El productor yerbatero y dirigente de Apóstoles, Luis Andruszyszyn, advirtió en diálogo con Radio Up que el sector atraviesa una de sus peores crisis de las últimas décadas. Con cheques impagos, chacras en venta, costos de producción disparados y un mercado totalmente desregulado, el dirigente fue tajante: “Esta situación no da para más”.
Desde su chacra, en el sur de Misiones, Andruszyszyn describió un escenario límite para pequeños y medianos productores de yerba mate y adelantó qu e la discusión ya no pasa solo por si habrá o no “zafriña”, sino por cómo inmovilizar la yerba para forzar a la industria y al Estado a dar respuestas concretas.

“Zafriña no”: por qué los productores dicen basta
La primera definición de Andruszyszyn fue clara: “Zafriña no”. No se trata, remarcó, de un capricho, sino de supervivencia económica.
Explicó que todavía hay “muchos cheques dando vuelta que no pagaron la de este año para atrás” y que, pese a que los secaderos e industrias siguen recibiendo hoja verde, en muchos casos no están cumpliendo con los pagos. “Realmente es una tomada de pelo de la parte de la industria o de los secaderos. No hay economía que se pueda sostener de esta manera”, cuestionó.
Los productores tienen la yerba depositada, pero no ven el dinero. Deben salarios, combustible, insumos y gastos familiares, mientras quienes elaboran y comercializan la yerba molida continúan vendiendo en góndola sin pagar al eslabón base de la cadena. “Queremos ver y presionar para que no hagan más de eso, estafar directamente a los productores. Se quedan con la yerba, comercializan la yerba canchada, molida, y nosotros quedamos sin pagar”, denunció.
En este contexto, entrar a una zafriña implicaría seguir cosechando sin saber si habrá pago y a qué valor, profundizando el endeudamiento: “No queremos entrar en ese círculo vicioso de deberle a Dios y medio mundo y alegremente salir a vender yerba y cada vez recibir más yerba. Paremos un poco, nivelemos bien las cosas, nivelemos las cuentas y después seguimos hacia adelante”.
Unidad forzada por la crisis
A diferencia de otros años, cuando las internas y diferencias dividieron a las bases, Andruszyszyn sostiene que hoy el panorama cambió: “Este año está bastante unificado, más que nada por una cuestión económica: no hay dinero. Cosechás, llevás al secadero y no te la van a pagar. ¿Para qué querés cosechar? ¿Para financiar la joda de los secaderos y de las industrias?”.
Esa sensación de estar sosteniendo con su trabajo las ganancias de unos pocos atraviesa a miles de productores pequeños y medianos, pero también a tareferos y trabajadores rurales que dependen de cada cosecha para subsistir. “A ver si se ponen las pilas los gobiernos tanto provincial como nacional y se ponen a solucionar esta situación, porque acá se tiran la pelotita uno a otro y nosotros y los tareferos estamos en el medio”, reclamó.
Según su lectura, desde Nación el apoyo se orienta a “las grandes corporaciones”, mientras unos 12.000 productores quedan fuera de la agenda: “No nos tienen en cuenta 12.500 productores que lo estamos pasando mal, sino cuatro, cinco industriales importantes. Es una joda, es una tomada de pelo desde el nivel nacional”.

Mercado liberado y decreto presidencial: “¿Para quién gobiernan?”
En este escenario, Andruszyszyn también cuestionó el decreto reciente con el que el presidente ratificó la liberación del mercado yerbatero, eliminando herramientas de regulación de precios. “El presidente acaba de firmar un nuevo decreto ratificando la liberación del mercado. Alegremente habla de que hay que nivelar, que tiene que ser un mercado libre, pero él no sabe realmente la situación de los productores. O está mal asesorado o está trabajando directamente para cuatro, cinco industriales”.
Para el dirigente, celebrar la baja del precio pagado al productor es, directamente, “malicioso”: “Alegrarse de que la yerba bajó para los productores es ser un poco necio y malicioso, de no comprender las cosas. Nosotros más que nunca necesitamos cosechar, pero necesitamos que nos paguen”.
Y graficó la situación con un ejemplo simple: “Es igual que usted trabaje todo el día y que no le paguen a fin de mes. Necesita pagar cuentas, ¿cómo hace?”.
Suben todos los costos, la yerba no
Uno de los puntos más críticos que describió Andruszyszyn tiene que ver con el costo de producción, arrastrado por el aumento del combustible y los insumos básicos de la chacra. “Antes, con 3 kilos de hoja verde se compraba 1 litro de gasoil. Con 3 kilos de hoja verde puesta en secadero, con todos los impuestos pagos, se compraba 1 litro de gasoil. Hoy necesitamos entre 10 y 12 kilos de hoja verde, si te pagan, para comprar 1 litro de gasoil”.
El salto es brutal y rompe cualquier ecuación económica: “Hay una desproporción de casi 900, 1000%. Es imposible de trabajar”.
A esto se suma el precio de la nafta, los aceites, repuestos, herbicidas, fertilizantes y todo lo necesario para sostener la producción: “Hoy nadie está fertilizando, nadie está haciendo las tareas culturales porque no tiene de dónde sacar. O tiene una pequeña reserva, pero no se quiere deshacer de eso porque sabe que se viene la catombe total”.
Para Andruszyszyn, la política del gobierno nacional apunta directamente a la desaparición de las economías regionales: “Este gobierno nacional está trabajando para directamente fundir a los pequeños y medianos productores. No hablo solo de los yerbateros, hablo de tealeros, tabacaleros, citricultores. En todo el país la situación está mal”.
Y agregó una preocupación de fondo: “Primero van a fundir a los pequeños agricultores y a las pequeñas empresas que hay acá y después, ¿qué nos depara? Depender de los mercados internacionales, de la fábrica china. Es una locura total”.

