de ellas optaron por concentrar su operatoria en plataformas digitales para reducir costos.
El vocero del sector señaló que el consumo actual “es muy bajo” y que la expectativa está puesta en un repunte hacia las fiestas de fin de año. “Necesitamos un 10 por ciento de incremento respecto al año pasado para compensar caídas anteriores”, sostuvo en diálogo con Radio UP.
En paralelo, la industria pone el foco en el control de las importaciones como parte del escenario económico. Benítez remarcó que el monitoreo apunta a detectar irregularidades en declaraciones y precios, una situación que impacta en la competitividad del mercado formal.
“El juguete argentino resulta competitivo cuando la producción se especializa, pero frente a estas prácticas se vuelve más difícil sostener esa posición”, afirmó. Además, reconoció que el sector aún tiene desafíos estructurales pendientes para mejorar su desempeño.
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Mientras tanto, el cierre de locales y la migración al canal digital marcan una transición que redefine el vínculo con los consumidores. En ese marco, la industria busca sostener la actividad y adaptarse a un mercado más concentrado y con menor circulación en los comercios tradicionales.



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