La inclusión de estudiantes con discapacidad en el nivel universitario vuelve a instalarse en la agenda pública. En una entrevista radial, la psicopedagoga Nayibe Fraymuth expuso las principales limitaciones del sistema educativo superior, desde la infraestructura hasta las prácticas pedagógicas y los vínculos sociales.
En el marco de la columna de Macaya Joaquín sobre temas de discapacidad emitida de forma semanal por Radio Up, se hizo presente la psicopedagoga Nayibe Fraymuth, quien puso el foco en una temática emergente y aún poco visibilizada: la inclusión real de estudiantes con discapacidad motora en la educación superior.
Desde su experiencia académica y práctica profesional, Fraymuth explicó que su interés surge del acompañamiento directo a estudiantes dentro del ámbito universitario, lo que le permitió identificar obstáculos concretos en el proceso educativo.
“Mi inspiración surge del acompañamiento en la universidad, viendo en la práctica diaria las dificultades que atraviesan los estudiantes con discapacidad”.
En este sentido, planteó la necesidad de trasladar el debate al ámbito público para avanzar en soluciones estructurales.

Acceso, permanencia y egreso: las tres dimensiones de la inclusión
Uno de los aportes más relevantes de la entrevista fue la distinción entre acceso, permanencia y egreso en el sistema universitario. Si bien existen avances en el ingreso de estudiantes con discapacidad, la continuidad académica sigue siendo una deuda pendiente.
“Muchas personas pueden iniciar una carrera universitaria, pero no todo el mundo egresa. Ese es el gran problema”.
La especialista remarcó que la inclusión no puede limitarse al ingreso formal, sino que debe garantizar trayectorias completas, contemplando las necesidades específicas de cada estudiante.
Infraestructura deficiente: una barrera persistente
En relación a las condiciones edilicias, Fraymuth advirtió que la falta de accesibilidad sigue siendo uno de los principales obstáculos en las universidades.
“La infraestructura es una de las barreras físicas más importantes y es algo que se debe trabajar constantemente”.
Aunque aclaró que su investigación se encuentra en desarrollo, sostuvo que a nivel nacional existe consenso sobre la necesidad de mejorar las condiciones de accesibilidad.
Además, amplió el análisis al entorno urbano:
“No solo la universidad presenta dificultades. Las calles, las rampas mal diseñadas u obstruidas también limitan la autonomía de las personas”.
Este enfoque refuerza la idea de que la discapacidad no reside únicamente en la persona, sino en un entorno que no está preparado para garantizar accesibilidad universal.

Adaptaciones pedagógicas: entre la normativa y la práctica
Desde el plano educativo, la psicopedagoga explicó que las universidades deben implementar estrategias de acompañamiento individualizadas.
“Se trabaja con un acompañamiento subjetivo particular, abordando las necesidades específicas de cada estudiante”.
Entre las herramientas más utilizadas mencionó la flexibilización de evaluaciones, las adecuaciones curriculares, el uso de tecnologías accesibles y las estrategias de enseñanza diversificadas.
Sin embargo, subrayó que estas prácticas no siempre se aplican de manera sistemática.
“Depende mucho del docente. Por eso es clave el perfeccionamiento constante”.
Marco normativo: avances recientes pero insuficientes
La profesional contextualizó la situación en base a la normativa vigente, destacando que la inclusión educativa es un derecho reconocido a partir de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.
“Es una normativa relativamente reciente. En Argentina se adhirió en 2008 y se jerarquizó en 2014, por lo que todavía es un proceso en construcción”.
Esto explica, en parte, las desigualdades en su implementación dentro de las instituciones educativas.
Barreras invisibles: lo social y vincular también excluye
Uno de los ejes más profundos de la entrevista fue el análisis del paradigma social de la discapacidad. En este marco, Nayibe señaló que las barreras no son únicamente físicas o pedagógicas, sino también sociales.
“Las limitaciones no son solo pedagógicas, también son vinculares. Hay prejuicios que generan frustración, ansiedad y sensación de incapacidad”.
La falta de concientización en el entorno universitario puede derivar en situaciones de exclusión indirecta, donde los estudiantes quedan aislados o invisibilizados.


Diversidad dentro de la discapacidad motora
La especialista también buscó desmitificar la idea homogénea de la discapacidad motora.
“No se trata solo de personas en silla de ruedas. Puede implicar dificultades para escribir, movilizarse o realizar actividades básicas”.
Esta diversidad requiere respuestas diferenciadas y adaptadas, tanto en lo pedagógico como en lo institucional.
Datos y estadísticas: una deuda en la información pública
Otro punto crítico es la falta de datos precisos sobre estudiantes con discapacidad en el nivel superior.
“De aproximadamente 1300 estudiantes, cerca de 1000 tienen discapacidad motora, pero no se sabe cuántos egresan”.
Además, destacó un dato alarmante:
“Ni el 1% accede a un empleo luego de finalizar sus estudios”.
Esto evidencia que la inclusión educativa no siempre se traduce en inclusión laboral, profundizando la desigualdad.
Evaluación y salud emocional: el impacto de las barreras
Las instancias evaluativas fueron señaladas como uno de los momentos más críticos para los estudiantes.
“La evaluación debe adaptarse a cómo aprende cada estudiante. De lo contrario, genera ansiedad y frustración”.
Desde la psicopedagogía, se propone un enfoque basado en el conocimiento previo del estudiante, para diseñar estrategias que favorezcan su desempeño.
Trabajo grupal: inclusión o invisibilización
En relación a las dinámicas grupales, Fraymuth advirtió que pueden ser tanto una herramienta de inclusión como un mecanismo de exclusión.
“A veces el grupo avanza, pero la persona queda invisibilizada. Luego, en instancias individuales, aparecen las dificultades”.
Esto refuerza la necesidad de evaluaciones más personalizadas y procesos de seguimiento continuo.
El rol institucional: acompañamiento y políticas públicas
La especialista enfatizó que la inclusión debe ser abordada de manera integral, involucrando a toda la comunidad educativa.
“El acompañamiento es una red social: universidad, docentes, familia, compañeros y profesionales”.
También destacó la importancia de contar con equipos de orientación psicopedagógica, políticas institucionales claras, programas de inclusión sostenidos y espacios de concientización.
La experiencia en Posadas y la UNaM
En el plano local, Fraymuth valoró los avances en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNaM, aunque aclaró que aún son procesos iniciales.
“Hay acompañamiento y proyectos de inclusión, pero todavía falta expandirlos a todas las facultades”.
Asimismo, mencionó la existencia de un centro de inclusión como iniciativa positiva dentro de la universidad.

Autonomía y accesibilidad: claves para la inclusión real
Uno de los conceptos centrales fue el de autonomía. La falta de accesibilidad impacta directamente en la independencia de los estudiantes.
“Hablar de accesos es hablar de que una persona pueda movilizarse de manera autónoma y sentirse un adulto capaz”.
En los momentos finales de la columna, Fraymuth dejó en evidencia que la inclusión en la educación superior sigue siendo un proceso en construcción, atravesado por múltiples dimensiones: estructurales, pedagógicas, sociales y culturales.
Si bien existen avances normativos y experiencias positivas, persisten barreras que limitan el desarrollo pleno de los estudiantes con discapacidad.
“No se trata de hacer un favor, sino de garantizar derechos”.
“Vale la pena esforzarse, vale la pena trabajar duro”: el mensaje de Agustín Da Silva a los jóveneshttps://t.co/1HzpVTpBBd pic.twitter.com/bygiK8ifGV
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