A 50 años del golpe militar, Evelin Bauer Pegoraro reconstruye en su libro y en primera persona una historia atravesada por la identidad, la búsqueda de sus orígenes, los vínculos con sus papás y un largo proceso de transformación personal.
Hija de dos personas desaparecidas, Bauer Pegoraro descubrió a los 21 años que había nacido en cautiverio en la ESMA y que quienes había considerado sus padres durante toda su vida no eran sus progenitores biológicos.
En diálogo con La Última Rosca, programa que se emite por Radio Up, la autora de Quién está ahí repasó aquel descubrimiento, el proceso judicial posterior y las preguntas que durante años atravesaron su vida.
“La historia comienza como empiezo relatando en el libro, con un timbre donde yo, por varias situaciones, me entero que no soy hija de quienes creía que eran mis padres y que nací en la ESMA”, relató.
A partir de aquella revelación, Bauer Pegoraro comenzó a reconstruir una historia familiar que desconocía. Finalmente pudo conocer información sobre sus padres biológicos desaparecidos, aunque el proceso estuvo acompañado por conflictos personales y judiciales.
“Como yo ya tenía 21 años, eso desató un montón de preguntas y conflictos porque no había una ley que me proteja respecto de hacerme honor al ADN”, explicó.
La búsqueda de su identidad biológica no significó, sin embargo, borrar los vínculos construidos durante su infancia. Por el contrario, una de las principales reflexiones que atraviesa su libro es la posibilidad de integrar distintas partes de una misma historia.
“Puedo ser hija de mis papás de crianza, que los amo con todo mi corazón, también soy hija de mis papás biológicos a quienes no conocí”, sostuvo.
Para la autora, el proceso implicó abandonar una mirada basada en oposiciones y aceptar que distintas verdades pueden convivir.
“Una cosa no quita a la otra”, afirmó, al explicar cómo logró fortalecer el vínculo con su familia biológica sin dejar de reconocer el lugar de quienes la criaron.
Una infancia que consideraba normal
Bauer Pegoraro contó que durante su infancia y adolescencia nunca sospechó que existiera una historia diferente detrás de su origen.
“Yo vivía con una realidad, para mí eran mis papás”, recordó durante la entrevista.
Su infancia transcurrió con normalidad y fue recién cuando tenía 21 años, mientras estudiaba en la facultad, cuando conoció la verdad sobre su nacimiento.
“Yo tuve una infancia absolutamente normal, tranquila, propia de mi edad”, señaló.
El descubrimiento tampoco modificó automáticamente sus vínculos familiares. “Siguen siendo mis papás, mi papá falleció, no está en este plano ahora, pero siguen siendo mis papás, siguen siendo mis primos, siguen siendo mi hermana”, explicó.
La revelación significó, en cambio, la ampliación de una familia que hasta entonces desconocía.
“La familia se agrandó en mí”, sintetizó.
El impacto de la Justicia y la violencia institucional
Uno de los capítulos más complejos de su historia estuvo relacionado con el proceso judicial que siguió al descubrimiento de su origen.
Bauer Pegoraro recordó que, cuando se conoció que podía ser hija de desaparecidos, atravesó una instancia que vivió como una forma de persecución institucional.
“Yo no cometí ningún delito y viví un allanamiento en mi casa. Ni siquiera en la casa de mis padres, ya estaba casada”, relató.
La situación la llevó a recurrir a un abogado para defenderse frente a un procedimiento que, según explicó, la excedía completamente.
“Yo era absolutamente víctima, entonces eso genera un estado de alerta en el ser humano”, expresó.
Según su relato, aquella situación produjo un mecanismo de defensa que durante años le dificultó conectarse emocionalmente con todo lo que estaba ocurriendo.
“Funcionó como: ‘bueno, yo me voy a defender de lo que me está atacando y no voy a conectar con mi lado emocional’”, contó.
Ese estado de alerta también influyó en su manera de enfrentar la posibilidad de conocer a su familia biológica.
“El libro es en sí un proceso de sanación”
Con el paso de los años, Bauer Pegoraro pudo volver sobre aquellos acontecimientos desde otra perspectiva.
“El libro es en sí un proceso de sanación”, afirmó.
La escritura le permitió recuperar recuerdos, reconocer emociones y revisar situaciones que durante mucho tiempo había mantenido alejadas de su mundo cotidiano.
“Poder ir conectando y recordando 20 años después cada una de estas situaciones, cada una de estas persecuciones”, explicó.
La autora contó que al escribir sobre determinadas instancias judiciales volvieron sensaciones que había experimentado décadas atrás.
“Cuando la recuerdo y la traigo a la memoria, la vuelvo a sentir”, señaló.
Sin embargo, aseguró que hoy cuenta con herramientas diferentes para procesar aquellas emociones y comprender que esos episodios forman parte de un pasado que ya no puede dañarla de la misma manera.
Integración, aceptación y perdón
Uno de los conceptos centrales de su mirada es la integración.
Bauer Pegoraro considera que aceptar las distintas partes de una experiencia puede permitir avanzar sin necesidad de negar ninguna de ellas.
“Con integración y aceptación y con mucho perdón”, respondió cuando le preguntaron cómo logró convivir con las distintas etapas de su historia.
En ese camino también incorporó una reflexión sobre las instituciones y las personas que participaron de aquel proceso.
“Con el tiempo pude entender, pude comprender, pude perdonar que era lo que tenían que hacer, que tenían los recursos limitados”, manifestó.
Para la autora, atravesar una experiencia traumática también puede convertirse en una oportunidad para descubrir aspectos desconocidos de uno mismo.
