Tras los recientes episodios de amenazas y pintadas en instituciones educativas, Eduardo Cazenave llamó a poner el foco en el origen del problema:
“La escuela es el lugar donde el chico manifiesta lo que le pasa, pero no es donde se origina. Si trae un arma, no la trae de la escuela, la trae de casa”, afirmó.
En ese sentido, consideró que se le está cargando una responsabilidad excesiva al sistema educativo, cuando el rol de la familia es determinante.
Límites: una deuda compartida entre familia y escuela
Cazenave fue claro al señalar que los límites deben construirse de manera conjunta:
“Si la escuela sanciona pero en casa no pasa nada, la sanción no sirve para nada”, explicó.
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Además, advirtió sobre un cambio de paradigma que generó un vacío de autoridad:“Pasamos del autoritarismo total a no tener autoridad. Hoy los chicos sienten que total vale todo porque no hay consecuencias”.
Para el docente, este escenario debilita cualquier intento educativo y deja a los jóvenes sin referencias claras.
Redes sociales y distancia con los hijos
Otro punto clave fue el impacto de las redes sociales en la conducta de los adolescentes.
Cazenave remarcó que muchos padres desconocen qué consumen y qué hacen sus hijos en el entorno digital:
“Somos como un referee lejos de la jugada. No vemos qué están haciendo nuestros hijos”, graficó.
En ese contexto, advirtió que los desafíos virales pueden potenciar conductas peligrosas, sobre todo cuando los vínculos son superficiales o virtuales.
“Una amenaza no es una joda”
Sobre los episodios recientes, fue contundente:
“Una amenaza no es joda. El miedo que generás es real y las consecuencias también”.
Y planteó la necesidad de romper el silencio:
“Hay chicos que saben quién fue. No es ser buchón, es no ser cómplice”, sostuvo, diferenciando entre una travesura y una situación que pone en riesgo a otros.
Recuperar la autoridad y las sanciones
Cazenave defendió la necesidad de restablecer un sistema de consecuencias claras dentro de las escuelas:
“Tiene que haber sanciones. Si no hay consecuencias, no hay aprendizaje”, afirmó.
Incluso planteó que, en casos graves, debería existir la posibilidad de medidas más firmes:
“Si lo que hiciste es suficientemente grave, el colegio tiene que poder decir: acá no podés seguir”.
El rol del docente, entre dos presiones
El educador también se refirió a la situación de los docentes, que muchas veces quedan atrapados entre las decisiones familiares y las políticas educativas:
“Si el docente toma una decisión y siempre se la desautorizan, queda atado de manos”, explicó.

Sin embargo, destacó que el camino sigue siendo el vínculo:“El buen docente es el que está cerca, el que llega antes del problema y entiende lo que le pasa al alumno”.
El valor de los límites con afecto
En tono reflexivo, Cazenave cerró con una definición clave:
“No tengamos miedo a poner límites. Los límites ayudan a que una persona encuentre su centro”.
Y sintetizó el desafío educativo en una frase:
“Firmeza en las normas y ternura en la aplicación”, como base para formar personas y prevenir situaciones de violencia.



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