Chacras en venta y migración al pueblo
La crisis no se queda en los números ni en las planillas. Ya se traduce en decisiones irreversibles sobre la tierra y el arraigo. “Sí, sí, sí, se están vendiendo tierras o chacras. Acá en el sector de Las Tunas es increíble, en este último mes, la cantidad de chacras que se pusieron a la venta”, contó.
Describió el caso de productores que tenían 50 hectáreas y fueron vendiendo por partes para sostenerse, hasta quedar con una sola parcela… que ahora también están poniendo en venta: “Vende esa una para ir a ponerse una casita en el pueblo y vivir en el pueblo. Hay una migración increíble. Creo que va a ser peor que la del 2000. Todo el mundo está desesperado por vender cuanto antes”.
El valor de la tierra también se derrumba: “Antes la hectárea de tierra, dependiendo de lo que había plantado, valía entre 3000 y 5000 dólares. Hoy bajó a 2000, 2500, y están desesperados porque está bajando el valor de la tierra. Antes el ícono de los valores era la yerba, hoy no. Absolutamente no hay valor en la chacra”.
La falta de rentabilidad no es exclusiva de la yerba: Andruszyszyn mencionó que otras economías regionales, como la horticultura en el norte y en el sur del país, “están tirando producción” porque no pagan ni los costos de cosecha.
“No nos vamos a morir de hambre, pero sí de deudas”
En medio de la descripción crítica, el dirigente yerbatero hizo una aclaración que resume la paradoja del pequeño productor: “Muchos dicen: ‘el productor se va a morir de hambre’. No es así. El productor jamás se va a morir de hambre, creo que es el último que se puede morir de hambre. Tenemos algunas gallinas, algún cerdo, algún animalito para faenar, pero solamente para comer”.
El problema, insistió, son las obligaciones económicas: “Las obligaciones económicas nosotros no podemos afrontar. Cada día sube el combustible, 1600, 1700 pesos el litro de gasoil. ¿Quién puede llenar el tanque? ¿Quién puede ir a plantar algo o a limpiar con esos precios?”.
Lo que está en juego no es solo la subsistencia diaria, sino la posibilidad de seguir produciendo, invertir en la chacra, mantener máquinas y herramientas y sostener la vida en el campo.

Asambleas y medidas: inmovilizar la yerba, no cortar rutas
Consultado sobre las posibles medidas de fuerza, Andruszyszyn adelantó que el clima de época es de movilización, pero con otra modalidad: “Más que nada se va a inmovilizar todo lo que es yerba. Que se despreocupen los ciudadanos comunes de que haya un corte total de ruta. Este es un conflicto entre productores y se va a solucionar entre productores y los secaderos y las industrias”.
El dirigente consideró que los cortes totales de ruta generan rechazo social en un contexto donde “todos están en una situación muy precaria”. Por eso, el objetivo es apuntar directamente al corazón del negocio: el movimiento de yerba entre chacras, secaderos y molinos.
Fiestas tristes y carne prohibida: del campo a la mesa
Antes de despedirse, Andruszyszyn se permitió un ejemplo doméstico que pinta de cuerpo entero la distancia entre lo que se paga en origen y lo que paga el consumidor en la góndola o la carnicería. “Nosotros 3000, 3500 pesos nos pagan en pie de novillo. Y usted va al mercado: 15.000, 20.000 pesos el kilo de carne. Hay una desproporción”.
Esa brecha, dijo, se traduce en mesas vacías para las fiestas de fin de año: “Mucha gente estas fiestas la va a pasar mal, realmente con arrocito blanco, porque no van a poder comprar un pedacito de carne. Ya no pueden comprar puchero. Yo veo en las carnicerías lo que está pasando”.
Su conclusión fue tan cruda como el resto del diagnóstico: “Dicen que no hay pobres. Sí, de pobres pasamos a indigentes. Eso es lo que son”.

Un conflicto que se agrava y un límite que se acerca
“Anda todo mal y se agrava”, fue la sensación que dejó el productor de Apóstoles. Asegura que en los últimos años viajaron varias veces a Buenos Aires, hablaron con funcionarios, plantearon propuestas, pero no obtuvieron respuestas. “Hace dos años que estamos peleando. En mi caso, cinco veces fuimos a Buenos Aires y no tuvimos ninguna respuesta de Nación. Hacen caso omiso, no existimos para ellos. Si somos 12.000 productores…”.
Hoy, en las chacras del sur de Misiones, el malestar se mezcla con la incertidumbre. La consigna que empieza a ganar fuerza es clara: sin precio justo y sin pago asegurado, no habrá zafriña y se inmovilizará la yerba.
Mientras tanto, las chacras en venta, la migración al pueblo, los costos disparados y las fiestas con “arrocito blanco” son la cara más visible de una crisis que, como repitió Andruszyszyn, “ya no da para más”.
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