El consumo en Argentina presenta un comportamiento dispar: mientras el gasto privado alcanza unos u$s500.000 millones, las ventas de productos de consumo masivo cerraron junio 2,7% por debajo del mismo mes de 2025 y 17% por debajo de enero de 2023, medido en volumen. El fenómeno responde al ajuste que atraviesan los hogares, que compran con mayor planificación, priorizan productos esenciales y reducen el desembolso en cada operación.
Durante el CtB Summit, organizado por la Cámara de Empresas de Investigación Social y de Mercado (CEIM), especialistas analizaron la evolución del consumo y advirtieron que la situación de los productos masivos tiene un impacto directo sobre la percepción de las familias. "El consumo masivo es lo más sensible, es lo que más cambia el humor social de las personas y hay que considerarlo en un período electoral", sostuvo Osvaldo del Río, titular de Scentia.
Según los datos presentados, el consumo masivo representa alrededor de u$s33.500 millones, equivalentes al 7% del consumo privado y al 5% del PBI. En el conjunto del consumo privado, los bienes representan el 55%, mientras que los servicios explican el 45%.
El comportamiento de los canales de venta también muestra cambios. Las operaciones digitales aumentaron 41%, aunque todavía representan apenas 3% del volumen total del consumo masivo. Por ese motivo, el crecimiento de las compras online no alcanza para compensar la contracción general.
Menos inflación, pero sin recuperación del bolsillo
La desaceleración de la inflación modificó las principales preocupaciones de los consumidores, pero todavía no generó una recuperación sostenida de las compras. Los hogares continúan ajustando sus presupuestos y evalúan cada gasto antes de concretarlo.
"La macro todo bien, pero ¿la micro cuándo llega?", planteó Del Río al describir la distancia entre los indicadores generales de la economía y la situación cotidiana de las familias.
Guillermo Oliveto, fundador y CEO de la consultora W, sostuvo que la reducción del consumo atraviesa a distintos sectores sociales. "La caída del consumo es un tema de todos", afirmó.
El deterioro también aparece en el mercado laboral y en los ingresos. Según los datos mencionados durante el encuentro, durante la actual gestión se perdieron más de 235.000 empleos, mientras que el salario registrado promedio se encuentra 8,7% por debajo de noviembre de 2023.
La pérdida es más pronunciada entre los trabajadores estatales, con una caída acumulada del 17,8%, mientras que entre los empleados privados el retroceso alcanza el 3,7% hasta julio.
Otro indicador refleja la presión sobre los hogares: el ingreso disponible se encuentra 38% por debajo del nivel de 2017, de acuerdo con datos de Ecolatina citados por Oliveto.
El endeudamiento acompaña el ajuste de las familias
La menor capacidad de compra también está vinculada con el aumento de las deudas destinadas a cubrir gastos cotidianos. Según información de Aurelio, el 59% de los encuestados afirmó tener deudas.
Dentro de ese grupo, un 17% aseguró estar al día, mientras que un 27% presenta morosidad parcial y otro 15% acumula retrasos importantes en sus pagos.
Este escenario reduce el margen disponible para nuevas compras y profundiza la necesidad de administrar los ingresos de manera más estricta.
Precios, promociones y marcas económicas: cómo cambió el consumidor
El ajuste modificó la manera en que las personas realizan sus compras. La decisión dejó de estar vinculada principalmente al impulso y pasó a depender de una comparación más detallada entre precios, promociones, marcas y tamaños.
"La compra dejó de ser 'lo que quiero' para convertirse en 'lo que puedo comprar, pero tratando de comprar bien'", explicaron los especialistas.
Los consumidores buscan promociones, comparan precios, sustituyen marcas y priorizan la relación entre precio y calidad. También reducen la frecuencia de las compras y optan por presentaciones que demandan un menor desembolso inicial.
Los datos de NielsenIQ muestran que el 54% de las categorías migró hacia formatos de menor desembolso, mientras que el 34% de las ventas de consumo masivo se concreta mediante promociones.
A esto se suma una mayor presencia de marcas económicas y canales alternativos de comercialización. Los hogares también recurren a comercios de cercanía para controlar mejor el gasto y evitar compras adicionales.
Kantar, por su parte, registró que apenas el 11% de las categorías de consumo masivo está en expansión, mientras que el 44% atraviesa una contracción sostenida.
Los cambios no se limitan al precio. Las familias también organizan sus compras en función de necesidades específicas, con mayor interés por productos vinculados al bienestar, el autocuidado y beneficios funcionales concretos.
Qué puede pasar con el consumo en los próximos meses
Las consultoras consideran que una continuidad en la desaceleración de la inflación podría permitir que el consumo reduzca su ritmo de caída. Sin embargo, no esperan una recuperación fuerte en el corto plazo debido a la evolución de los ingresos.
"Es posible que a partir de julio empecemos a ver una desaceleración en la caída. Tal vez el año no termine tan mal y pueda empatar o incluso dar levemente positivo, siempre que la inflación siga bajando", explicó Del Río.
El especialista señaló además que una menor velocidad de aumento de los precios podría mejorar la percepción de los consumidores incluso antes de que se produzca una recuperación significativa de los ingresos.
Oliveto coincidió en que los salarios pueden comenzar a mejorar, aunque planteó que el proceso será gradual. "Todo lo que pase de acá en adelante va a ser muy lento", sostuvo.
Para las empresas, el escenario plantea una competencia que va más allá de los precios. La mayor apertura comercial, el ingreso de marcas internacionales y un consumidor que analiza cada compra obligan a modificar estrategias comerciales, propuestas de productos e innovación.
Así, la evolución del consumo masivo queda condicionada por dos factores que avanzan a ritmos diferentes: por un lado, la mejora de algunos indicadores macroeconómicos y, por otro, la recuperación todavía pendiente de los ingresos y del poder de compra de los hogares.



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