Cada 19 de septiembre el país conmemora el Día Nacional del Chamamé, una fecha que rinde homenaje a la memoria de Mario del Tránsito Cocomarola, fallecido en 1974, y que se ha convertido en una oportunidad para valorar la trascendencia de este género declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
El chamamé, nacido en la región del litoral argentino, es mucho más que una expresión musical: constituye un símbolo de identidad cultural, arraigado en las tradiciones de Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa, y que también se extiende a Paraguay, Uruguay y zonas de Brasil. Con influencias guaraníes, españolas y africanas, este género combina acordes de acordeón, bandoneón y guitarra, generando un sonido único que evoca raíces y pertenencia.

El legado de Cocomarola en el Chamamé
Mario del Tránsito Cocomarola, nacido en 1918, fue un virtuoso del acordeón y uno de los principales impulsores del chamamé como emblema cultural. Su talento y creatividad lo llevaron a componer obras que hoy son clásicos del repertorio litoraleño, como La Pergamino y Kilómetro 11. Con su música, Cocomarola logró capturar el paisaje sonoro del nordeste argentino y transformarlo en identidad.
La fecha de su fallecimiento fue elegida para instituir este día nacional en su honor. Cada aniversario es una ocasión para recordar su obra, pero también para poner en valor la vigencia del chamamé como una tradición que ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su esencia.

El Chamamé: Patrimonio Cultural de la Humanidad
El reconocimiento más importante para el chamamé llegó en 2020, cuando la Unesco lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Con esta distinción, se convirtió en el tercer bien cultural argentino en alcanzar esa categoría, después del tango y el fileteado porteño.
Este logro no solo colocó al chamamé en el mapa cultural global, sino que también reafirmó su importancia como un vehículo de transmisión de valores comunitarios, familiares y espirituales.
Una tradición con grandes voces
A lo largo de la historia, el chamamé fue enriquecido por músicos que le dieron nuevas formas y estilos. Entre las voces femeninas destacaron Ramona Galarza —considerada la “Novia del Paraná”— y María Kalasakis. A ellas se sumaron figuras como Tarragó Ros, Mario Millán Medina y Ramón Ayala, quienes marcaron la época dorada del género.

En décadas más recientes, artistas como Pocho Roch, Los de Imaguaré, Los Alonsitos, Mario Bofill y Chango Spasiuk, junto con Antonio Tarragó Ros, contribuyeron a llevar el chamamé a escenarios nacionales e internacionales, consolidando su vigencia y proyección.
Un día para celebrar la identidad
El Día Nacional del Chamamé es, entonces, un homenaje a Cocomarola y a todos los artistas que mantuvieron viva esta tradición. Pero también es una oportunidad para reafirmar el rol del chamamé en la construcción de la identidad cultural argentina, uniendo generaciones y fronteras a través de la música.
En distintas localidades del país, especialmente en Corrientes y Misiones, cada 19 de septiembre se realizan peñas, festivales y encuentros que celebran la riqueza de este género. La fecha se ha transformado en una jornada de orgullo, memoria y proyección hacia el futuro.
En Posadas, la invitación es para la población en general para sumarse a la celebración que tendrá lugar como cada año, en torno al monumento erigido en honor al músico, en Quaranta y Cocomarola de Posadas, desde las 20.

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