Las calles de Turquía están en ebullición. Las manifestaciones contra el gobierno de Recep Tayyip Erdogan tomaron un nuevo impulso tras la detención de Ekrem İmamoğlu, intendente de Estambul y una de las figuras más importantes de la oposición.
En diálogo con “La Última Rosca” de Radio Up 95.5, el analista internacional Joaquín González explicó el trasfondo de la crisis: “Por primera vez hay un temor muy real y muy grande a perder el poder”.
Erdogan y su partido, el AKP, llevan gobernado Turquía desde 2002. Sin embargo, en los últimos años fueron perdiendo apoyo, especialmente en las ciudades más grandes. “Erdogan tenía una frase que era ‘quien gane Estambul, gana Turquía’, y en las últimas elecciones locales el AKP se llevó una paliza”, detalló González. Para el analista, el encarcelamiento de İmamoğlu responde a ese miedo a perder el control: “Se ha accionado así contra el candidato que más chances tiene de desterrar, después de veintipico de años de poder, al AKP”.
La represión contra la oposición no es un hecho aislado. “Erdogan controla hoy por hoy la vida política y elimina cada vez más flagrantemente cualquier tipo de oposición. Se van encarcelando también periodistas, se trató de bajar los servicios o las redes sociales como TikTok e Instagram”, explicó González. A su vez, destacó la contradicción que esto genera para el gobierno turco en el escenario internacional: “A la vez que trata de guardar todo esto, más autoritario queda enfrente del mundo”.
Las protestas han tomado un carácter masivo y no parecen detenerse. “Lo que no va a decrecer de ninguna manera, yo creo, es justamente las protestas y los sectores sociales que se incluyan en ellas”, afirmó el especialista. Además, hizo una diferenciación geográfica clave en la política turca: “Si uno ve las últimas votaciones en Turquía, toda la franja de las ciudades grandes ha votado al Partido Revolucionario del Pueblo, pero toda la parte del interior sigue siendo muy fuerte el AKP”.
Un gobierno que se aferra al poder
La clave para entender la permanencia de Erdogan en el poder radica en la reforma constitucional de 2017, que eliminó la figura del primer ministro y fortaleció la presidencia. “Erdogan interpretó de tal manera la Constitución que se permitió participar en un mandato más. En 2028 él no debería participar nuevamente, y sin embargo estamos esperando cuál será la nueva movida para hacerlo presentarse nuevamente”, explicó González.
El AKP llegó al poder tras años de desgaste del Partido Republicano del Pueblo, el mismo que había fundado Mustafa Kemal Atatürk. “En aquellos años ya había un desgaste del partido y de alguna manera había un despertar de valores más conservadores. Erdogan siempre ha dicho ‘no somos islamistas, somos un partido nacionalista turco’, pero en la práctica ha mezclado religión y política”, analizó el especialista.
Turquía fue sido históricamente un puente entre Europa y Asia, pero su relación con Occidente nunca ha sido fácil. “Turquía no forma parte de la Unión Europea y, sin embargo, es un país de 85 millones de habitantes que podría cumplir muchos de los capítulos que pide la UE para ingresar. Pero siempre ha habido un obstáculo para no dejarlo ingresar: la religión, sobre todo”, comentó González.
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La reacción internacional y el futuro del conflicto
A pesar de la gravedad de la situación, la comunidad internacional ha respondido con cautela. “Yo diría tibiamente, muy tibiamente. Turquía siempre ha sido un actor clave y en esto juega mucho el miedo de decir algo, sabiendo el papel que juega como tapón de muchos conflictos en Medio Oriente”, sostuvo González. En particular, mencionó el rol de Turquía en la crisis siria y en la represión del pueblo kurdo: “Los kurdos han sido los que han combatido por muchos años al Estado Islámico, pero han sufrido una gran represión por parte del gobierno de Erdogan”.
Para González, el destino de la crisis dependerá de la resistencia de la sociedad turca y de posibles fracturas dentro del poder. “Si tengo que pronosticar algo, a medida que más apriete el gobierno y trate de guardar estas voces, me parece que van a ser protestas que no van a decrecer, van a ir en aumento”, aseguró. También mencionó un posible escenario en el que el Ejército o ciertos sectores políticos puedan cambiar de lealtades: “Habría que ver qué papel juegan los actores clave. Eso va a ser determinante”.
El analista comparó la situación con otras crisis políticas en el mundo: “Como dijimos en algún momento en Venezuela, lo que importa es cómo cambian las lealtades de ciertos actores claves”. Pero subrayó que, a diferencia de otras protestas motivadas por cuestiones económicas o demandas puntuales, en Turquía el reclamo es más profundo: “Esto es más grande que un candidato preso. Lo que están diciendo gran parte de la ciudadanía es: ‘No queremos vivir en un régimen donde se nos dice a quién votar’. Queremos votar libremente”.
Ante la pregunta de si la represión podría escalar aún más, González no dudó en su respuesta: “Yo creo que sí. Sí. Yo creo que es muy posible”. Explicó que los regímenes autoritarios, cuando se sienten amenazados, suelen reaccionar con más violencia. “Cuando un régimen se vuelve autoritario, hay una persona que no quiere al menos jugar con otras reglas. Lo que se le está pidiendo a Erdogan no es que salga del poder, se le está pidiendo reglas de juego limpias”.
Para González, el futuro de Turquía está en una encrucijada. “Si la violencia aumenta de tal manera que el régimen corre riesgo, quizás haya una salida negociada”, aventuró. Sin embargo, advirtió que “generalmente, cuando sucede eso, han habido muchos muertos de por medio, lamentablemente”.



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