En una jornada marcada por uno de los bombardeos más cruentos del año en Kiev, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sorprendió con un pedido público al mandatario ruso, Vladímir Putin, para que detenga los ataques contra la capital ucraniana. El tono del mensaje fue interpretado como “inusual” por medios internacionales, dada la tensa ambigüedad que caracteriza la relación entre ambos líderes.

Durante la noche, más de 250 drones y misiles fueron lanzados sobre Kiev, dejando al menos 12 muertos y unos 70 heridos. Entre las armas utilizadas se identificó un misil balístico de fabricación norcoreana del tipo KN-23A, según fuentes militares ucranianas. En este sentido, el proyectil impactó en un edificio residencial en el distrito de Sviatoshynskyi, provocando una de las escenas más devastadoras desde el inicio del año.
Aunque el ejército ucraniano no precisó públicamente qué tipo de misil fue utilizado, en su informe oficial señaló que fueron disparados siete misiles balísticos, identificándolos genéricamente como Iskander-M/KN-23. Estas armas, según fuentes de inteligencia, habrían sido parte de un cargamento de 148 misiles balísticos suministrados por Corea del Norte a Rusia a comienzos de 2025, en una operación que violaría embargos internacionales.

En esta línea, Rusia aseguró que los blancos fueron “objetivos militares y adyacentes a ellos”, sin confirmar el uso de armamento de origen norcoreano. Tanto Moscú como Pyongyang han negado públicamente cualquier transferencia de armas que infrinja las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.
El pedido de Trump, breve y directo, llamó la atención por su tono enfático y poco habitual. En medio de un escenario internacional tenso, la reacción de Washington deja entrever un giro discursivo frente al avance de Moscú sobre territorio ucraniano, especialmente tras el uso de armamento extranjero con mayor poder destructivo.



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