La relación de los argentinos con la religión parece estar atravesando una transformación profunda. La pregunta ya no pasa solamente por saber cuántas personas creen, sino también cómo creen, dónde buscan respuestas y qué relación mantienen con las instituciones religiosas.
Así lo explicó en diálogo con Radio Up Damián Setton, investigador del CONICET y del Observatorio de las Creencias, que funciona dentro del Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), a partir de los resultados del tercer informe elaborado por ese espacio de investigación.
El estudio pone el foco en las creencias y en las experiencias de quienes participaron de la encuesta. Allí aparece un dato central: si bien la mayoría continúa identificándose como católica, existe un sector significativo que no se reconoce dentro de una religión determinada.
Entre quienes quedan por fuera de las categorías tradicionales aparecen personas que se definen como ateas o agnósticas, pero también otras que sostienen alguna forma de creencia —en Dios, en la energía u otras dimensiones espirituales— sin identificarse como católicas, evangélicas, judías, budistas o pertenecientes a otra religión institucionalizada.
El 35,5% buscó ayuda en una institución religiosa
Uno de los principales datos del tercer informe es que el 35,5% de los encuestados afirmó haber asistido a una institución religiosa en busca de algún tipo de ayuda.
El dato resulta especialmente significativo porque dentro de ese universo también aparecen personas que no se identifican con ninguna religión en particular. Es decir, la falta de pertenencia institucional no necesariamente implica un alejamiento absoluto de las iglesias, templos u organizaciones religiosas. En muchos casos, esas instituciones aparecen como espacios a los que se recurre frente a situaciones concretas de vulnerabilidad.
Según explicó Setton, el 16% del total de los encuestados concurrió a una institución religiosa en busca de trabajo o por alguna situación económica.
También aparece la salud como uno de los motivos de consulta. Personas que no pueden comprar un medicamento o que atraviesan alguna dificultad sanitaria recurren a estos espacios en busca de redes de contención y ayuda. Pero la asistencia no se limita a cuestiones materiales.

Crisis económica, malestar y búsqueda de sentido
Para Setton, las crisis económicas no deben ser entendidas únicamente como problemas vinculados a la falta de dinero.
También pueden producir falta de perspectivas de futuro, desorientación y un sentimiento general de incertidumbre.
En ese contexto, las religiones pueden ofrecer algo que trasciende la respuesta material: sentido, esperanza y una forma de interpretar el malestar. “Las religiones tienden a ofrecer sentido”, explicó el investigador, aunque aclaró que eso no significa necesariamente que puedan brindar soluciones concretas a los problemas que enfrentan las personas.
La distinción resulta importante. Que una persona concurra a un templo en busca de ayuda no significa necesariamente que encuentre allí una solución efectiva a su problema. A la vez, Setton remarcó que las instituciones religiosas no necesariamente deberían asumir funciones que corresponden a otras estructuras sociales y estatales.
Cuando las iglesias ocupan espacios que deja el Estado
Durante la entrevista surgió una pregunta de fondo: ¿las instituciones religiosas comenzaron a ocupar funciones que anteriormente estaban asociadas al Estado?
Setton coincidió en que el fenómeno puede observarse y recuperó el concepto académico de “incidencia subsidiada”, trabajado por su colega Juan Esquivel, también participante de este trabajo.
La idea permite pensar cómo determinadas instituciones religiosas terminan interviniendo frente a necesidades sociales que no encuentran respuestas suficientes en otras instancias. Sin embargo, el investigador planteó una advertencia: no debería naturalizarse que las iglesias se hagan cargo de problemas que requieren respuestas estatales.
Setton recordó incluso una experiencia de campo realizada años atrás, cuando trabajaba en el área de Cultos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Durante un relevamiento en organizaciones religiosas, una persona le explicó que la institución brindaba ayuda, pero que entendía que “la iglesia no está para eso”, sino que su función estaba vinculada a la fe.
El investigador aclaró que esa postura puede ser discutida y que existen distintas formas de entender el rol social de las religiones. Sin embargo, sostuvo como opinión personal que no debería asumirse como algo normal que las instituciones religiosas reemplacen al Estado. “No decir: bueno, listo, que se ocupen las instituciones religiosas y el Estado se retira”, sintetizó.
Para Setton, el Estado mantiene la obligación de intervenir ante determinadas problemáticas sociales, mientras que las organizaciones religiosas también deberían poder desarrollar aquello que las caracteriza: la dimensión de las creencias y lo espiritual.
¿La visita del Papa puede cambiar la relación con la fe?
Durante la entrevista también apareció una cuestión de particular relevancia para los católicos: qué impacto podría tener la presencia del Papa en la Argentina sobre las estadísticas y los niveles de religiosidad.
Setton consideró difícil anticipar qué efecto concreto podría generar y sostuvo que la experiencia histórica permite hacer algunas inferencias.
Recordó que el nombramiento de Jorge Bergoglio como Papa produjo una transformación importante dentro del mundo católico y religioso argentino, con un período inicial de entusiasmo y fuerte identificación. Sin embargo, con el paso del tiempo, explicó, las personas tienden a regresar a su vida cotidiana.
