La vendedora de joyas Georgina Giuffrida asegura que en su negocios “se ven cosas que no creerían”. En conversación con La Última Rosca por Radio Up, la emprendedora describió algunas de las situaciones más curiosas que ha vivido a lo largo de los años. “A veces parece una novela: hay de todo, desde utensilios de cocina que creen que son de plata hasta alianzas vendidas a los tres segundos de una separación”, contó.
Uno de los relatos que más sorprendió al aire fue el de un hombre que, recién separado, llegó con la alianza en la mano. “Me la vendió y me preguntó dónde podía comprar champán. Así, frío, sin pestañear”, recordó Giuffrida.
Entre las historias más emotivas, apareció la de una abuela que durante ocho meses pagó en cuotas una cadena con dije para su única nieta. “Ella venía cada semana, dejaba algo… hasta mandó a grabar la inicial y la fecha de los 15 años”, detalló.
Sin embargo, pocos días después del cumpleaños, la nieta apareció en el local para vender la cadena. “Cuando la vi, me quedé pálida. No compramos a menores, pero llamé a la abuela y ella me pidió llorando que la comprara porque si no la iba a vender en otro lado”, narró Giuffrida. Finalmente, la abuela recuperó la joya. “Esas cosas te parten el alma. Ella tardó meses en pagar y la nena la vendió en 48 horas”, lamentó.

La compra de joyas y su disminución
Según explicó Giuffrida, la compra de alianzas de oro disminuyó notablemente. “Ya casi nadie compra oro. Ahora llevan plata con oro o directamente acero. El 80% compra anillos de acero”, afirmó.
La tendencia también se replica en los aros para bebés, donde las familias optan por el acero quirúrgico. “El oro se pierde fácil y si es un primer hijo o una nieta única, ahí sí aparece la abuela a comprarlo, pero los padres, sobre todo los papás, eligen acero”, agregó.
El rubro joyero también expone secretos inesperados. “El Día de los Enamorados y el Día de la Madre son un festival de historias”, dijo Giuffrida entre risas.
Contó que una vez un hombre compró una promoción “dos por uno” pero pidió que envolvieran los regalos por separado. Al día siguiente, su esposa apareció reclamando la segunda joya. “Nos insultó, decía que habíamos estafado al marido. Cuando se puso agresiva, le tuve que decir: “Su marido vino, hizo la promo… a quién le dio la otra parte, no lo sé””, recordó.
Otra escena digna de telenovela ocurrió el último Día de la Madre. Un hombre pidió tres regalos: uno “lindo” para su esposa, otro “más lindo” para su madre, y el tercero —el más caro— era “para la chuchi”. “Casi me muero. La cadena era enorme, un dije gigante. Y me dijo que ni lo envolviera”, detalló entre carcajadas.
Pese a las anécdotas, el panorama económico no es sencillo. “Está todo medio parado. La gente está endeudada, sacó créditos sin preparación financiera y ahora no puede pagarlos”, analizó Giuffrida.
Aun así, el rubro subsiste con creatividad, fidelidad y los relatos que cada cliente deja en el mostrador. “Por suerte siempre queda algo para contar en un asado”, cerró.
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