River volvió a dejar escapar una victoria que parecía encaminada y Eduardo Coudet quedó nuevamente en el centro de las críticas por su falta de reacción desde el banco. El Millonario ganaba 2-0 ante Vélez en el Monumental, pero terminó empatando 2-2 después de una remontada del Fortín que expuso el cansancio del equipo.
La preocupación era especialmente evidente porque River había disputado apenas cuatro días antes los 90 minutos ante Independiente Santa Fe en la altura de Bogotá. Sin embargo, Coudet decidió sostener prácticamente sin modificaciones al equipo mientras Vélez comenzaba a ganar terreno.
El primer movimiento llegó después de que el Fortín se metiera nuevamente en partido a raíz de un error de Thiago Almada. El entrenador mandó a la cancha a Rafael Santos Borré en lugar de un agotado Ángel Correa. El cambio de nombres y características no consiguió devolverle al equipo la potencia que había mostrado para salir de contragolpe.
Mientras tanto, Guillermo Barros Schelotto sí logró modificar el desarrollo del partido con el ingreso de Diego Valdés. Del otro lado, la respuesta de Coudet no apareció y River perdió progresivamente el control del encuentro.
Los cambios llegaron demasiado tarde

La situación se volvió todavía más cuestionable cuando Manuel Lanzini marcó el 2-2 a los 34 minutos del segundo tiempo. Incluso después del empate, Coudet demoró otros cinco minutos para realizar dos modificaciones: Sebastián Driussi y Lautaro Pereyra ingresaron por Lucas Beltrán y Joaquín Freitas.
Para entonces, el rumbo del partido ya había cambiado.
La postura del entrenador volvió a generar críticas entre los hinchas, que entendieron que River necesitaba piernas frescas, especialmente en el mediocampo, para contener el avance de Vélez y recuperar la iniciativa.
En conferencia de prensa, Coudet defendió su decisión y explicó: “Creo que estábamos jugando bien, el rival no nos estaba lastimando a pesar de ser un gran equipo, y coincido que cuando están jugando bien y no te están lastimando es difícil cambiar”.
Sin embargo, la sensación que quedó en el Monumental fue diferente: el equipo mostró signos claros de cansancio y el entrenador no consiguió reaccionar a tiempo para evitar que el rival se quedara con un empate después de estar dos goles abajo.
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Una vieja herida que vuelve a aparecer
Las críticas hacia Coudet por la demora en los cambios no son nuevas. El antecedente que más pesa en la memoria de los hinchas es la final ante Belgrano en Córdoba, cuando River ganaba 2-1 a los 85 minutos y el técnico había realizado apenas una modificación, obligada por una lesión.
En aquel encuentro, Juan Fernando Quintero permaneció en el banco hasta que Uvita Fernández dio vuelta el resultado, cuando la definición ya estaba prácticamente sentenciada.
Ahora, el empate ante Vélez volvió a instalar aquella discusión. River dejó escapar una ventaja de dos goles en un partido en el que el desgaste físico era previsible, y Coudet quedó nuevamente señalado por su demora para intervenir desde el banco.
El cierre en el Monumental fue contundente: silbidos para el entrenador y un equipo que volvió a generar dudas justo cuando parecía haber encontrado el camino.
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