El camino de Cirilo Chamorro hacia la tecnicatura en Turismo Comunitario empezó mucho antes de anotar su nombre en los registros de ingreso del Instituto Superior Raúl Karaí Correa, en la comunidad Iryapý de Iguazú. Nació y creció en Pindo Poty, en El Soberbio, donde -como él mismo cuenta- la naturaleza y la cultura guaraní marcaron su vida desde temprano. “Siempre me gustó lo que es la naturaleza, nuestra cultura. Crecí en una comunidad que está en pleno suelo”, relató.
Tras terminar la secundaria, Cirilo dudaba entre dos carreras. Empezó una distinta y el turismo apareció en segundo lugar, pero la distancia, los costos y la falta de opciones accesibles hacían difícil cualquier decisión. Hasta que llegó una noticia que le cambió el rumbo: “Me comentaron que se abrió un instituto en una comunidad en Puerto Iguazú. Entonces dije: me voy a anotar, voy a seguir esa carrera, a ver si es lo que me gusta”. Con el tiempo, aquel impulso inicial se transformó en certeza: “A medida que fueron pasando los meses fui agarrando la mano y me encantó”, confió en La Última Rosca por Radio Up.
Su elección no fue casual. Para él, el turismo comunitario es una herramienta clave para proteger lo propio. “Creo que a través del turismo se puede mantener eso y proteger lo que es el patrimonio natural y cultural”, afirmó.

Cirilo conoce de primera mano el modo en que los visitantes suelen llegar con ideas preconcebidas. “Vienen con otra mirada… leen libros, ven videos, y después cuando llegan a la comunidad ven otra realidad”, reconoció. Durante su trabajo como intérprete en un emprendimiento comunitario en la ciudad de las Cataratas pudo comprobarlo una y otra vez.
Frente a esas miradas externas, él insistió en la necesidad de que sean los propios integrantes de las comunidades quienes cuenten su historia. “Nosotros contamos nuestra realidad, cómo vivimos hoy en día. Ya no vivimos de la caza o de la recolección… también estamos con el tema de la tecnología”, sostuvo, y agregó que la experiencia permite que los visitantes “se vayan con otra mirada, con otro aprendizaje”.
Que el turismo indígena sea regulado por los miembros de la comunidad mbya
Esa convicción se conecta directamente con un reclamo más amplio: que el turismo indígena sea gestionado por quienes conocen la realidad desde adentro. “La carrera está pensada en eso, para que el turismo indígena sea auto regulado por los integrantes de la comunidad mbya guaraní. Nosotros somos los que sabemos la realidad que atravesamos”, expresó.
Y fue más allá: “Si maneja la gente de afuera, nunca vamos a llegar a donde queremos”.

El sueño de volcar el conocimiento en una mejor vida para su comunidad
Su camino académico no estuvo exento de dificultades. La distancia con su comunidad implicó largos meses lejos de su familia. “Tuve que estar lejos de ellos y venir cada tres, cuatro meses… Eso fue lo principal”, contó
A eso se sumaron los problemas económicos: “Muchas veces me costó no tener ayuda de nadie”. Aun así, siguió adelante: “Con dedicación, esfuerzo y sacrificio logré este objetivo”. Para Chamorro, su graduación no se trata de un final, sino de un inicio: “Es uno de los primeros objetivos porque el camino no termina acá”.
Con la mirada puesta en su futuro inmediato y en el de su comunidad, Cirilo es claro al hablar de sus metas: “Primeramente, hacer algún proyecto y ayudar a mi comunidad, que siempre soñé. Poder ser un profesional y darle puestos de trabajo a mi gente”.
Con el tiempo, se imaginó acompañando a otros jóvenes en el mismo camino y desarrollando iniciativas que permitan a las comunidades acceder a mejores condiciones de vida a través del turismo comunitario. “Pienso en que en algún momento las comunidades puedan estar bien, por lo menos tener las necesidades básicas, eso es lo que sueño a futuro”, compartió.
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