El engaño y la infidelidad no se limitan al plano emocional o vincular. Desde la Federación Argentina de Cardiología (FAC), se advierte que estas situaciones generan respuestas fisiológicas reales que pueden impactar de manera directa sobre el corazón. En especial, cuando el estrés emocional se sostiene en el tiempo o estalla de forma abrupta, el organismo responde con mecanismos que, lejos de ser simbólicos, pueden derivar en cuadros clínicos concretos.
En este contexto, especialistas remarcan que tanto el engaño como el enamoramiento activan procesos similares en el cuerpo. “El engaño y el enamoramiento generan cambios en el sistema cardiovascular”, explican, al señalar que ambas situaciones producen un aumento del flujo sanguíneo mediante la liberación de neurotransmisores asociados al placer y al apego.

Qué ocurre en el cuerpo durante una infidelidad
Las conductas que rodean a una infidelidad —ocultamiento, tensión permanente, ansiedad, culpa— colocan al organismo en un estado de alerta constante. Este escenario activa la liberación de dopamina y oxitocina, sustancias que “ayudan a dilatar los vasos sanguíneos, reducen la presión arterial y mejoran el flujo de la sangre”.
En paralelo, se observa una disminución del cortisol, la hormona del estrés, y un aumento de la serotonina, vinculada al bienestar y la sensación de felicidad. “También se produce una reducción del estrés, dado que disminuye el cortisol al tiempo que aumenta la serotonina”, detallan los especialistas. A corto plazo, este proceso puede acelerar el ritmo cardíaco y generar una sensación de euforia, manteniendo al corazón en una actividad intensa.

Cuando la verdad sale a la luz
El cuadro cambia de manera radical cuando el engaño se descubre o la situación emocional se vuelve insostenible. En esos casos, puede aparecer una entidad clínica conocida como miocardiopatía por estrés, también llamada síndrome del corazón roto o Takotsubo.
Se trata de una disfunción transitoria del músculo cardíaco que puede simular un infarto agudo de miocardio. Los síntomas incluyen dolor torácico, falta de aire, palpitaciones, cambios en el electrocardiograma y elevación de marcadores cardíacos, aunque sin obstrucción de las arterias coronarias.
“El detonante suele ser un evento emocional intenso: una ruptura amorosa, una infidelidad descubierta, una discusión violenta o una pérdida afectiva”, explican desde la mirada cardiológica. En estos casos, el corazón queda expuesto a una descarga abrupta de catecolaminas, conocidas como hormonas del estrés, que generan un “aturdimiento” funcional del músculo cardíaco.

Un riesgo real, no abstracto
“El estrés emocional no es un concepto abstracto, sino un factor de riesgo cardiovascular real”, advierte el cardiólogo Luis Cicco, integrante de la Federación Argentina de Cardiología. Según explica, este tipo de cuadros “puede afectar a cualquier persona, aunque es más frecuente en mujeres después de la menopausia, y cada vez se describen más casos en varones jóvenes sometidos a estrés emocional sostenido”.
En fechas cargadas de expectativas, frustraciones, culpas y conflictos vinculares, el riesgo se incrementa. “El cuerpo responde a lo que la mente procesa”, subraya el especialista.
Señales de alarma y conciencia corporal
Desde la cardiología, el mensaje no apunta al juicio moral, sino a la prevención. “Escuchar al cuerpo, reconocer síntomas de alarma —dolor en el pecho, opresión, palpitaciones, falta de aire— y consultar de forma precoz puede marcar la diferencia”, señala Cicco. La mayoría de los pacientes logra una recuperación completa con tratamiento adecuado, siempre que el diagnóstico sea oportuno.
En la semana del amor —y también de las verdades incómodas— los especialistas recuerdan que cuidar el corazón no es solo una metáfora. Gestionar el estrés, hablar, pedir ayuda y sostener vínculos saludables también forma parte de la prevención cardiovascular.



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