A los 8 años, Nazareno Magan Huntter escuchó por primera vez la Séptima Sinfonía de Beethoven. No sabía todavía todo lo que iba a significar la música en su vida, pero aquella experiencia quedó como uno de sus primeros recuerdos musicales. Sus padres le hacían escuchar diferentes obras desde pequeño y, casi sin darse cuenta, fueron ayudando a formar su oído y una curiosidad que después lo llevaría a pasar muchas horas frente a un piano.
El instrumento también lo había fascinado desde chico. Le llamaba la atención su forma, su sonido y todo lo que ocurría cuando alguien se sentaba frente a esas teclas. Así comenzó un camino que primero tuvo sus primeras clases en la escuela de música y con maestros particulares, hasta que a los 13 años empezó a dar conciertos y participar en concursos. Más adelante se trasladó a Córdoba para profundizar su formación profesional y continuar estudiando con sus maestros actuales.
En diálogo con Radio Up, Nazareno repasó ese recorrido y también hizo una aclaración que suele aparecer cuando se habla de su especialidad. Aunque todos hablamos de “música clásica”, el término más preciso es música académica, porque “clásico” identifica específicamente a un período de la historia musical que se ubica aproximadamente entre 1750 y 1820. De todos modos, admite que la expresión “música clásica” está tan instalada que probablemente seguirá siendo la más utilizada.

Del primer concierto al Teatro Colón
Los concursos y las presentaciones fueron abriendo nuevas puertas en su carrera y una de las más importantes llegó el año pasado, cuando recibió una invitación para tocar en el Teatro Colón. La propuesta surgió desde la Fundación Music App, creada por el pianista Claudio Espector, egresado del Conservatorio de San Petersburgo, en Rusia, y dedicada a acompañar y fomentar la formación de jóvenes músicos.
Para Nazareno, la posibilidad de tocar allí tenía además un significado especial porque era un sueño que arrastraba desde la infancia. “Yo soñaba desde chico siempre en tocar el Teatro Colón, pero no me imaginé que iba a ser tan pronto”, contó.
Después de aquella presentación también recibió un reconocimiento de la Legislatura de Misiones, pero entre todos los recuerdos que quedaron de esa experiencia hay uno que sobresale: sentarse frente al piano y tocar en uno de los teatros más importantes del mundo. Para un músico que comenzó sus estudios siendo niño, llegar a ese escenario significó uno de esos momentos que permiten mirar hacia atrás y dimensionar todo el camino recorrido.
Qué siente un pianista cuando se apagan las conversaciones y empieza el concierto
Una de las preguntas de la entrevista fue qué pasa por la cabeza de un pianista justo antes de comenzar a tocar, cuando el público ya está sentado y todo queda en silencio. Nazareno reconoce que es uno de los momentos más difíciles y que, aunque durante los días previos puede sentirse tranquilo, los nervios aparecen cuando llega la hora de salir al escenario.
“Me pongo muy nervioso, sufro mucho los minutos previos a un concierto”, contó. La sensación aparece especialmente cuando se asoma a la puerta y ve al público esperando. Allí se mezclan el miedo, la emoción y una buena dosis de adrenalina, hasta que finalmente se sienta en la banqueta y tiene las 88 teclas frente a él.
En ese momento intenta hacer una pausa mental, respirar profundamente y recordar todo el trabajo que hubo detrás de esos minutos. “Me vengo formando hace mucho tiempo, di todo lo que tenía que dar y daré lo mejor que pueda”, es la idea que intenta llevarse consigo cuando comienza a tocar.
El momento posterior, en cambio, es completamente distinto. “Es el mejor momento que existe en la vida como músico”, aseguró al hablar de los minutos posteriores al concierto, cuando llegan los aplausos y aparece la tranquilidad de saber que pudo hacer aquello para lo que se preparó durante tanto tiempo: compartir su música con un público que eligió estar allí. Después, además, suelen llegar las reuniones con colegas y amigos, otra parte de la experiencia que disfruta especialmente.

