La crisis económica que atraviesa el país golpea con fuerza en los barrios populares de Posadas y los números lo reflejan con crudeza. En el comedor de la chacra 103, la demanda creció en los últimos meses y ya asisten alrededor de 200 comensales diarios, en su mayoría niños y adolescentes. Así lo confirmó Héctor Núñez, encargado del espacio, en diálogo con Radio Up.
“Aumentó la concurrencia por la complejidad económica del país”, sintetizó Núñez, al describir el escenario actual. Según explicó, el crecimiento de personas en situación de vulnerabilidad se traduce en más vecinos que buscan un plato de comida cada día.
La realidad del comedor de la chacra 103 expone el impacto directo de la situación económica nacional en los sectores más postergados. “La verdad que en cuanto a los comensales estamos bastante desbordados, digamos, por la situación económica, claro está”, sostuvo Núñez.
Actualmente, el espacio atiende a alrededor de 200 personas por jornada, aunque el número puede variar levemente. “A veces es un poquito más, a veces un poquito menos, depende de esas personas que están en situación de calle; por ahí un día están por acá, otro día están por otro lado, entonces eso hace una pequeña variante”, detalló.

La asistencia en medio de la crisis
El dato más preocupante, según remarcó, es el aumento de personas en situación de calle. “Hay mucha más gente que en tiempos atrás. Cada vez se va anotando más eso y eso hace que busquen un plato de comida”, afirmó.
La mayoría de los asistentes son niños y adolescentes, aunque también concurren adultos. Esta composición refleja cómo la crisis impacta con especial dureza en las familias con menores a cargo.
El comedor de la chacra 103 trabaja de lunes a viernes, sin excepción, incluso en feriados nacionales. “El feriado nacional no tiene por qué tocar el estómago de la gente”, remarcó Núñez.
En la actualidad, brindan desayuno y almuerzo, y parte del desayuno suele ser guardado por algunas familias para la merienda. Esta dinámica evidencia no solo la necesidad alimentaria inmediata, sino también la falta de recursos para cubrir todas las comidas del día.
En la zona existe otro comedor que funciona lunes, miércoles y viernes y depende de la comida centralizada de la provincia, pero el espacio que coordina Núñez mantiene su propia modalidad de organización.

En cuanto al sostenimiento del comedor, Núñez explicó que el programa con el que trabajan es “completo” y cuenta con provisión de mercadería que incluye pan y, cuando corresponde, fruta.
Sin embargo, aclaró un punto clave sobre el financiamiento: “Es un problema de Naciones Unidas, entonces por ahí depende… si bien depende de Nación, como son fondos de Naciones Unidas, solamente están siendo fiscalizados y regulados”.
Según indicó, no reciben donaciones particulares de manera habitual. “No es que nosotros no queramos recibir, sino que no nos llega”, señaló. En ese sentido, reconoció que hay otros espacios que se sostienen con fuerte colaboración comunitaria, pero no es su caso.
El comedor nació en un contexto de profunda emergencia social. Núñez recordó que comenzó con esta tarea a principios de 2002, luego de la crisis de diciembre de 2001 en Argentina.
“Arranqué con esto posterior a la crisis del 2001, por una necesidad muy grande de la sociedad que en ese momento también la estaba pasando muy mal”, relató. Desde entonces, el espacio lleva más de 23 años de funcionamiento ininterrumpido.
Consultado sobre si vivieron momentos similares al actual, fue contundente: “Sí, justamente fue cuando recién arrancamos, que la situación estaba tan o más crítica que ahora. Nos veíamos muy desbordados en cuanto a demanda”.
Si bien en algún momento la situación logró revertirse parcialmente, hoy —según su mirada— el escenario vuelve a ser preocupante.
Pese al panorama adverso, Núñez mantiene la esperanza. “Tengo mucha fe, tengo mucha esperanza, soy una persona que no pierde eso”, expresó.
Sin embargo, fue realista sobre el contexto actual: “Así como estamos, parece que se ve muy lejano el tema de que cambie la situación. Por lo menos no se percibe en estos momentos algo pronto a que pase”.
Sus palabras reflejan una combinación de resiliencia social, compromiso comunitario y preocupación por el deterioro económico que impacta directamente en la seguridad alimentaria de cientos de familias de Posadas.
Mientras tanto, cada jornada en la chacra 103 confirma lo que Núñez resumió en una frase contundente: la concurrencia aumentó y la necesidad no da tregua.
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