La industria textil argentina enfrenta su momento más crítico en años: en lo que va de 2025, el consumo de ropa importada superó ampliamente al de producción nacional. Solo en shoppings, tres de cada cuatro prendas provienen del exterior. A nivel general, el 67% de la ropa que se consume en el país ya es importada, marcando un récord histórico en participación.
Según un informe de la Fundación ProTejer, durante el primer trimestre del año las importaciones de ropa crecieron un 86% interanual en volumen, mientras que en el caso de los textiles para el hogar el salto fue del 109%. Se trata del mayor incremento registrado en la última década.
Una de las claves de esta expansión es el canal e-commerce: el ingreso de paquetes por courier aumentó tanto que los aeropuertos se vieron obligados a ampliar su infraestructura para poder procesar la demanda. La combinación de precios bajos, variedad y menos trabas aduaneras ha disparado las compras digitales.

El fenómeno no solo se traduce en un retroceso para la industria local, sino que también empieza a tener consecuencias en el empleo, la inversión tecnológica y la estabilidad de empresas del sector. En paralelo, mientras se duplican las cantidades importadas, los valores en dólares suben a un ritmo mucho menor. Esto alimenta sospechas sobre posibles maniobras de subfacturación, facilitadas por la eliminación de controles y valores de referencia en la Aduana.
Uno de los datos más elocuentes del informe es el precio promedio de los tejidos de punto importados: en el primer trimestre de 2025 fue 45% más bajo que el promedio registrado entre 2015 y 2024. Esta diferencia en los costos explica, en parte, por qué la industria nacional no logra competir.
El contexto genera una doble presión: por un lado, una política económica que favorece la apertura comercial; por otro, un mercado interno cada vez más volcado al consumo de productos baratos del exterior. La suma de estos factores profundiza la dependencia estructural del país y pone en riesgo el entramado productivo textil.

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Por qué estamos comprando remeras baratas a precio de país caro
Argentina está viviendo una película vieja, pero esta vez en calidad 4K: ropa barata, fábricas cerradas, y obreros en la calle. En el primer trimestre de 2025, el 75% de la ropa vendida en shoppings es importada. ¿Es una buena noticia? Para el que compra una remera a 6 mil pesos y se siente en Miami, puede que sí. Pero para el país productivo, el que paga sueldos, impuestos y tarifas, es un certificado de defunción.
Este fenómeno tiene nombre y apellido en la economía del desarrollo: Desindustrialización Prematura, teoría del turco Dani Rodrik. Explica qué pasa cuando un país empieza a desarmar su industria antes de consolidarla. Spoiler: termina más dependiente, más informal y más pobre. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo con la industria textil.

Nos saltamos el capítulo de la productividad.
La política económica actual abre la puerta grande a la importación: menos aranceles, menos controles, más courier. ¿Resultado? El mercado se inunda con productos extranjeros que llegan, literalmente, por avión. Literalmente. Los aeropuertos ampliaron su infraestructura para procesar paquetes de ropa.
Pero no termina ahí. Porque no solo entra más ropa: entra a precio regalado. Según la Fundación ProTejer, el precio FOB (valor en puerto de origen) de los tejidos de punto cayó 45% respecto del promedio de los últimos diez años. ¿Magia? No. Dumping. Competencia desleal o subfacturación (en términos economicos).
Cuando una remera china entra a 1 dólar, pero cuesta 10 producirla acá, no hay libre mercado: hay una competencia desbalanceada, favorecida por un Estado que levantó los peajes del proteccionismo sin poner freno de mano. Si a eso le sumás la eliminación de los valores criterio en la Aduana, el combo cierra: entra todo, con cualquier precio, y nadie pregunta demasiado.
Y entonces, el modelo se da vuelta: la fábrica nacional que tiene que pagar paritarias, luz a tarifa comercial, aportes y cumplimiento fiscal, no compite con otra empresa, compite con el Estado.



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