En la antesala del Día del Padre, el filósofo, educador y escritor Eduardo Cazenave compartió una profunda reflexión sobre los vínculos entre padres e hijos, los cambios que atravesó la paternidad en las últimas décadas y la necesidad de construir relaciones basadas en la presencia, el ejemplo y el amor cotidiano.
Durante una entrevista con Radio UP Cazenave sostuvo que la figura materna mantiene un lugar central en la cultura argentina, aunque destacó que el padre cumple una función esencial en la construcción de la identidad de los hijos.
“Patria tiene la raíz de pater. Ahí aparece una presencia de identidad, de firmeza, de fortaleza y de valores que creo que es el rol casi natural del padre”, señaló.
El educador explicó que el papel del padre no consiste en ser el “malo” de la familia, sino en acompañar el crecimiento de los hijos ayudándolos a desarrollar autonomía y límites saludables.
“El padre es quien empieza a poner las reglas, el orden y a cortar simbólicamente ese cordón entre madre e hijo para que ambos puedan crecer”, expresó.
Una paternidad más cercana
Cazenave consideró que la figura paterna experimentó una transformación significativa en las últimas generaciones. Mientras que antiguamente muchos padres mantenían una relación más distante con sus hijos, hoy existe una búsqueda de mayor cercanía y participación en la crianza.
“La paternidad cambió de un formato de padres muy lejanos a padres que queremos estar muy cerca”, afirmó.
Sin embargo, advirtió que esa cercanía no debe confundirse con una relación de amistad.
“Lo importante es tener claro que no somos amigos de nuestros hijos; somos padres. Creerse amigos es debilitar los límites y no ayudarlos a encontrarse a sí mismos”, sostuvo.
En ese sentido, comparó la educación con un partido de fútbol: “La cancha tiene que estar marcada. Los padres somos compañeros de juego, pero también somos los árbitros”.
Educar con el ejemplo
Uno de los conceptos centrales de la entrevista fue el valor del ejemplo como herramienta educativa.
“Uno educa primero por lo que es, segundo por lo que hace, tercero por lo que calla y último por lo que dice”, afirmó.
Según explicó, los hijos observan constantemente las conductas de sus padres y aprenden más de las acciones que de los discursos.
“Si le digo a mi hijo que lea, pero yo nunca agarro un libro, difícilmente lea. Si le digo que deje el celular y yo estoy todo el día mirando la pantalla, el mensaje pierde sentido”, ejemplificó.
Para Cazenave, los padres deben intentar encarnar los valores que desean transmitir y hacerlo con entusiasmo.
“Tenemos que ser alegres, entusiastas y portadores de los valores que predicamos. Si sólo los predicamos pero no los vivimos, nuestros hijos no van a querer imitarnos”, indicó.
Dejar que los hijos encuentren su propio camino
Otro de los temas abordados fue la tendencia de algunos padres a proyectar sus propios sueños o frustraciones sobre sus hijos.
“Hay que dejarlos ser. Lo natural es que un hijo quiera parecerse a su padre, pero eso tiene que surgir de él, no puede imponerse”, explicó.
Cazenave consideró que cada persona posee una vocación y un proyecto de vida propios, por lo que los padres deben acompañar sin condicionar.
“Nada más lindo para un padre que ver a sus hijos crecer, volar, ser mejores y superarte en muchas cosas”, afirmó.
También cuestionó aquellas situaciones en las que los adultos intentan cumplir sus metas inconclusas a través de sus hijos.
“No dejarlo ser quien está llamado a ser tiene un costo muy alto para su identidad”, advirtió.
La importancia de la presencia
El filósofo también reflexionó sobre una realidad frecuente en muchas familias: padres que trabajan largas jornadas para brindarles mayores comodidades materiales a sus hijos.
“Muchas veces los hijos terminan diciendo: yo no te pedí todo eso, te prefiero a vos”, señaló.
Según explicó, los chicos valoran especialmente la presencia y el tiempo compartido por encima de los bienes materiales.
“Si todo ese esfuerzo te genera amargura, prefiero tu sonrisa. Si te genera alegría, entonces dame un abrazo”, resumió.
El desafío de acompañar la adolescencia
Consultado sobre el distanciamiento que suele producirse durante la adolescencia, Cazenave sostuvo que se trata de una etapa natural en la construcción de la identidad.
“Los adolescentes necesitan separarse un poco de sus padres para encontrar su propio lugar”, explicó.
No obstante, remarcó que la responsabilidad de sostener el vínculo siempre recae en los adultos.
“La obligación de seguir preguntando, llamando y diciendo ‘acá estoy’ es del padre hacia el hijo, no al revés”, aseguró.
Una enseñanza para toda la vida
Hacia el final de la entrevista, el educador recordó emocionado los últimos días de vida de su padre y compartió la enseñanza que le dejó esa experiencia.
“La mejor enseñanza que me dejó papá fue dejarte abrazar y abrazarte, dejarte amar y amar, dejarte besar y besar. Del principio hasta el final”, expresó.
Con esa reflexión, Cazenave resumió el sentido profundo de la paternidad: un vínculo construido día a día, atravesado por la presencia, el afecto y el acompañamiento mutuo.



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