Piano y teclado: dos instrumentos que no producen lo mismo
La conversación también permitió conocer un poco más sobre el instrumento que ocupa buena parte de su vida. Nazareno explicó que el piano es un instrumento de cuerda percutida, porque en su interior hay cuerdas que son golpeadas por pequeños martillos cuando se presionan las teclas. Generalmente tiene 88 teclas, aunque existen instrumentos con una extensión mayor.
De hecho, uno de los próximos desafíos que tendrá será tocar en Chaco un Bösendorfer Imperial, un piano de más de 90 teclas que, según explicó, es uno de los tres instrumentos de esas características que existen en el país.
La diferencia con un teclado no está solamente en la cantidad de teclas, sino fundamentalmente en la forma en que se produce el sonido. En un piano acústico el sonido nace de un mecanismo físico, mientras que en un teclado es digital. Por eso, aunque un niño o un joven puede comenzar perfectamente sus estudios con un teclado, Nazareno considera que tarde o temprano debe pasar a un piano acústico.
“El sonido es completamente diferente, el peso de la tecla es fundamental”, explicó. Esa diferencia se vuelve especialmente importante cuando llega el momento de tocar en un concierto y el músico tiene que adaptarse a un piano que puede responder de una manera muy distinta al instrumento con el que practicó.
Un año con conciertos, alumnos y nuevos proyectos
El presente de Nazareno está bastante cargado. Entre sus próximas actividades aparece un concierto previsto para el 21 de octubre en el Centro Cultural Guido Miranda, en Chaco, dentro de un ciclo que viene desarrollando bajo el nombre “El piano a través de los siglos”.
La propuesta busca recorrer diferentes períodos de la historia de la música, con obras que van aproximadamente desde 1600 hasta 1950 e incluye también composiciones argentinas. A eso se suman proyectos para participar durante enero en festivales de música clásica en Brasil.
Pero los escenarios son solamente una parte de su actividad. La docencia ocupa cada vez más espacio en su vida y actualmente está acompañando la formación de jóvenes pianistas. A principios de septiembre, dos de sus alumnos ofrecerán un concierto en el espacio Urunday, en Posadas, algo que lo entusiasma especialmente porque le permite ponerse del otro lado de aquella experiencia que él mismo vivió cuando era más chico.
“Yo estuve ahí hace 10 años en ese lugar de alumno y ahora ya subí. Yo también sigo siendo un alumno”, reflexionó. Para Nazareno, la formación musical nunca termina y, aunque hoy tenga alumnos a los que enseña, él sigue sintiéndose un estudiante frente a todo lo que todavía tiene por aprender.

También empezó a componer y quiere llevar su música al cine
A la interpretación y la docencia se suma ahora la composición. Nazareno ya tuvo una primera experiencia componiendo música para un cortometraje sobre veteranos de Malvinas y actualmente está trabajando en obras para coro a cuatro voces, principalmente dentro de lo que denomina música sacra.
También continúa su formación universitaria con una Licenciatura en Didáctica Musical, mientras empieza a explorar otros caminos que le interesan desde hace tiempo. Uno de ellos es el cine, una pasión que comparte con la música y que le gustaría poder unir en algún momento a través de la composición de bandas sonoras.
“Soy un fanático del cine”, reconoció durante la entrevista, al hablar de uno de esos sueños que todavía están pendientes.
“Faltan salas y faltan pianos”
La charla también derivó hacia una cuestión que Nazareno considera importante para el desarrollo de la música en Misiones: la falta de espacios adecuados y, particularmente, de pianos disponibles para conciertos y formación.
En Posadas destaca el Parque del Conocimiento, al que considera un lugar muy bien equipado y con salas que permiten desarrollar propuestas de calidad. Sin embargo, entiende que todavía existe una deuda en materia de infraestructura cultural.
“Faltan salas y faltan pianos”, resumió.
También mencionó el piano que se encuentra en el Palacio del Mate, aunque señaló que actualmente no está en condiciones adecuadas. Para un pianista, la disponibilidad del instrumento no es un detalle menor, porque no se puede organizar un concierto de piano en cualquier espacio sin contar con un instrumento apropiado.
Pero su planteo va incluso un poco más allá. Nazareno entiende que la cultura no debería pensarse únicamente desde lo artístico, porque también forma parte de la economía y genera trabajo y movimiento.
“La música, el arte, la cultura, no solo la música, la literatura, el teatro, el cine, son actividades económicas que inyectan dinero en la economía real”, sostuvo.
Desde esa mirada, un concierto en el que se venden entradas, una obra de teatro o una película también forman parte de una actividad económica que necesita infraestructura. Por eso plantea la necesidad de contar con más salas, escenarios y pianos, adaptados a diferentes propuestas y públicos.
Y considera que los propios artistas tienen que participar de esa discusión y ocupar espacios donde puedan plantear qué necesita el sector.