“El transitar una situación que puede ser traumática también es una oportunidad para desarrollar nuevas herramientas, para conocerte con mayor profundidad”, sostuvo.
Su vínculo con Abuelas y la búsqueda de los orígenes
Durante el proceso de investigación y determinación judicial, Bauer Pegoraro tuvo contacto con integrantes de Abuelas de Plaza de Mayo y con otras personas que atravesaban situaciones relacionadas con la búsqueda de sus orígenes.
Según explicó, su objetivo era encontrar una manera de conocer su identidad biológica sin que eso implicara necesariamente utilizar el resultado contra sus padres de crianza.
“Yo quería hacerme el ADN, pero que no se use contra mis padres de crianza, pero sí conocer mi origen biológico y conocer a mi familia”, explicó.
La autora remarcó que decidió transitar un camino propio y que no forma parte de ninguna de las instituciones vinculadas con esta temática.
“Yo abrí un camino aparte que tenía que ver con lo que yo creía en el corazón que era mejor para mí”, sostuvo.
La dictadura y el diálogo con sus hijos
Hoy, Bauer Pegoraro también aborda su historia desde el lugar de madre de adolescentes.
Explicó que con sus hijos habla de la dictadura militar principalmente a partir de lo que ellos estudian y del contexto histórico.
“No me paré en ningún lado, ni siquiera me creo capaz de evaluar un proceso militar, una dictadura”, señaló.
Su intención, explicó, no es que sus hijos queden atrapados en el dolor del pasado, sino que puedan comprender lo ocurrido y, al mismo tiempo, mirar hacia adelante.
“Yo elijo mirar para adelante y así les enseñé a mis hijos”, afirmó.
En ese diálogo también aparece una diferencia generacional. Sus hijos pertenecen a una época marcada por los teléfonos celulares, internet y las redes sociales, mientras que la infancia de Bauer Pegoraro transcurrió en un contexto completamente diferente.
“Hay que contextualizar un poco las cosas porque no lo comprenden”, explicó.
Más allá de los acontecimientos históricos, considera que lo más importante es poder hablar sobre las emociones y sobre la manera en que una persona atraviesa situaciones difíciles.
Una historia que busca trascender el caso personal
Bauer Pegoraro sostiene que su historia no es solamente individual.
Cuando su caso tomó estado público, muchas personas se acercaron para contarle experiencias propias relacionadas con pérdidas, familiares desaparecidos y distintos tipos de dolor.
“Cada una traía su dolor y me contaban: ‘Te vi en la tele, mi papá, mi tío, lo que sea’. Algo le resonaba y algo le recordaba su propio dolor”, recordó.
Esa experiencia reforzó en ella la idea de que existen múltiples historias atravesadas por crisis de identidad, pérdidas y preguntas sobre quiénes somos.
“Esta es mi historia, la historia de muchos argentinos, pero hay un montón de historias que nos van rompiendo ciertas estructuras y ciertas creencias”, reflexionó.
Frente a las miradas ajenas
Otro de los aspectos que aborda Quién está ahí es el impacto de las miradas externas.
La autora tuvo que convivir con opiniones, cuestionamientos y juicios relacionados con las decisiones que tomó durante su proceso de búsqueda.
Frente a esas miradas, sostiene que una persona no debería permitir que las opiniones ajenas definan su identidad.
“Entender que son juicios y que están relacionados a las experiencias que vivieron, a los dolores que sufrieron, entonces no me definen, no me limitan”, afirmó.
Bauer Pegoraro propone diferenciar entre un hecho y una interpretación.
“Esto me suma, esto es un juicio o es un hecho”, planteó como ejercicio para observar las opiniones propias y ajenas.
A 50 años del golpe: identidad y futuro
En el marco de los 50 años del golpe militar, la autora plantea una mirada que busca correrse de las posiciones rígidas.
“Me parece que es interesante plantearnos, dentro del contexto de por supuesto 50 años, qué significa la identidad, quiénes somos como personas, qué somos como comunidad”, sostuvo.
Su propuesta está vinculada con la posibilidad de pensar el pasado desde distintas experiencias humanas y evitar que todo quede reducido a una lógica de enfrentamiento.
“No todo es blanco o negro, en definitiva son dolores humanos de muchas personas”, afirmó.
Para Bauer Pegoraro, esa perspectiva permite preguntarse qué sociedad se quiere construir hacia adelante.
“Qué es lo que queremos generar a futuro, qué es lo que podemos integrar y dejar de estar polarizando todo el tiempo”, planteó.
Quién está ahí, una historia sobre identidad
Quién está ahí es presentado como un relato íntimo sobre la reconstrucción personal después de una verdad que modifica por completo aquello que una persona creía saber sobre sí misma.
El libro aborda la identidad y la búsqueda de origen, los vínculos familiares, el impacto emocional de descubrir una verdad inesperada, la exposición mediática, el trauma y los procesos de reparación.
También propone a la escritura como herramienta de sanación.
Más allá de la historia de la dictadura y de los acontecimientos judiciales que atravesaron su vida, Bauer Pegoraro busca poner el foco en una pregunta más amplia: qué sucede con una persona cuando debe reconstruir la imagen que tiene de sí misma.
Su recorrido personal la llevó además a formarse como counselor, actividad desde la que acompaña a otras personas en procesos de crisis y transformación.
Desde esa experiencia, su propia historia se convirtió en una herramienta para reflexionar sobre la identidad, las emociones, los vínculos y la posibilidad de integrar diferentes partes de una vida.
En diálogo con La Última Rosca, Bauer Pegoraro cerró la conversación con una idea que atraviesa todo su libro: una experiencia dolorosa puede formar parte de una identidad sin convertirse necesariamente en aquello que la define.
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