Las horas de descanso nocturno podrían tener un impacto mucho más profundo en la salud de lo que se creía. Un estudio internacional publicado recientemente en la revista Nature encontró que dormir bien y realizar ejercicio físico de forma habitual contribuye a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, uno de los principales problemas de salud a nivel mundial.
Dormir bien después de los 65: un escudo natural para el corazón
La investigación analizó datos de casi 91.000 personas provenientes del Biobanco del Reino Unido y del programa estadounidense All of Us, además de incorporar estudios experimentales en animales para comprender mejor los mecanismos biológicos involucrados.
Los resultados mostraron que el descanso adecuado y la actividad física regular pueden ayudar a disminuir la hematopoyesis clonal, una alteración genética que se vuelve más frecuente con el envejecimiento y que favorece procesos inflamatorios relacionados con la formación de placas en las arterias. Esta condición está presente en aproximadamente una de cada cuatro personas mayores de 70 años y aumenta significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas.

Según los investigadores, tanto el sueño como el ejercicio desempeñan un papel fundamental en la regulación del sistema inmunológico y en la reducción de la inflamación crónica, uno de los principales factores asociados a problemas cardiovasculares.
Además, la actividad física aporta beneficios adicionales al contribuir al control de la presión arterial, el peso corporal, los niveles de glucosa y la sensibilidad a la insulina, factores clave para la salud del corazón.
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Los especialistas recomiendan que los adultos mayores duerman entre siete y ocho horas por noche y mantengan horarios regulares de descanso. También sugieren realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada o intensa, incluyendo caminatas, ciclismo, natación o ejercicios de fortalecimiento y equilibrio.
El estudio refuerza la importancia de los hábitos cotidianos como herramientas de prevención y demuestra que, incluso frente a factores genéticos asociados al envejecimiento, mantener una rutina saludable puede marcar una diferencia significativa en la protección cardiovascular y en la calidad de vida.



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