La industria alimenticia argentina atraviesa un escenario crítico debido a que las importaciones de alimentos aumentaron cerca de un 50% interanual, mientras que la producción local continúa profundizando su caída, según datos relevados durante 2025. El fenómeno se registra en todo el país y responde a una combinación de mayor ingreso de productos del exterior, menor consumo interno y pérdida de competitividad, lo que genera preocupación en empresas, cámaras sectoriales y trabajadores.
En los últimos meses, las compras externas de alimentos y bebidas alcanzaron alrededor de u$s 1.370 millones, marcando uno de los niveles más altos de los últimos años. Este crecimiento se da incluso en rubros donde históricamente predominaba la producción nacional, lo que incrementa la presión sobre fábricas locales que ya operan con niveles reducidos de capacidad instalada.

En paralelo, la actividad de la industria alimenticia —uno de los pilares del Índice de Producción Industrial (IPI)— acumuló una caída cercana al 5% en el último año, reflejando un retroceso sostenido que se traduce en menos turnos de trabajo, ajustes productivos y cierre parcial de plantas en distintos puntos del país.
Uno de los datos que más alarma genera dentro del sector es el fuerte salto en la importación de carnes y derivados. Las cifras oficiales muestran que las compras externas en este rubro se multiplicaron más de cuatro veces en términos interanuales, desplazando parte de la oferta local y afectando a frigoríficos y cadenas productivas asociadas.
Empresarios del sector advierten que la combinación entre mayor apertura importadora, costos internos elevados y un consumo debilitado está configurando un escenario complejo para la industria nacional. A esto se suma la dificultad para trasladar costos a precios finales, lo que deteriora la rentabilidad y limita nuevas inversiones.
Desde el ámbito económico señalan que, de mantenerse esta tendencia, el impacto podría profundizarse en los próximos meses, con riesgo directo sobre el empleo industrial y la continuidad de pequeñas y medianas empresas vinculadas a la producción de alimentos.
La industria alimenticia, tradicionalmente considerada un sector defensivo dentro de la economía argentina, enfrenta así uno de sus momentos más desafiantes, en un contexto donde el crecimiento de las importaciones contrasta con la debilidad de la producción local y reabre el debate sobre el equilibrio entre apertura comercial y desarrollo industrial.



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