Por eso, el investigador no espera que un acontecimiento de este tipo genere necesariamente un cambio de largo plazo en la participación religiosa, en las instituciones o en la configuración general de las creencias.
Menos misa, pero no necesariamente menos fe
Uno de los interrogantes centrales que deja el estudio es si la menor participación en iglesias significa necesariamente que los argentinos dejaron de creer. Para Setton, la respuesta es negativa.
La tendencia hacia una menor institucionalización de la religión no es un fenómeno exclusivamente argentino. Se observa también a nivel global y viene desarrollándose desde hace décadas. Lo que estaría cambiando es la manera en que las personas organizan sus propias creencias.
La religión se convierte progresivamente en un asunto que puede ser vivido por fuera de las organizaciones, las comunidades y las autoridades religiosas tradicionales.
En ese proceso aparece lo que Setton definió como una suerte de “cuentapropismo religioso”: personas que construyen su propia combinación de creencias, toman elementos de diferentes tradiciones y los incorporan a su experiencia personal.
Así, pueden coexistir elementos del catolicismo con prácticas vinculadas a religiones orientales o expresiones de la religiosidad popular que no necesariamente cuentan con la aprobación de las autoridades religiosas tradicionales. El investigador aclaró que no utiliza esta descripción como una valoración positiva o negativa, sino como una forma de explicar un fenómeno social.
Rezar en soledad y meditar: la espiritualidad fuera del templo
Uno de los aspectos observados en informes anteriores del Observatorio de las Creencias es que las personas continúan desarrollando prácticas religiosas y espirituales aunque no concurran regularmente a una institución.
Entre las prácticas más extendidas aparece el rezo en soledad y también la meditación.
Esta última, señaló Setton, atraviesa distintos sectores sociales: puede encontrarse tanto en sectores populares como en clases medias y sectores económicamente favorecidos. La tendencia muestra que la transformación religiosa no necesariamente implica la desaparición de la espiritualidad.
Más bien, puede significar una creciente autonomía de las personas para construir sus propias formas de vincularse con lo sagrado.
¿Hay una crisis de autoridad religiosa?
La transformación también alcanza a las autoridades tradicionales.
Según Setton, existe una crisis importante del concepto de autoridad religiosa, en paralelo con la pérdida de centralidad de las instituciones.
La persona ya no necesariamente acepta una determinada práctica o creencia porque una autoridad religiosa la establece. Puede buscar, comparar, incorporar elementos diversos y construir una experiencia espiritual propia.
En este sentido, el cambio puede pensarse menos como una desaparición de la fe que como una transformación de las formas de creer y de relacionarse con lo religioso.
Redes sociales, influencers e inteligencia artificial: todavía tienen poca incidencia
Durante la entrevista también se planteó una comparación con otros ámbitos donde la autoridad tradicional está siendo cuestionada, como la medicina, debido a la circulación de recomendaciones de influencers en redes sociales. La pregunta fue si algo similar podría estar sucediendo con la religión.
Setton señaló que el Observatorio también indagó sobre la relación entre lo religioso, las redes sociales, internet, los videos y hasta el uso de inteligencia artificial para vincularse con lo sagrado. Sin embargo, los resultados todavía no muestran una incidencia estadísticamente relevante.
La cantidad de personas que manifiesta consultar influencers vinculados con cuestiones espirituales es aún muy baja.
Existe una utilización algo mayor de redes sociales y tecnología entre los evangélicos, pero, de acuerdo con Setton, continúa siendo un porcentaje reducido. Por ahora, entonces, las redes sociales y la inteligencia artificial parecen tener un papel secundario frente a otras formas de búsqueda espiritual.
Una transformación más profunda que una simple pérdida de fe
Los resultados analizados por Damián Setton permiten pensar que el fenómeno religioso argentino no puede explicarse simplemente diciendo que “la gente dejó de creer”. El escenario es más complejo.
Hay personas que continúan identificándose como católicas o evangélicas; otras abandonan las categorías religiosas tradicionales; algunas se definen como ateas o agnósticas; y también existe un grupo que mantiene creencias espirituales sin querer formar parte de una institución.
Al mismo tiempo, las iglesias y templos siguen funcionando como espacios de ayuda frente a problemas económicos, laborales, sanitarios y espirituales. La crisis económica, además, puede profundizar la búsqueda de sentido y esperanza.
En paralelo, disminuye la centralidad de las instituciones y aumenta la autonomía individual para definir qué creer, cómo practicarlo y dónde buscar respuestas.
La pregunta, entonces, quizá ya no sea solamente si los argentinos siguen creyendo, sino qué significa creer en una sociedad donde la fe puede existir sin templo, sin autoridad religiosa y hasta sin una identidad religiosa definida.
Y en esa transformación, según surge de los datos del Observatorio de las Creencias, la fe no necesariamente desaparece: cambia de forma.
Inflación en Argentina: los gastos fijos de los hogares suben por encima del índice general https://t.co/eHZC3gtIIM pic.twitter.com/7YELEBv9xf
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