En tiempos en que muchos jóvenes abandonan la escuela o postergan sus estudios, la historia de Waldemar Smith emociona y enseña. Tiene 80 años, vive en Campo Grande y hoy se recibe de la secundaria en el Bachillerato con Orientación Polivalente (BOP) N° 11, en la modalidad nocturna. Lo hace después de una vida entera de trabajo, de haber superado dos cánceres, de forjarse como tornero, inventor de máquinas y dueño de una fábrica, pero sin haber tenido, hasta ahora, el título que siempre soñó.
Su historia salió a la luz en una entrevista con Radio Up, donde contaron su recorrido, hablaron docentes de la institución y quedó claro que su logro es mucho más que un diploma: es un mensaje directo para quienes creen que ya es tarde para estudiar.
Un sueño que nació en los años 60 y nunca se apagó
Waldemar recuerda con nitidez el origen de su deseo. Cuando terminó el sexto grado en los años 60, en la Escuela 304 Obregón, donde estaba internado en un colegio religioso, ya sabía que quería seguir.
“Siempre quise terminar el secundario”, contó al aire. En aquellos años vivía en un contexto muy distinto y se formaba en el colegio Concordia, de orientación religiosa. Sin embargo, las obligaciones y la necesidad de trabajar lo sacaron del camino educativo formal.
Mucho tiempo después, hace aproximadamente 15 años, intentó nuevamente volver a la escuela. Se había anotado en un plan educativo y estaba cerca de completar sus estudios, pero una serie de cambios de gobierno y decisiones administrativas dieron por tierra con la propuesta.
“Nos sacaron todos los libros, no pudimos terminar. De ahí tenía que trabajar otra vez y volví al trabajo otra vez”, recordó. Ese intento frustrado dejó una espina clavada, pero también reforzó la idea de que, si se daba una nueva oportunidad, la iba a aprovechar.
Del taller y los inventos a las aulas del BOP 11
Lejos de quedarse quieto, Waldemar se dedicó durante décadas al trabajo industrial.
“Soy tornero, tornero oficial”, explicó con orgullo. Sin demasiada matemática teórica, pero con mucha práctica y creatividad, construyó máquinas, desarrolló inventos y levantó una fábrica, que hoy continúa en manos de su hijo.
“Soy todo un ingeniero, pero de práctica”, dijo, describiendo ese saber construido desde el taller y no desde un pupitre. Allí, además de producir, aprendió a organizar, a tratar con personas y a manejar herramientas que iban desde el torno hasta la computadora. Sin embargo, la idea del secundario incompleto siempre lo acompañó. Y fue en Campo Grande, en el BOP 11, donde encontró el espacio y el equipo que transformaron ese deseo en realidad.
Le plantearon la posibilidad de cursar la terminalidad secundaria en menos tiempo:
“Me dijeron: ‘Allá podemos hacer el quinto año en tres años’. Me propuse y lo terminé”, resumió.

