El uso incorrecto de antibióticos continúa siendo un problema de salud pública a nivel mundial. Ya sea por automedicación, tratamientos innecesarios frente a enfermedades virales o prescripciones inadecuadas, estos fármacos pueden generar consecuencias que trascienden la resistencia bacteriana. Expertos alertan que también afectan la microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos que habita en el organismo y cumple funciones esenciales para el bienestar general.
De acuerdo con un informe, persisten prácticas preocupantes dentro y fuera de los sistemas sanitarios, como iniciar tratamientos sin evidencia suficiente, extenderlos más tiempo del necesario o no ajustarlos según los resultados de estudios microbiológicos.
La médica infectóloga Corina Nemirovsky explicó que el uso inadecuado de estos medicamentos genera consecuencias tanto individuales como colectivas. Entre los efectos adversos más frecuentes mencionó alergias, reacciones cutáneas y alteraciones en la microbiota intestinal. Además, destacó que el uso incorrecto favorece la supervivencia de bacterias resistentes, dificultando el tratamiento de futuras infecciones.
La especialista remarcó que el problema trasciende al paciente, ya que las bacterias resistentes pueden transmitirse entre personas y dispersarse en el ambiente a través de excretas, llegando incluso a fuentes de agua y ampliando los riesgos sanitarios.
Otro aspecto que preocupa es el impacto ambiental. Los antibióticos sobrantes o vencidos suelen ser descartados de forma incorrecta en residuos domiciliarios o sistemas cloacales. Los especialistas recomiendan llevarlos a puntos de recolección habilitados, como farmacias hospitalarias, para garantizar una disposición segura.
La microbiota, un aliado fundamental para la salud
El cuerpo humano alberga millones de microorganismos —bacterias, hongos, virus y otros organismos— que desempeñan funciones esenciales. En el intestino, estos forman la denominada microbiota intestinal, conocida popularmente como flora intestinal.
Según explicó el bioquímico Miguel Ángel de Cristófano, cada vez existe más evidencia científica sobre la importancia de proteger estos ecosistemas microbianos. Aunque los antibióticos están diseñados para eliminar bacterias que causan enfermedades, también pueden afectar microorganismos beneficiosos que contribuyen al equilibrio intestinal.
Las alteraciones de la microbiota pueden impactar en cualquier persona, aunque ciertos grupos presentan mayor vulnerabilidad. Entre ellos se encuentran los pacientes inmunocomprometidos, los recién nacidos y niños pequeños —cuyo sistema inmunológico aún está en desarrollo— y los adultos mayores de 65 años.
La conexión entre el intestino y el cerebro
Las investigaciones recientes también han fortalecido el concepto del denominado eje intestino-cerebro, una compleja red de comunicación entre ambos órganos. La evidencia indica que una microbiota equilibrada contribuye al correcto funcionamiento del sistema inmunológico y podría influir en distintos aspectos de la salud neurológica y emocional.
Por este motivo, los especialistas insisten en la necesidad de utilizar antibióticos únicamente bajo indicación médica y cuando realmente sean necesarios.
Cómo proteger la microbiota intestinal
Para favorecer la salud intestinal, los expertos recomiendan mantener una alimentación variada y rica en alimentos de origen vegetal. Las fibras presentes en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, semillas y frutos secos constituyen una fuente de nutrición para numerosas bacterias beneficiosas.
También destacan el aporte de alimentos fermentados como el yogur natural, el kéfir y el chucrut. Tras finalizar un tratamiento antibiótico, sostener estos hábitos saludables puede contribuir a una recuperación progresiva del equilibrio de la microbiota intestinal.
La creciente evidencia científica muestra que el cuidado de la microbiota no solo beneficia la salud digestiva, sino que también fortalece el sistema inmunológico y ayuda a preservar el equilibrio general del organismo.



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