La Cámara de Diputados de la Nación dejó atrás las especulaciones y alcanzó el quórum necesario para debatir la reforma laboral, en una jornada atravesada por la tensión política y un recinto encendido desde el inicio.
A diferencia del escenario más holgado que el oficialismo había exhibido en el Senado, la sesión en la Cámara baja comenzó bajo un clima de extrema paridad y con negociaciones contrarreloj entre los distintos bloques.
Cuando los legisladores sentados en sus bancas llegaron a los 130 presentes, el presidente del cuerpo, Martín Menem, dio por iniciada la sesión apenas 15 minutos antes del límite reglamentario. El número, ajustado y esperado hasta el último minuto, marcó el pulso de una jornada que se anticipaba incierta.
Sobre el cierre del conteo, ocuparon sus escaños diputados de la UCR y el PRO, junto con los tres representantes de Tucumán y los tres de Catamarca, que terminaron de inclinar la balanza a favor del inicio del debate.
El quórum fue posible gracias al aporte de bloques aliados y legisladores referenciados en gobernadores provinciales, quienes volvieron a exhibir su peso en el tablero político nacional.
En ese esquema, resultaron decisivos los apoyos provenientes de San Juan, Catamarca, Tucumán, Misiones y Santa Cruz, cuyos representantes garantizaron la apertura formal de la discusión parlamentaria.
A los 95 diputados de La Libertad Avanza se sumaron representantes del PRO, la UCR, el MID y distintos espacios provinciales, en una configuración que no alteró el esquema de apoyos de los últimos meses, pero volvió a poner en evidencia la centralidad de los mandatarios provinciales.
La jornada dejó en claro que, si bien el oficialismo mantiene un núcleo duro consolidado, cada votación relevante exige un delicado entramado de acuerdos y concesiones. La reforma laboral, uno de los proyectos más sensibles del calendario legislativo, volvió a tensionar al máximo las relaciones entre Nación y provincias.
El clima en el recinto reflejó esa dinámica. Con bancas ocupadas sobre el filo del horario reglamentario y diálogos intensos en los pasillos, la sesión mostró una vez más la fragilidad del equilibrio parlamentario en un Congreso atravesado por la fragmentación política.
El inicio del debate representa un paso clave para el oficialismo, que busca avanzar con cambios estructurales en el régimen laboral. Sin embargo, el desarrollo de la discusión anticipa un tratamiento minucioso, con discursos encendidos y votaciones ajustadas.
En un escenario de paridad extrema, cada ausencia cuenta y cada apoyo resulta determinante. La sesión dejó un mensaje claro: la construcción de mayorías en Diputados continúa siendo un ejercicio de ingeniería política donde los gobernadores y los bloques provinciales juegan un rol decisivo.
La discusión recién comienza, pero el primer objetivo —habilitar el debate— ya fue alcanzado en un recinto que volvió a confirmar que ninguna votación está asegurada hasta que el tablero electrónico marca el número final.
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