La crisis en las universidades públicas argentinas ya no es una discusión técnica ni presupuestaria: es, según el destacado académico Ricardo Biazzi, un punto de inflexión institucional que pone en juego el modelo de país. En diálogo con Radio Up, el ex rector de la Universidad Nacional de Misiones trazó un paralelismo histórico con el colapso de 2001 y advirtió que el actual escenario tiene una característica distinta y más profunda: su raíz ideológica y su conexión con un fenómeno global de debilitamiento del sistema educativo.
Abogado, ex ministro de Educación durante la crisis que precipitó la caída del gobierno de Fernando de la Rúa y luego viceministro bajo la presidencia de Eduardo Duhalde, Biazzi conoce de primera mano lo que significa administrar la educación en tiempos de emergencia. Aquella etapa, recordó, estuvo marcada por la paralización de comedores escolares, docentes con meses de salarios impagos y un sistema al borde del colapso operativo.
Sin embargo, aunque reconoce similitudes en términos de gravedad, sostiene que el presente tiene un componente diferencial: “No es solo una crisis económica. Es una crisis de concepción sobre el Estado y sobre el rol de la educación”.
Del 2001 al presente: similitudes y diferencias en la crisis universitaria
Para Biazzi, la comparación con 2001 surge de manera inevitable. En aquel momento, la Argentina atravesó la llamada “crisis de los cinco presidentes”, un período de inestabilidad institucional sin precedentes. En el plano educativo, el desafío era garantizar la subsistencia mínima del sistema.
Hoy, en cambio, el ex rector advierte que el conflicto no es únicamente financiero sino estructural. Señala que el actual gobierno encabezado por Javier Milei plantea una visión explícita de reducción del Estado que impacta directamente en la educación pública, la cultura y el sistema científico.
“La diferencia es desde dónde provienen las decisiones. Hay una concepción ideológica que relativiza el valor del sistema universitario público”, afirmó.
Un fenómeno global: menos financiamiento y más presupuesto en defensa
Lejos de circunscribir el problema a la Argentina, Biazzi contextualizó la crisis en un escenario internacional donde, según diversos indicadores, también se observa una caída en el financiamiento universitario.
Mencionó el caso de la Unión Europea, donde —según explicó— se ha reducido el porcentaje destinado a educación superior mientras se incrementan los presupuestos de defensa. También aludió a las tensiones en Estados Unidos bajo la conducción de Donald Trump, donde se registraron recortes y disputas en torno al financiamiento federal de universidades.
En ambos casos, advirtió, el argumento ideológico se impone sobre el consenso histórico que concebía a la educación superior como motor de desarrollo científico y social.
La pregunta que deja planteada es inquietante: ¿se trata de una casualidad o de una estrategia deliberada que debilita a la educación como espacio crítico dentro de las democracias contemporáneas?

Deserción universitaria y pérdida del horizonte aspiracional
Uno de los datos más preocupantes expuestos en la entrevista fue el índice de deserción en el sistema universitario argentino. De los aproximadamente 2,5 millones de estudiantes, unos 2 millones cursan en universidades estatales. Sin embargo, en el pasaje del primer al segundo año se registra una caída cercana al 50 % en algunas cohortes.
Ese fenómeno, explicó Biazzi, responde a múltiples causas: dificultades socioeconómicas, déficits de formación previa, problemas pedagógicos y falta de políticas de acompañamiento sostenidas.
Pero hay un componente más profundo: la transformación del imaginario social. El histórico “mi hijo doctor”, símbolo del ascenso social argentino durante gran parte del siglo XX, pierde fuerza frente a un nuevo paradigma donde lo aspiracional parece vincularse más al éxito inmediato en entornos tecnológicos o digitales que al esfuerzo prolongado de una carrera profesional.
En ese cambio cultural, el sistema educativo aparece desfasado respecto del universo tecnológico que domina la vida cotidiana de adolescentes y jóvenes.
Universidad pública, universidad privada y deterioro sistémico
Consultado sobre si el deterioro de la educación pública también afecta al sector privado, Biazzi fue categórico: cuando se debilita el sistema educativo en su conjunto, las consecuencias alcanzan a todos.
Si bien pueden existir políticas diferenciadas que impacten con mayor intensidad en uno u otro sector, el desprestigio de la educación como política pública y la reducción de su financiamiento generan un efecto sistémico.
El problema, insistió, no es solo presupuestario sino cultural. Cuando desde el poder político se desacredita a la educación, la ciencia o la cultura, el daño trasciende la coyuntura económica.
¿Una batalla cultural que redefine el rol del Estado?
La entrevista también abordó el concepto de “batalla cultural” impulsado desde el oficialismo. Para Biazzi, esa definición no es meramente retórica: expresa una disputa por el sentido del Estado y por el modelo de sociedad.
Advirtió sobre el riesgo de avanzar hacia esquemas donde el poder se concentra en grandes corporaciones tecnológicas con capacidad de incidir en la opinión pública a través de algoritmos y sistemas de comunicación masiva, desplazando los valores tradicionales de la democracia representativa.
En ese escenario, sostuvo, la educación pública cumple un rol estratégico como espacio de pensamiento crítico y formación ciudadana. Su debilitamiento no solo afecta la formación profesional sino la calidad democrática.
El riesgo del adormecimiento social
Uno de los puntos más sensibles de la reflexión final tuvo que ver con lo que definió como un “adormecimiento” de la sociedad civil. El hartazgo frente a errores políticos del pasado podría estar generando una reacción tardía ante transformaciones estructurales que impactarán en el largo plazo.
Las consecuencias de una crisis educativa no son inmediatas. Se manifiestan años después, cuando disminuye la producción científica, se reduce la movilidad social y se profundizan las desigualdades.
“La educación siempre muestra sus resultados a largo plazo”, subrayó.

Educación, democracia y futuro
La crisis universitaria argentina, analizada desde la experiencia histórica de Ricardo Biazzi, se presenta así como un fenómeno complejo que combina ajuste presupuestario, redefinición ideológica del Estado y cambios culturales globales.
Más allá de las disputas coyunturales, el interrogante central permanece abierto: ¿qué modelo de país se construye cuando se debilita la universidad pública?
En un contexto de transformaciones tecnológicas aceleradas y tensiones geopolíticas crecientes, el debate sobre el financiamiento universitario se convierte en una discusión estratégica sobre el futuro de la democracia, el desarrollo científico y la cohesión social en la Argentina.
AMET Misiones confirma paro docente y advierte riesgo para 80 escuelas técnicas https://t.co/CiuAGeAGbE pic.twitter.com/5F1hinX6fP
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