Volver a la escuela a los 80: humildad, adaptación y constancia
Regresar a un aula a los 80 años no es sólo una decisión académica, sino también emocional y social. Waldemar se encontró compartiendo clases con personas jóvenes que no habían terminado el secundario y tuvo que reacomodar su rol. “Tuve que bajar del pedestal de mi categoría como industrial. Era un simple alumno y me puse en ese lugar”, contó.
Esa frase sintetiza una de sus mayores fortalezas: la capacidad de adaptación. No se aferró a su trayectoria como empresario o a su experiencia como tornero, sino que eligió sentarse en un banco más, escuchar, aprender y rendir exámenes como todos.
Además, recordó que no era la primera vez que se veía obligado a reinventarse. En un momento de su vida tuvo que ir a Buenos Aires por problemas familiares y allí, pese a ser un profesional con oficio, trabajó como peón. “Me adapto a cualquier cosa”, explicó, vinculando esa experiencia con su disposición actual para enfrentar libros, tareas y clases.
El apoyo decisivo de la familia y de los docentes
La historia de Waldemar no se explica sin el acompañamiento de su entorno. Por un lado está su familia y, en especial, su esposa actual. Por otro, el equipo docente y directivo del BOP 11.
Waldemar atravesó momentos muy duros en el plano personal:
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Estuvo divorciado.
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Tuvo tres hijos con su primera esposa, que luego falleció.
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Más adelante formó una segunda pareja, con quien logró recomponer su vida.
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Enfrentó cinco años de cáncer, estuvo “muy mal” de salud, y luego fue diagnosticado con cáncer de próstata.
“La segunda esposa cambió mi vida totalmente, me levantó y me hizo mucho bien”, dijo, reconociendo el rol de esa compañera que estuvo a su lado en los tratamientos, en las recaídas y también en esta etapa de estudio.
Sobre la escuela, fue categórico: “Los profesores del colegio también me apoyaron. No me dejaron nunca solo. Una excelente persona sacaron. Parece que estoy privilegiado”, agradeció.
La mirada de la directora: orgullo y emoción en el BOP 11
En la entrevista con Radio Up también habló Irma Brizuela, directora del BOP 11, quien detalló cómo vivió la institución la llegada de un alumno de 80 años con ganas de terminar el secundario. “Fue un tremendo orgullo”, dijo al recordar el momento en que Waldemar se acercó. Contó que al principio él tenía miedo y poca fuerza de voluntad para arrancar, por lo que propuso una fórmula intermedia: “Nos propuso venir como oyente un tiempo para ambientarse y después empezar el cursado del quinto año”, relató. Esa estrategia fue aceptada por la escuela y se transformó en un puente clave para su adaptación.
Brizuela subrayó que, aunque el BOP 11 ya había tenido antes estudiantes adultos de 40, 50 y hasta 60 años, nunca habían tenido un alumno de 80. Esa particularidad implicó un desafío extra para los docentes, pero no una barrera. “Los profesores lo acompañaron, insistieron en que continúe. A veces no es fácil, cuesta, pero con la ayuda de su familia y la nuestra, gracias a Dios hoy se recibe”, destacó.
La directora lo definió como una persona muy sociable, con mucho conocimiento práctico y de lectura, que no sólo se integró al grupo sino que además ayudó a sus compañeros en varias materias.
El día a día del estudio: atención en clase y psicología como favorita
Lejos de describir una rutina agotadora, Waldemar explicó que organizó el estudio de manera simple y eficiente. “Prácticamente muy poco. Yo hacía a la tarde un ratito las tareas para cumplir con todo, pero realmente muy poco. Lo que yo presto mucha atención es en la escuela”, detalló.
Su “secreto” fue justamente ese: estar presente, escuchar, participar y aprovechar al máximo las horas de clase.
Cuando le preguntaron qué materia le había gustado más durante la secundaria, sorprendió:
No eligió matemática ni una materia técnica, sino psicología. “Porque soy medio psicólogo ya, porque trabajé con mucha gente. Entonces aprendí una psicología de práctica”, explicó, vinculando su experiencia laboral y de vida con los contenidos que estudió en el aula.
La celebración: despedida, acto y un ejemplo que no pasa desapercibido
El cierre de esta etapa viene con dos momentos importantes. Por un lado, la despedida que el BOP 11 organiza cada año para los egresados del secundario diurno y nocturno.
En el caso de los estudiantes del turno noche, como Waldemar, se realiza una cena de despedida en la que participan alumnos y docentes. La directora explicó que es una tradición de la escuela rendir homenaje a quienes logran la terminalidad educativa.
Por otro lado, está el acto formal de entrega de diplomas, que se llevará a cabo el 11 del mes próximo. Ese día, Waldemar recibirá oficialmente su título secundario, el mismo que soñó desde los años 60.
Brizuela remarcó: “Es loable destacar esta terminalidad de este señor y que no quede en el olvido. También es una motivación para los demás estudiantes. Estamos todos emocionados”, dijo.
Un mensaje sin vueltas a quienes no quieren estudiar
Más allá de su historia personal, Waldemar quiso dejar un mensaje directo a la “gurisada” que hoy decide no estudiar o abandona la escuela. Y lo hizo con la sinceridad de quien habla desde la experiencia. “Que no sean tontos, perdoná la expresión. Porque si no estudian, es muy difícil”, advirtió.
Recordó que él logró construir una empresa y trabajar toda la vida “prácticamente sin estudio”, pero reconoció que hoy el escenario es otro: “Más hoy, la tecnología es muy avanzada. Hay que aprender muchísimo para poder manejarte, es muy distinto hoy en día”, insistió.
También habló a los adultos que tienen pendiente terminar la secundaria o empezar una carrera: “Le estoy animando a mis colegas de la clase que no dejen, que aprovechen este tiempo que son jóvenes. Yo tengo 80 años y lo estoy haciendo ahora. A veces es sacrificado, uno ya no tiene la misma fuerza ni las mismas ganas, a veces estás cansado. Pero me siento bien y estoy muy realizado”, afirmó.

Después del título, computación: el próximo objetivo
Aunque muchos podrían pensar que con el título secundario alcanza, para Waldemar este logro es apenas una etapa más.
Confesó que su gran impulso para estudiar fue la intención de hacer teología, una carrera que lo atrae desde hace tiempo:
“Yo quería hacer teología, pero lleva siete años. Voy a tener mucha edad. Por ahí lo hago todavía, pero voy a hacer por extensión”, comentó entre risas.
Mientras tanto, ya tiene decidido otro paso: “Quiero seguir computación”, dijo con entusiasmo.
La tecnología no le es ajena. Durante años, en su taller, manejó una computadora para el banco, las cuentas y la administración de la empresa. Pero siente que el mundo digital avanzó a una velocidad impresionante: “Hoy está muy adelantado, parece que la computadora está quedando vieja ya. La ciencia avanzó demasiado. Estoy viendo a mi hijo, es impresionante las cosas que hay hoy en día”, reconoció.
Su idea es buscar algún profesor particular o curso en la zona de Campo Grande para “manejar un poquito mejor la computadora” y no quedarse atrás frente a los nuevos programas y herramientas.
Una historia que inspira: los sueños no tienen fecha de vencimiento
La vida de Waldemar Smith condensa muchas historias en una sola: la del niño de los años 60 que no pudo seguir estudiando; la del obrero y empresario que se hizo a fuerza de oficio; la del padre que atravesó duelos; la del hombre que venció dos cánceres; y la del alumno de 80 años que se sienta en un banco de la escuela nocturna, presta atención en clase, rinde exámenes y se emociona con su diploma.
Hoy, mientras el BOP 11 de Campo Grande lo despide con una cena y se prepara para entregarle oficialmente su título, su nombre recorre la comunidad como un ejemplo concreto de que nunca es tarde para estudiar, que la educación transforma en cualquier etapa de la vida y que los sueños, cuando se sostienen en el tiempo, no tienen fecha de vencimiento.
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— Radio Up 95.5 (@radioup955) November 27, 2025



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