El director de la Fundación Tejido Urbano, Fernando Álvarez de Celis, dialogó con Radio Up y afirmó que la dificultad para acceder a una vivienda en Argentina, ya sea a través de un alquiler o casa propia, “es muy grande” y explicó que el país enfrenta un déficit habitacional de casi 4 millones de viviendas.
En su análisis, Álvarez de Celis detalló que “hace falta construir 1 millón y medio más de viviendas por el déficit habitacional y hay 2 millones y medio de viviendas con algún problema cualitativo”, ya sea por fallas estructurales o por falta de infraestructura y servicios.
Según puntualizó el especialista, el problema se agravó en paralelo al crecimiento del mercado de alquileres: “En los últimos 20 años casi que se duplicó la cantidad de inquilinos. Hoy está casi por arriba del 25% y en la Ciudad de Buenos Aires está llegando casi al 40%”. En ese contexto, reconoció que “el sueño de la casa propia está cada vez más alejado”.
En este sentido, apeló a un dato histórico para dimensionar el deterioro: “En el censo del año 2000, el 80% de los argentinos éramos propietarios y en el último censo da que el 60% son propietarios”, una caída que relacionó directamente con la falta de crédito y de políticas públicas sostenidas.

El director de la Fundación Tejido Urbano remarcó que “del 2000 para acá, y sobre todo del censo 2010 al censo 2022, casi no hubo nuevos propietarios en la Argentina”. Según dijo, “tener una casa en la Argentina casi siempre es producto de una herencia o del ahorro previo, pero no del crédito hipotecario ni de la gente que con su trabajo pueda construir o comprar su propia vivienda”.
Consultado por las razones de este cambio, señaló múltiples factores. “La cuestión macroeconómica afecta… que no haya moneda en Argentina, que no haya crédito hipotecario, es un tema muy fuerte”, aseguró. Comparó la situación con Chile, donde “el 28,5% del PBI en 2024 era crédito hipotecario y en Argentina es el 0,4%”. En paralelo, el valor de las propiedades se disparó frente a los salarios: “En 1997 eran 7 años de ingreso promedio para comprar un departamento; en 2013 llegó casi a 22 y en 2025 está casi en 15 años”.
También respondió a quienes plantean que los jóvenes eligen no endeudarse: “Con estos ingresos, el joven ni siquiera se puede pensar ser propietario; muchas veces no puede pensar ni alquilar”. Según sus estudios, cuando existen créditos hipotecarios “los primeros que se presentan son los jóvenes”, lo que contradice la idea de un desinterés generacional. “Ese sueño se hizo una pesadilla o inalcanzable, entonces ni siquiera lo pueden pensar”, afirmó.

En cuanto al tiempo necesario para revertir la tendencia, explicó que la recuperación exige políticas sostenidas: “Necesitás diez años de crédito hipotecario con 50.000 familias por año”, lo que requiere continuidad e inversión. Recordó el caso chileno: “Chile empezó en la década del 80 y lleva ininterrumpidamente desde entonces con créditos hipotecarios”. Pero advirtió que la Argentina “no tiene esas políticas” y que la problemática incluye además “5 millones de argentinos viviendo en barrios populares sin infraestructuras”, por lo que la inversión pública también resulta indispensable.
Al referirse al impacto social, Álvarez de Celis destacó que “el 40% de los jóvenes hasta 35 años vive con sus padres”, situación que genera tensiones cotidianas: “Chicos que no podían ir con su novia o su novio para tener intimidad, amigos que no se podían juntar para ver un partido, problemas de convivencia fuertes”. Además, vinculó estas situaciones con la salud mental y con la imposibilidad de independizarse.
El problema también se refleja en el mercado de alquileres. “En Argentina el promedio debería ser el 25% del ingreso, pero hemos llegado hasta el 45% y hasta el 50%”, alertó. Esa presión hace “muy difícil vivir en un lugar donde casi la mitad de los ingresos se destina al alquiler, con la incertidumbre que eso genera”.
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A su vez, subrayó un fenómeno preocupante: “Estamos atravesando el peor momento de natalidad en la historia argentina”. Permanece abierto, según consideró, si la dificultad para acceder a una vivienda influye en la decisión de no tener hijos. “Ahí también hay que estudiar bastante cómo afecta la relación del hábitat respecto a las condiciones materiales”, señaló.
Respecto al rol del Estado, sostuvo que “en algún momento la obra pública va a tener que relanzarse”, aunque destacó que varias provincias comenzaron a reforzar sus capacidades locales. Recordó que “el FONAVI sigue existiendo” y que “en 2011 se construyeron 11.000 viviendas entre todas las provincias”, aunque admitió: “Obviamente no alcanza porque los números son muy grandes”. Coincidió en que, entre 2001 y 2020, “la política de vivienda no fue muy eficiente”, y que la problemática requiere un abordaje integral.
Finalmente, identificó las zonas más críticas del país: “El noroeste tiene el principal problema habitacional: Salta, Jujuy, Formosa, Santiago del Estero”, aunque aclaró que “no hay ninguna provincia que no tenga déficit habitacional”.
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