Con la publicación del índice de inflación de junio cada vez más cerca, el foco de economistas, empresas y consumidores comenzó a trasladarse hacia lo que ocurrirá durante julio. Las estimaciones privadas coinciden en que el sexto mes del año habría consolidado el proceso de desaceleración de los precios, con registros inferiores al 2%, aunque las perspectivas para las próximas semanas estarán determinadas por una combinación de factores en la que los combustibles, el consumo interno y la política de precios tendrán un peso mayor que la evolución reciente del tipo de cambio.
Durante las últimas semanas, el comportamiento del dólar mayorista volvió a captar la atención de los mercados tras registrar un incremento respecto de los valores observados durante junio. Sin embargo, distintos economistas consideran que ese movimiento, por sí solo, todavía no alcanza para modificar significativamente la dinámica inflacionaria.
La explicación radica en que el tipo de cambio continúa moviéndose dentro de parámetros considerados compatibles con la evolución general de la economía durante el año. En consecuencia, el denominado "traslado a precios" o pass through aparece, por el momento, como un fenómeno acotado.
Las consultoras proyectan otra inflación por debajo del 2%
Las principales consultoras privadas estiman que la inflación de junio habría oscilado entre 1,8% y 1,9%, lo que implicaría una nueva reducción respecto del 2,1% registrado en mayo y consolidaría una tendencia de moderación que comenzó a observarse durante el segundo trimestre.
Ese escenario responde a una menor presión en distintos rubros del consumo masivo y a un mercado interno que continúa mostrando señales de escasa demanda, un factor que limita la capacidad de las empresas para trasladar aumentos de costos a los precios finales.
En ese contexto, varios analistas sostienen que la desaceleración no depende exclusivamente de la estabilidad cambiaria, sino también del comportamiento del consumo y de la capacidad del Gobierno para mantener controladas algunas variables clave.
El consumo continúa funcionando como un freno para los aumentos
Entre los economistas existe coincidencia en que el bajo nivel de actividad comercial continúa actuando como un elemento moderador de la inflación.
La menor capacidad de compra de los hogares obliga a numerosos sectores a sostener promociones, descuentos y estrategias comerciales para preservar los niveles de ventas, reduciendo el margen para aplicar incrementos generalizados.
Esta realidad explica por qué diversos relevamientos privados continúan mostrando variaciones muy moderadas en alimentos y productos de consumo cotidiano, incluso en un contexto donde algunas variables macroeconómicas experimentaron movimientos alcistas.

Los combustibles pasan a ocupar el centro de la escena
Más allá del dólar, el principal interrogante para julio gira alrededor de la evolución de los precios de las naftas y el gasoil.
El comportamiento de este sector resulta especialmente relevante debido a su efecto directo sobre el índice de precios al consumidor y, además, por el impacto indirecto que tiene sobre los costos logísticos, el transporte de mercaderías y diversas cadenas productivas.
En las últimas semanas, el precio internacional del petróleo retrocedió luego de la tensión generada por el conflicto en Oriente Medio, regresando a valores similares a los observados antes del episodio bélico.
Sin embargo, esa baja todavía no se trasladó plenamente al mercado argentino.
La política comercial de YPF condiciona las expectativas
Dentro del sector energético explican que la reducción del valor internacional del barril no implica automáticamente una baja en los surtidores.
Durante los meses de mayor volatilidad internacional, YPF implementó un esquema destinado a amortiguar el impacto de las fuertes oscilaciones del petróleo sobre el mercado doméstico, manteniendo relativamente estables los precios al público mientras el barril alcanzaba niveles significativamente superiores a los actuales.
Ahora, con un escenario internacional más estable, la petrolera busca recomponer parte de ese margen antes de avanzar con eventuales reducciones.
A este escenario se suma otro componente relevante: el incremento del tipo de cambio registrado durante las últimas semanas y la actualización de impuestos específicos sobre los combustibles, variables que también forman parte de la estructura de costos del sector.
El petróleo internacional ya no ejerce la misma presión
La caída del precio internacional del Brent, referencia utilizada para el mercado argentino, modificó las expectativas de los analistas respecto de la inflación de julio.
En términos teóricos, un petróleo más barato debería aliviar parte de los costos de producción y transporte, contribuyendo a moderar el aumento general de precios.
No obstante, la velocidad con la que ese beneficio llegue efectivamente a los consumidores dependerá de las decisiones comerciales adoptadas por las empresas petroleras y del contexto económico general.

El traslado del dólar continúa siendo limitado
Aunque existe consenso en que una depreciación sostenida del peso termina reflejándose en los precios internos, la mayoría de los especialistas considera que el movimiento observado recientemente todavía no alcanza para generar un impacto significativo.
La estabilidad relativa del mercado cambiario durante buena parte del año y la ausencia de expectativas de una corrección brusca contribuyen a contener ese mecanismo de transmisión.
No obstante, los economistas advierten que será necesario seguir de cerca la evolución de productos con mayor dependencia de insumos importados o vinculados directamente al tipo de cambio.
Julio abre una nueva etapa para la inflación
Las próximas semanas serán determinantes para evaluar si el proceso de desaceleración inflacionaria logra sostenerse.
Más allá del comportamiento del dólar, la atención estará concentrada en la evolución de los combustibles, el ritmo del consumo, la política tributaria aplicada al sector energético y las decisiones comerciales de las principales petroleras.
En ese contexto, la inflación de julio dependerá menos de los movimientos diarios del mercado cambiario y mucho más de cómo evolucionen los precios regulados y aquellos con mayor capacidad de generar efectos sobre el resto de la economía.
Tras varios meses de desaceleración, el desafío para el Gobierno será consolidar esa tendencia sin que las correcciones pendientes en sectores estratégicos vuelvan a acelerar el índice de precios durante el segundo semestre.
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