La polémica por el precio de las empanadas cobró un tono político inesperado luego de que el actor Ricardo Darín afirmara que una docena cuesta cerca de $48.000. “No entiendo muy bien. Hay algo que no me termina de cerrar. Hay mucha gente que la está pasando muy mal”, declaró el protagonista de El Eternauta, criticando los anuncios del gobierno sobre el plan de “reparación histórica de los ahorros” y el fomento del uso de los dólares “guardados en el colchón”.

Más allá de la cifra puntual, el verdadero eje de su comentario fue el deterioro del poder adquisitivo, que se evidencia en un producto tan básico y simbólico como la empanada. Así lo muestra un relevamiento del IPCBA y el Consejo Nacional del Empleo: con un salario mínimo en abril de 2025, se pueden comprar 14 veces menos docenas de empanadas que en 2015.
En diciembre de 2015, el salario mínimo era de $5.588 y la docena de empanadas costaba $145,58. Se podían comprar 38,4 docenas. Para octubre de 2019, con un salario de $16.875 y un precio por docena de $501,78, la capacidad de compra bajó a 33,6 docenas. En diciembre de 2023, el salario mínimo ascendía a $156.000, pero el precio por docena ya era de $7.855,86: eso permitía adquirir solo 19,9 docenas. Finalmente, en abril de 2025, el salario mínimo de $308.200 apenas alcanza para 14 docenas, con un precio promedio de $22.010,64.
La comparación —irónica pero reveladora— da forma al llamado «Índice Ricardo Darín», una manera concreta de mostrar cómo el salario mínimo pierde año a año contra productos cotidianos, sin necesidad de gráficos ni tecnicismos. En una década, el poder de compra de las empanadas cayó más del 63%.
El dato va más allá de una polémica pasajera: expone crudamente la distancia entre los ingresos formales y la inflación real. Las empanadas no son solo una comida tradicional; en este contexto, se convirtieron en una unidad de medida del malestar económico.



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