La psicóloga Angélica Salinas, titular del Colegio de Psicólogos de Misiones, explicó en Radio Up cómo la incertidumbre económica, el sobrepensamiento y la hiperalerta afectan la salud mental de los misioneros. Advirtió que la ansiedad crece tanto en jóvenes como en adultos, y que la crisis golpea también los vínculos familiares y de pareja.
Salinas, describió con claridad en el programa «Arriba la radio», por Radio Up, el vínculo entre la crisis económica y la salud mental. “Vivimos en un contexto de inestabilidad constante. La clase media y baja están en alerta permanente, pensando qué va a pasar mañana, si van a poder comprar lo mismo o pagar la nafta.”
Este estado de incertidumbre se traduce en un fenómeno creciente: el sobrepensamiento. “Estamos todo el tiempo recalculando, anticipando problemas. Ese estado continuo de alerta afecta el sistema nervioso y genera ansiedad crónica.”

Una sociedad hiperansiosa
Salinas aclaró que no solo los adolescentes padecen ansiedad. “Tendemos a decir que los jóvenes están más ansiosos, pero los adultos también lo están. Hoy trabajan más para cubrir lo básico, y eso reduce el tiempo de descanso, ocio o vínculo familiar.”
La psicóloga señaló que el estilo de vida acelerado y precarizado genera efectos similares a los de un peligro real. “Cada vez que suben los precios, el cerebro interpreta que hay una amenaza. Biológicamente, eso activa las alarmas del cuerpo como si hubiera un riesgo físico.”
Familias y parejas bajo presión
La tensión económica no solo impacta individualmente, sino que se traslada a los vínculos afectivos. “Cuando hablamos de crisis familiares, muchas veces se trata de crisis accidentales, no esperadas. El aumento del costo de vida puede desatar conflictos profundos.”
La especialista advirtió que algunas personas, ante la desesperación, pueden llegar a decisiones extremas. “Quien decide quitarse la vida, en la mayoría de los casos, no quiere morir. Lo que quiere es dejar de sufrir. La mente no encuentra otra salida al problema económico.”

El agotamiento emocional y la pérdida del disfrute
Para Salinas, la sobrecarga de preocupaciones provoca síntomas generalizados: insomnio, irritabilidad, aislamiento y desmotivación. “Nos acostumbramos a vivir preocupados. Estamos hiperconectados, pero emocionalmente agotados. Eso también se nota en las relaciones laborales y de pareja.”
La psicóloga insistió en que la salud mental debe dejar de ser secundaria en las políticas públicas. “Cuando el Estado no garantiza contención, la crisis se traslada a la sociedad. Las personas cargan solas con una angustia que debería ser acompañada.”
El desafío de reconstruir la calma
Salinas propuso recuperar hábitos básicos: descanso, diálogo y límites digitales. “Hay que aprender a apagar el pensamiento constante. Desconectarse del celular y reconectarse con el presente es una práctica terapéutica.”
La ansiedad, explicó, no se cura ignorándola, sino reconociéndola y pidiendo ayuda. “Buscar atención profesional no es signo de debilidad, sino de responsabilidad con uno mismo”, concluyó.



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