La pérdida auditiva asociada al envejecimiento no debería considerarse una consecuencia inevitable de la edad, según explicó el otorrinolaringólogo argentino Fernando Diamante (M.N. 93.626). El especialista señaló que muchas personas llegan a la consulta después de varios años de escuchar mal, situación que puede afectar no solo la audición, sino también la memoria, la atención, la vida social y la autonomía, debido a la falta de estimulación sonora y al esfuerzo que realiza el cerebro para completar la información que no recibe.
“El paciente llega a la consulta cuando ya lleva años escuchando mal, casi siempre traído por un hijo o por la pareja y en ese tiempo perdió mucho más que audición”, explicó Diamante.
Cuando el oído deja de transmitir correctamente los sonidos, el cerebro debe realizar un esfuerzo adicional para interpretar palabras y conversaciones. Esta situación puede hacerse especialmente evidente en lugares con ruido de fondo, donde resulta más difícil distinguir lo que dicen otras personas.
Además, la reducción de la audición puede llevar progresivamente al aislamiento social. Algunas personas comienzan a participar menos en reuniones familiares, conversaciones o actividades cotidianas porque tienen dificultades para seguir los intercambios.
“La mayoría nota fácilmente cuando alguien tiene problemas para ver. Pero una persona con pérdida auditiva puede estar en una reunión, escuchar poco de lo que se habla y quedar en silencio, sintiéndose aislada”, describió el especialista.
La relación entre hipoacusia y deterioro cognitivo también fue analizada por investigaciones científicas. Un informe de la comisión de The Lancet publicado en 2020 incluyó a la pérdida auditiva entre los principales factores de riesgo modificables de demencia y estimó que representa el 8% de los casos. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) registra casi 10 millones de nuevos diagnósticos de pérdida auditiva por año en el mundo.
Señales que pueden indicar pérdida de audición
La disminución progresiva de la capacidad auditiva puede confundirse con problemas de memoria, falta de atención o incluso cambios en el carácter. Diamante explicó que esto ocurre porque las primeras frecuencias que suelen perderse son las agudas, necesarias para diferenciar determinadas consonantes.
“Al principio, las personas que van perdiendo la audición de a poco pueden dejar de entender los dobles sentidos, lo que se quiere decir entre líneas y el verdadero significado de algunas frases”, precisó.
Entre las situaciones que deberían motivar una consulta se encuentran:
- Dificultad para seguir conversaciones en restaurantes o ambientes ruidosos.
- Necesidad frecuente de pedir que repitan lo que dijeron.
- Zumbidos persistentes en uno o ambos oídos.
- Menor participación en reuniones o encuentros sociales.
La hipoacusia también puede tener consecuencias sobre otros aspectos de la vida cotidiana. Entre ellas se encuentran el aislamiento, la depresión y un mayor riesgo de caídas, además de dificultades para percibir sonidos importantes al conducir, como bocinas o sirenas.
Qué tratamientos existen para la pérdida auditiva
El diagnóstico comienza con un examen audiológico, que permite determinar el nivel de audición y evaluar las características de cada oído para definir el dispositivo más apropiado.
Los audífonos constituyen actualmente una de las alternativas más utilizadas. En casos de sordera severa también pueden indicarse implantes cocleares, mientras que determinadas situaciones requieren rehabilitación específica o intervenciones quirúrgicas.
Por el momento, no existe un medicamento eficaz para revertir la pérdida auditiva.
El especialista remarcó que comenzar la rehabilitación de manera temprana puede contribuir a conservar la independencia y mantener la participación en actividades familiares, laborales y recreativas. También señaló que distintas investigaciones encontraron menor deterioro cognitivo entre personas con pérdida auditiva que utilizan audífonos o implantes, en comparación con quienes no reciben tratamiento.
“Un audífono no es una prótesis de la vejez ni una rendición. Es un tratamiento, y cuanto antes se indica, mejor se adapta el paciente”, remató Diamante.



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