Una provincia donde, según Nazareno, “levantás una piedra y hay músicos”
Cuando la conversación se trasladó a la música misionera, Nazareno destacó la diversidad que existe en la provincia y la cantidad de músicos que aparecen tanto en Posadas como en las localidades del interior.
“Uno va al interior y levantás una piedra y hay músicos”, dijo para graficar esa presencia. Mencionó las orquestas, los coros y el trabajo que se desarrolló durante años en materia de formación musical, con una referencia especial al maestro Emilio Rocholl.
Pero también puso en valor los sonidos propios de Misiones y recordó el gualambao, creado por Ramón Ayala, además de las galopas y la polca rural. Para él, la provincia tiene una identidad musical diferente a la de otras regiones del país y una relación muy marcada con el paisaje y la cultura de la selva.
En ese escenario, cree que hay muchos artistas que todavía tienen mucho para aportar y que deberían tener mayor participación, no solamente en los escenarios sino también en los espacios donde se discuten y se toman decisiones vinculadas con la cultura.
Europa, Venecia, la dirección orquestal y una película
A los 21 años, Nazareno ya tiene varios objetivos cumplidos, pero eso no significa que haya dejado de imaginar lo que viene. Cuando le preguntaron con qué sueña, Europa apareció rápidamente entre sus respuestas.
Le gustaría tocar en alguno de los grandes teatros del continente y mencionó especialmente al Teatro La Fenice de Venecia, uno de los escenarios que más admira. También piensa en la posibilidad de estudiar dirección orquestal, aunque imagina que será un proyecto para otra etapa de su vida.
Y está el cine, que aparece nuevamente entre sus objetivos. La idea de componer para una película combina dos de sus grandes intereses y representa uno de los caminos que le gustaría explorar en los próximos años.

Un balance positivo y mucho camino por delante
Cuando mira todo lo que hizo desde aquellos primeros años frente al piano, Nazareno reconoce que hubo mucho sacrificio. Durante su adolescencia pasó buena parte de su tiempo estudiando y practicando, dejando de lado algunas actividades para concentrarse en su formación.
“Si uno quiere dedicarse a la música clásica, tu vida tiene que ser la música”, explicó, al remarcar que una carrera de este tipo requiere mucha dedicación y constancia.
Aun así, el balance que hace es claramente positivo. Con 21 años, siente que consiguió más de lo que alguna vez imaginó cuando empezó a estudiar.
“Creo que para mi edad, tengo 21 años, he logrado muchas cosas, muchas que no me imaginé que iba a lograr a esta edad”, señaló.
Ahora aparecen nuevos concursos, conciertos, alumnos, proyectos de composición y, a más largo plazo, esos escenarios europeos que todavía forman parte de sus sueños.
Y mientras todo eso llega, Nazareno sigue haciendo algo que aprendió hace muchos años: sentarse frente a un piano, estudiar, escuchar y volver a empezar.
Porque, como dijo durante la entrevista, “la música no solo es un refugio, salva a la gente”. Y quizá ahí esté la mejor manera de entender por qué aquel chico que a los 8 años quedó fascinado escuchando a Beethoven decidió convertir la música en una parte tan importante de su vida.
Solo la mitad de los alumnos argentinos termina la primaria en tiempo y con aprendizajes satisfactorioshttps://t.co/D39q2Tcwsh pic.twitter.com/XbCGq2ZTq4
— Radio Up (@radioupar) August 13, 2026



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