El Papa Francisco falleció en la madrugada del lunes 21 de abril, dejando una huella imborrable en la historia de la Iglesia Católica. Si bien su figura será recordada por su cercanía con los pobres, su enfoque reformista y su llamado a la paz, hay un legado menos visible pero igual de profundo: su transformación del manejo financiero del Vaticano.
A partir de 2022, bajo su liderazgo, la Iglesia impulsó una reforma inédita en la administración de sus inversiones. Por primera vez, se establecieron criterios morales, sociales y ambientales claros para la utilización de los fondos que sostienen la actividad de la Santa Sede. “Contribuir a un mundo más justo y sostenible” fue el objetivo proclamado por el Consejo de Economía del Vaticano, con el aval directo de Francisco.
La nueva normativa entró en vigor el 1° de septiembre de 2022. Desde entonces, todas las instituciones curiales debieron transferir su liquidez y sus títulos financieros a la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA), organismo que centraliza las inversiones en un fondo único, rinde cuentas por separado a cada entidad y distribuye rentabilidades.
La decisión no solo buscó eficiencia, sino también alinear el dinero de la Iglesia con su mensaje espiritual. El texto fundacional es claro: se excluyen inversiones que contradigan los principios fundamentales del catolicismo, como la defensa de la vida, la dignidad humana o el bien común.

“No es lo mismo invertir en un lugar que en otro, en un sector productivo que en otro. Toda inversión es una elección moral y cultural”, sentenció el propio Francisco en los documentos que acompañaron la reforma.
El Vaticano posee más de 5.000 propiedades inmobiliarias, el 80% ubicadas en Italia, y también invierte en mercados financieros a través de fondos. Buena parte de sus ingresos proviene de donaciones de fieles, lo que convierte en un imperativo moral la rendición de cuentas y la coherencia ética.
Así, el primer Papa argentino no solo habló de humildad y justicia: las puso en práctica hasta en los pasillos de las finanzas vaticanas. Un legado silencioso, pero profundo.



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